Parecen sacadas del estadio, pero precisamente porque la mentira es tan evidente, que la persona que la escucha no sabe ni qué cara poner. Seguro alguna vez le habrán dado una de esas excusas que bien merecen batir un récord olímpico.

Publicado por: PAOLA BERNAL LEÓN
“Se me descargó el celular”, “me quedé sin minutos y no pude llamar”, “es que mi gato se enfermó” y muchas otras, pueden ser frases olímpicas cuando alguien quiso evadir su cita, su compromiso, su llamada. Y es ahí cuando usted se pregunta si la falta de imaginación golpea a esa persona, porque las excusas además de ser una sarta de mentiras, se convierten en las típicas frases clichés cuando no se sabe poner la cara.
Y es que por estos días el tema de los juegos olímpicos es el común denominador, tanto que ya en algunos sitios de internet más de un ‘bloggero’ ha escrito sobre esas sacadas olímpicas, que no son más que ese “sacarle el cuerpo” a algo o a alguien.
¿Pero qué hay detrás de esa forma de actuar? ¿Será que la persona prefiere quedar como si no tuviera más de cuatro dedos de frente y pronunciar frases tan incrédulas?
Los expertos opinan que detrás de esas frases del “trancón”, “de justo estaba en una reunión hasta las diez de la noche”, se esconde la falta de herramientas para decir la verdad, sobre todo cuando se involucran las emociones.
Además, argumentan que más de una persona estaría preparada para escuchar esas excusas olímpicas, que la propia verdad. Tanto así que algunos, sabiendo que son mentiras lo que les dicen, prefieren hacerse que les creen. Tal y como dicen por ahí, se cae en el juego de: “tú haces como si estuvieras diciendo la verdad y yo hago como si te lo creyera”.
Frases olímpicas
1. Con la tecnología: Las excusas relacionadas con problemas de comunicación suelen ser fatales, pues cada vez el mundo cuenta con más herramientas para que usted envíe “señales de humo”. Puede hacerlo desde su móvil pero si se le descargó el celular o se quedó sin datos, puede hacerlo desde cualquier computador dejando una señal en la red social de la otra persona. Ojo: si esa persona quedó en llamarla o escribirle y no lo hizo, era porque no estaba dentro de sus prioridades. No se autoengañe.
2. Con el trancón: Sabemos que cada día se torna más caótico el tráfico en las ciudades. Pero precisamente puede enviar un mensaje para informar su retraso. Nada peor que dejar esperando a alguien y peor aún, nunca llegar.
3. Con el dinero: Primero, si usted ha concertado una cita con alguien, no querría que esa persona empezara con pésimas señales como “dejé la billetera en el carro” o “no retiré”. La gran mayoría de establecimientos, por no decir todos, reciben tarjeta. Además que le salga con la excusa de “no tengo