Sábado 20 de Diciembre de 2014
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Viernes 07 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

La tradición oral ha traspasado el filtro de la historia

Suministrada   /VANGUARDIA LIBERAL
(Foto: Suministrada /VANGUARDIA LIBERAL)
Con la sencillez propia de un hombre formado entre campesinos, Raymundo Zambrano nos acompañó a Vanguardia Liberal en el Teatro Corfescu, de pasillo en pasillo, para describir la gama de principios, sociológicos y naturales, que fundamentan su vida dedicada al oficio de la cuentería.

Actor desde hace veintisiete años, el ecuatoriano Raymundo Zambrano es miembro fundador de ‘La Trinchera’ y fundador de ‘Palosanto’ (grupos de teatro de la ciudad de Manta). Ha actuado como invitado en  los grupos de teatro ‘Malayerba’ de Quito y ‘Sarao’ de Guayaquil. Ha participado en varias series de televisión y películas nacionales. Es pionero de la narración oral escénica en Ecuador y creador de los festivales de tradición oral Manabita desde hace dieciocho años.

Preguntas y respuestas

¿Dónde está la raíz de sus cuentos? “Para mí es un referente muy cercano porque soy un producto directo de la tradición oral. Mi papá, que en julio cumplió ochenta años, me contaba cuentos siempre, pero no como hacen en la ciudad, cuentos para hacer dormir; él me contaba cuentos para hacernos despertar. A él le contaba su abuelo, y así. En la familia siempre ha habido alguien que cuenta. Yo viví hasta los siete años en el campo, sin electricidad, sin televisión, y ni falta que hacía; pero en cambio, la radio sí, con pilas, que en el campo nunca falta. Los cuentos estaban presentes, y en la casa de mi abuelo paterno, con quien tenemos el mismo nombre, había dos libros, la Biblia y Las mil noches y una noche: ¡imagínese, con esos libros, pa’ qué más! Crecí oyendo cuentos en las noches, desgranando maní o desgranando maíz, con una lámpara de queroseno en el centro, y la gente contando cuentos alrededor, haciendo juegos de rueda, versos, refranes y leyendas. La tradición oral me encanta porque ha traspasado el filtro de la historia, porque es irreverente, porque es alegre; en los cuentos de la tradición oral baja la Virgen Santísima, taita Dios, los reyes son bobos, cualquiera se casa con una “príncipa”. Para nosotros, la tradición oral tiene todo un universo, que ahora lo da la imagen, pero antes tenía uno que creárselo en la mente; para mí, el mundo terminaba en las montañas que alcanzaba a ver, y conocer el mar, por ejemplo, me causó una impresión enorme. El mundo era bastante distinto hace cuarenta años, y los libros nos daban muchas alternativas, y todo estaba por descubrirse; por ejemplo, para mí los ascensores eran máquinas que devoraban gente. En cambio, los niños nacen ahora con un “chip” que les da toda la información”.
Latinoamérica es un territorio de cultura oral; ¿considera usted que es contraproducente este hecho frente al desarrollo que puedan vivir otras naciones? “Absolutamente no. Más de cuatro millones de personas en nuestro continente aprenden, más de lo que leen, de lo que oyen de nuestra tradición oral. El desarrollo no está en la tecnología, sino en la sensibilidad; lo único que puede cambiar al ser humano es la cultura. Un viejo reflexionaba hace poco, y decía que ahora la ciencia permite que vivamos más, pero cuando un viejo se jubila, no sabe qué hacer con esos años, si para los demás somos un estorbo. Yo creo que cuando se rompe un ciclo natural, se trastoca todo; lo que pasa es que el hombre aprendió a vivir sobre la naturaleza, y muchas filosofías dicen que el hombre es la máxima expresión de la naturaleza, y por eso la hemos hecho mierda, pero no vivimos como parte de ella. Aprender todo lo que sabe la gente, de oído, dentro de las cosas sencillas, como los buenos platos, con dos o tres ingredientes, nada más, es más beneficioso; el futuro robotizado me produce pánico. Es una desventaja no leer y escribir, pero debe hacerse desarrollo de la manera correcta; no debe dañarse un manglar para montar una camaronera, por ejemplo”.
¿Qué tal el Festival? “Es la cuarta vez que vengo a Abrapalabra; no me gusta categorizar, pero considero que es el festival más importante del mundo de la cuentería, por su propuesta, por la identidad que tiene, por el respeto a la palabra, por el respeto a la cultura, por el respeto al contador de cuentos. Me siento muy bien, como si estuviera de vacaciones. Me encuentro con mis amigos, con gente grande, con otras culturas, con quienes vienen por primera vez, y hablar el mismo idioma, el idioma de la palabra, de los cuentos, es fascinante. Hay una solidaridad grande; nos cuidamos entre todos. Uno viene a encontrarse con la gente y a reencontrarse consigo mismo; la gente de Bucaramanga es muy cálida, y ha afinado muy bien el oído para la palabra, así que uno no puede venir a otra cosa que a contar bien”.

Publicada por
PUNO ARDILA AMAYA
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