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Domingo 06 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

¿Me aguantarías para toda la vida?

Cada quien se establece sus límites y su grado de tolerancia para aceptar a su pareja con sus defectos. Un gran error es idealizar a su compañero o compañera y creer que será esa dulce persona que conoció en el noviazgo. No puede obviar la realidad ni vendarse los ojos.

Si en estos momentos su pareja le preguntara con toda la seriedad del mundo “¿me aguantarías para toda la vida? qué respondería.
Desde la etapa del noviazgo usted debe aprovechar ese tiempo para evaluar los defectos y no solo las cualidades de su pareja. De no hacerlo el golpe puede ser fuerte durante la convivencia y por supuesto, puede terminar mandando su matrimonio a la caneca de basura.
Y no es para menos, pues hay personas que se enceguecen y creen que tienen ante sus ojos a un ángel caído del cielo o a una persona sobrenatural, cuando lo que deben es ser conscientes de que están frente a un ser humano que como cualquiera tiene defectos y tiende a errar.
Es importante que usted sea capaz de dejar a un lado ese amor ciego para que con toda la racionalidad que se requiere reconozca los comportamientos que le chocan de su pareja y si es así, entre a evaluar en qué punto está su grado de tolerancia.
Si la aguja de la tolerancia marca la línea roja y cree que no puede ser capaz de aceptar el mal genio o la irritabilidad, el carácter fuerte de su pareja, o sus pocas ganas de salir a rumbear, su falta de iniciativa, lo mejor es que deseche la posibilidad de una relación más formal.
De detectarlos, el primer paso es que trabajen los dos por solucionar ese percance y se adquieran compromisos desde el noviazgo. Recuerde que todo cambio requiere del grado de aceptación de quien tiene el defecto.
Pero si en ese tiempo no mejoran las cosas, pocas probabilidades habrá de que usted le diga a su pareja: “sí te aceptaré y te aguantaré para toda la vida”.
Conozca la posición de los expertos y láncese a una relación en la que el compromiso y la firmeza en su decisión sean sólidos. De no ser así, cualquier ventarrón acabará con el amor.

Preguntas y respuestas

Olga Susana Otero
Psicóloga Terapeuta de Pareja y Familia
¿Qué debe tener claro cada uno de los integrantes de un matrimonio, o incluso desde el mismo noviazgo, para que su relación perdure?
Que el noviazgo y muchos años de relación son para conocerse, lo bueno y lo no tan bueno, lo sano y lo insano de cada uno. Durante el noviazgo se ve lo bueno y se idealiza al otro y lo no tan bueno del otro o malo se hace fantasía, se imagina, se planea que lo cambiaremos con amor.
Las parejas no son las terapeutas de sus esposos o esposas, son solo sus amados o amadas, se cambia si se decide cambiar solamente.
¿Qué decir de las personas que se quedan en el camino, que no soportan una primera caída y que se quedan sin ganas de luchar por la relación, viendo como única alternativa el divorcio? No soportan que el otro que escogieron sea imperfecto, es común que esas personas se sientan mal por escoger imperfección, siendo ellas consideradas tan perfectas.
Es falta de realidad humana, es negación de la parte humana del otro. Es común que se hagan acuerdos de pareja no tan sanos y esos nos evidencien después del matrimonio unas dificultades cotidianas.
Por ejemplo, puedo acordar que aguantaré las rabietas y lo calmaré y lo consentiré como un bebé, pero a la larga en la cotidianeidad no ser pares o iguales lleva a que se familiarice el vínculo.

Ana Tulia Montañez
Psicóloga clínica especialista en Terapia de Pareja
¿Qué debe tener claro cada uno de los integrantes de un matrimonio, o incluso desde el mismo noviazgo, para que su re-lación perdure?
Lo que observamos al analizar el tema de las relaciones matrimoniales, es que a través del tiempo se han ido generando cambios en la forma de concebir el matrimonio o las relaciones de pareja estables. Anteriormente se tenía la idea de que teníamos que encontrar a “nuestra media naranja”, para ser felices para toda la vida (como terminan  los cuentos de hadas). Esto generaba un tipo de relación dependiente, donde cada miembro de la pareja, especialmente la mujer, perdía su individualidad en pro de conseguir estar completa con su príncipe azul.
Esta creencia no permitía, una vez pasaba la etapa de “idealización”, aceptar que faltaba “algo más” para ser verdaderamente felices y así se cumplía con la expectativa del matrimonio para toda la vida.
Con el tiempo, especialmente las mujeres, se empezaron a interesar en su “desarrollo personal”, encontrando que necesitaban sus propios espacios, diferentes al de ser esposa, madre, ama de casa. Y poco a poco lo fueron logrando, demostrando que se podía convivir en pareja y compartir  sin perder individualidad.  
Este cambio de mentalidad generó igualmente cambios y ajustes en la antigua idea de relación de pareja y matrimonio. Como en todo proceso, se dan todas las posibilidades: Que el compañero hombre acepte esta nueva posición de su compañera y la apoye, o que se niegue al cambio.
Lo que se puede observar en la consulta con personas solteras es que ambos sexos expresan que buscan una pareja (hombre o mujer), que sea independiente, trabajadora, alegre, cariñosa y que sea un apoyo para cumplir muchos objetivos.
¿Qué decir de las personas que se quedan en el camino, que no soportan una primera caída y que se quedan sin ganas de luchar por la relación, viendo como única alternativa el divorcio?
Hay que destacar un concepto muy importante y es que la relación de pareja se construye en el día a día. Esto es lo que hace que una relación de pareja perdure en el tiempo y logre sortear los desacuerdos que surgen en toda convivencia.
Cuando se cree que con el solo hecho de casarse por estar muy enamorados, es suficiente, es cuando ante las dificultades normales que surgen en la convivencia, se les acaba ese amor y piensan como única alternativa el divorcio.
¿Es cuestión de tener un alto grado de tolerancia, un gran amor o qué se requiere para que los dos se “aguanten” en el buen sentido de la palabra para toda la vida?
Dentro del proceso de construir, la tolerancia, el manejo adecuado de las emociones y sentimientos, juega un papel importante, como en cualquier tipo de relación interpersonal.

¿Cómo construir ese “aguante”?
Si usted quiere, desea y sueña estar con su actual pareja para toda la vida, lo mejor es que trabaje para que ese “aguante” resulte más que un sacrificio, un trabajo consciente respecto a la forma como ve los defectos del otro y la forma como puede tolerarlos. Las psicólogas consultadas dan algunas pautas:
1Acepte que el otro es diferente, que su comportamiento tiene que ver con su historia de vida, sus sufrimientos y problemas del alma, que es ajeno a nuestra posición. Es saber que piensa diferente y hace las cosas de manera diferente.
2La palabra “aguantar” tiene implícita una idea de sufrimiento. Por eso aguantar es mejor entenderla como aceptar al otro con lo no tan bueno, o sea con sus humanidades o limitaciones humanas.
3Comunique lo que siente, en vez de callarlo. Si se calla se sentirá incómodo y en desventaja. Así nacerá la rabia y a veces el odio y el resentimiento. Hable sobre lo que pasa y revise la interpretación del comportamiento del otro.

¿Qué cosas no son aguantables en una relación?
• El irrespeto
• El maltrato físico y psicológico
• La violación
• Sentir que una relación afectiva impide el desarrollo personal.
• No se puede negociar nada que vaya contra la integridad y el respeto hacia la persona como la agresividad, el alcoholismo, la infidelidad.

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