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Miércoles 15 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Demasiado empalagosa

Existen personas que se exceden en su amabilidad. Son extremadamente cordiales o dulces, lo cual lleva a muchas personas a desconfiar. Otras sencillamente se empalagan y necesitan agua para pasarlas, pues no soportan tanta dulzura.

No hay nada más incómodo y fastidioso que ver a dos personas casi que en trasfusión de saliva en un espacio público.
Peor si va en un servicio de transporte o si le queda justo al lado de su silla en el cine y se dan besos extremadamente apasionados.
Igual de incómodo resultan esas frases empalagosas de amor a grito entero y las fastidiosas voces de bebé mientras se hablan: “bebé lindo”, “gordito hermoso”, “osito mío”.
Por favor, en privado resultarían mejor, pues nadie quiere saber que su pareja le dice “conejito” o cualquier otro diminutivo.
Hasta ahí, puede que todos estemos de acuerdo.
Pero qué pasa cuando es una persona dulce en todos los aspectos, cuando su tono de voz incluso es fastidioso, cuando vive endulzando a todos, usando frases tiernas, exagerando en sus manifestaciones de afecto.
No es que los demás sean personas amargadas, que vivan fastidiados porque otros son tiernos y viven aparentemente felices como si por sus venas corriera miel; lo que sucede es que todos los extremos son negativos.
Seguro después de que alguien le habla así o le habla a los que tiene al lado de esa forma, como si fuera un Hello Kitty ambulante, se desespere y quiera salir corriendo detrás de un vaso de agua, para no entrar en un ‘coma diabético’ ante tanto dulce.

Los demasiado ‘agrios’
Así como hay dulces, también hay agrios. Esos que con nada se ríen y que parece que lanzaran tres piedras en la mano cada vez que se les pregunta algo en particular.
“Relacionarse con una persona agria es igual de fastidioso que con una persona empalagosa. Definitivamente, la persona agria posee dificultad para expresar  sus emociones y se manifiesta con un temperamento fuerte, usa palabras cortas y tajantes, pues son su mecanismo de defensa.
Así que la invitación es a pensar por un instante cómo le gustaría que lo trataran.
“La reflexión es para ponernos en los zapatos del otro y empezar a  relacionarnos de la mejor manera posible, sin ofender, sin lastimar, sin esforzarnos demasiado; solamente dándole prioridad a la importancia de ser humanos y dándonos la oportunidad de razonar en nuestras debilidades para transformarlas en fortalezas”, concluyó la psicóloga Yolanda Hernández.

Preguntas y respuestas

Yolanda Hernández
Psicóloga
¿Por qué hay personas extremadamente dulces con todo el mundo?
Existen personas que en su interior desean ser aceptadas por todos los seres que le rodean y regalan dulzura por doquier. Dichas manifestaciones generan efecto contrario al deseado. Se debe partir de la existencia variada de personalidades que se encuentran en la vida; por lo tanto, no hay que hacer demasiado esfuerzo para caerle bien a alguien, sencillamente mostrarse tal y como es, con cualidades y defectos; obviamente tratando de corregir los puntos negativos, como parte del crecimiento personal.
¿Por qué puede chocar tanta dulzura en determinados grupos y espacios? Generalmente la dulzura que choca es la que empalaga; es decir, a toda hora la persona manifiesta palabras cariñosas, es súper detallista, al punto que la persona que recibe el mensaje se abochorna; por eso hay que tener en cuenta que las cosas en exceso causan malestar.  Igualmente, debemos recordar que hay momentos y espacios apropiados para ser dulce o agradable sin exagerar.
¿Cuál debe ser el punto de equilibrio? El punto de equilibrio es entender que no debemos esforzarnos para caerle bien a alguien; todos los seres humanos tenemos defectos, pero el cuento radica en “esforzarnos para mejorar por nosotros mismos”. En la medida en que me conozco y me acepto como soy, tengo facultad para reconocer al otro. Con el autoconocimiento y el fortalecimiento de valores se contribuye al crecimiento y desarrollo personal, evitando caer en extremos que pueden chocar en las relaciones interpersonales.

Tenga en cuenta que…
Es bueno ser una persona agradable, dulce, pero sin ser empalagosa, porque genera  fastidio en un grupo social.
La dulzura, la ternura, la comprensión, hacen parte de las buenas relaciones sociales; hay personas que son más agradables que otras; ello no implica que se esfuerce para demostrar más de lo que tiene en su interior.

Señales de falsedad
Hay personas que acuden a la estrategia de ser extremadamente amables para ‘ganarse’ a todos, para reunir información, para lograr una posición alta en un trabajo, para tener al jefe en el bolsillo, para que los compañeros de trabajo lo lleven “en coche”.
Entonces ¿cómo saber que es una simple fachada y que detrás de este comportamiento hay un evidente interés?
La psicóloga Yolanda Hernández indicó que “si la persona no es sincera se nota inmediatamente por su tono de voz y la forma repetitiva  en que lanza palabras cariñosas. Generalmente además de pretender caer bien al otro busca obtener un beneficio. Son personas calculadoras, con tendencia  a intervenir en temas que no son de su incumbencia”.

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