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Viernes 27 de Abril de 2012 - 12:01 AM

Dizque bravas las santandereanas…

Unos dicen que sí, otros que no. Lo cierto es que existe una historia que les ha dejado muchos estigmas a las mujeres de Santander.

Muchas son las etiquetas que le han puesto a la mujer santandereana: “Que hablan ‘golpiado’, que gritan, que manotean todo el tiempo, y además, que no son capaces de disimular el mal genio”.
Claro que también se afirma “que son muy buenas madres”, y que son ‘madres’ con quienes las saben llevar, que son muy buenas amigas, buenas esposas, y aún no hay estudios ni investigaciones que hablen de si son o no buenas ‘amantes’, pero sí se asegura que son muy buenas compañeras.
Compañeras de esas a las que se les pueden confiar secretos, que suelen estar en las buenas y en las malas, que de verdad acogen y ayudan cuando es necesario, que están ahí cuando están enfermos, tristes y, por supuesto, cuando están alegres.
Así son las santandereanas: responsables, aguerridas, luchadoras, echadas pa’lante, frenteras, juguetonas, tiernas y también, si quieren, pueden llamarlas ‘bravas’.
Bravas para trabajar, sacar adelante a sus hijos y empiezan también a ser bravas para exigir y hacer respetar sus derechos.
Otros conocedores del tema aseguran que por la historia al lado de los hombres santandereanos catalogados como los “más machistas del país”, ellas  son sumisas, tal vez sometidas o subyugadas.
Virginia Gutiérrez de Pineda, antropóloga y reconocida investigadora de la cultura y la familia en Colombia, nacida en Socorro (Santander), en su libro ‘Honor, Familia y sociedad’, circunscribió el trabajo de la mujer al hogar y la defensa de la familia, eso sí, sin dejar de lado que las mujeres santandereanas eran muy conscientes de que su estatus subordinado era resultado mayoritario de la dependencia económica del esposo.
Por esa misma razón es que las santandereanas han llevado el trabajo remunerado a la casa, han creado empresas en su propio hogar, como una forma de demostrar que además de buenas madres y esposas, pueden aportar a la economía del hogar, sin hacer sentir mal a sus hombres.
Muchas santandereanas a fuerza de trabajo, esfuerzo, voluntad y ganas, han demostrado que son capaces de sacar adelante cualquier empresa que le pongan al frente, llámese familia o trabajo, y sobre todo, han demostrado que son unas ‘bravas’ y valientes  para lo que les encomienden.
Y esto no son solo palabras, la historia se ha encargado de demostrar su empuje.
Tan solo en 2011 se crearon 10 mil empresas en Bucaramanga, de las cuales el 50% fueron creadas por mujeres, esto según datos entregados por Pedro Olaya, director Nacional de Mujeres Ecco de la Cámara de Comercio de Bucaramanga y el Banco Interamericano de Desarrollo, BID.
Así mismo, el informe GEM realizado por un consorcio internacional para monitorear la actividad de creación de empresas en el país, dio cuenta de que entre 2010 y 2011 en Bucaramanga el 17.4% de hombres y la misma proporción en mujeres, estaban involucrados en la puesta en marcha de un negocio.
Una conclusión de este informe es que Bucaramanga muestra igualdad de género en el proceso de creación de empresas, “al presentar una relación de uno, mientras que para Colombia esta relación es de 1.25 hombres por cada mujer”.
Otra historia es que de estas empresas las que más perduran son las creadas por hombres. Sin embargo, las mujeres siguen en su lucha de demostrar cuan capaces son.

No hacen quedar mal
Aunque ellas hacen bien su trabajo, sigue quedando en el ambiente que eso en gran parte es debido al hombre que tienen a su lado. Esa estela de dependencia que arrastran a través de la historia, hace parte de su cultura, de su idiosincrasia.
“Muchas mujeres santandereanas se pueden catalogar como unas súpermujeres, trabajan fuerte fuera de su hogar para llevar dinero a casa y asumen sin exigir equidad todos los oficios domésticos, con la aceptación y la sumisión que da la creencia de que estos oficios son de mujeres”. De pronto son cantaletosas con sus hijos y sus maridos, pero nunca los hacen quedar mal, ellas se ocultan para que ellos sobresalgan, es la apreciación de Isabel Ortiz, psicopedagoga y ex directora de la Fundación Mujer y Futuro.
“No estoy de acuerdo en decir que son ‘bravas’, esto es un estereotipo para referir que son bravas para trabajar, bravas para educar y estrictas con sus responsabilidades. Esas son las mujeres santandereanas”, acota esta especialista en temas de equidad de género.

LA VOZ DEL EXPERTO

Paloma Bahamón
Socióloga
“Nuestro país es de regiones, por ende diverso culturalmente. En una reunión de mujeres colombianas, quien sea costeña se destacará, quien sea paisa se notará, quien sea nariñense (o como se dice comúnmente, pastusa) igual, porque los rasgos idiosincráticos se evidencian.
En ese sentido, no sólo las santandereanas sino todas evidenciamos la región. En el asunto de la construcción identitaria prevalece mucho el estereotipo y ese puede ser un cómo, y a veces hasta peligroso lugar común.
Un estereotipo es un imaginario construido colectivamente y trasmitido generacionalmente o por razones de hegemonías ideológicas: de este modo, la percepción que tenemos sobre el otro y sobre nosotros mismos, más que analizarse desde la práctica cotidiana, se adapta a esquemas previos culturales. Crecemos escuchando que las santandereanas somos ‘bravas’, las costeñas ‘alegres’, las caleñas ‘sensuales’, las bogotanas ‘hipócritas’, e inconscientemente nos programamos para amoldarnos a ese comportamiento, a ese esquema imaginado o para identificarlo en el otro (usted es como ingenua ¿no? ¡con razón! es pastusa)
Ahora bien, como conglomerado idiosincrático queremos configurarnos frente al otro de determinada manera y en el caso santandereano, se nos ha transmitido generacionalmente un orgullo por ser ‘arrechos’ (en el sentido santandereano de la palabra) y tendemos a comportarnos así, pero es peligroso que lo asumamos como un comportamiento generalizado y que eso nos lleve a justificar actitudes violentas y hasta delincuenciales y aún más, a validar que estas son inmodificables (maltrato a mis hijos o a mi marido porque soy del Socorro, por ejemplo).
La identidad no es un bloque de cemento inamovible. Como dice el filósofo indio Arjun Appadurai, la identidad es más un asunto de moving roots (raíces en movimiento), es dinámico y por ende moldeable para una mejor o peor convivencia.

Lizardo Flórez Medina “Chalo”.
Sociólogo, docente
y maestro en artes escénicas.
“Las santandereanas en general han participado en la historia, desde las revoluciones independentistas del país y en diferentes épocas, como espías, reclutadoras o colaboradoras. Las mujeres santandereanas son quizá valientes, tal vez visionarias, siempre impertinentes, y siempre heroicas; es por ello quizá que históricamente aparecen generalmente retratadas como madres de guerreros, mártires o auxiliadoras de la causas guerreristas: preparan comida de tropas, remiendan pantalones rotos, cuidan de la casa mientras “ellos” defienden a la patria. A veces son mencionadas en algunos relatos como amantes, madres, hermanas, esposas o protectoras de insurrectos.
Antonia Santos, Manuela Beltrán, Mercedes Ábrego, Águeda Gallardo, entre otras, fueron fundamentales en las luchas independentistas, ayudando a la causa patriota desempeñándose como colaboradoras, espías, divulgadoras de las ideas, reclutadoras o costureras de las tropas, siendo siempre protagonistas.
Es decir, este legado histórico ha marcado e influenciado la mentalidad nacional de que las santandereanas son verracas, es decir, una mujer destacada, sobresaliente, talentosa, valiente, o echada pa’lante. La palabra derivada, verraca, tiene generalmente una connotación positiva: cualidad de valiente. Y se escribe tanto con v como con b.
Las mujeres santandereanas a través de la historia, nos han legado un sentimiento, un pensamiento, una forma de ser, percibir y ser percibidas en el país. Son fundadoras de una identidad marcada o entroncada por diversos valores como: la honestidad, la lealtad, el respeto, la responsabilidad, la solidaridad, la perseverancia, la resilencia, además de la fuerza, el temperamento y el carácter.
Nuestras mujeres santandereanas son féminas ludens, féminas trabajadoras, féminas exitosas que compiten en nuestros tiempos de a tú a tú con el hombre, en todos los campos profesionales y en todos los aspectos de la vida: crianza, manutención, educación, salud, vivienda, economía, política, deporte, arte y cultura en general. Recias y reacias, las santandereanas son a su vez maternales, “cabeza de familia”, machistas en muchos sentidos, sensibles a múltiples problemáticas tanto históricas como contemporáneas.
En el argot popular nacional se tiene el imaginario de que las santandereanas son difíciles, complicadas, peleadoras, frenteras; pero la mujer en general y la santandereana en particular, encierra todo un legado histórico: su feminidad, su amor filial, su maternidad, su belleza natural, su delicadeza, su inteligencia, que son cualidades o atributos muy diferentes al carácter. La mujer santandereana es parte de una herencia compartida en el cruce de las culturas asentadas desde la época de los guanes, pasando por la conquista española, la herencia negra, alemana, árabe, judía, en este cruce de que nos da una cultura híbrida, muy particular.

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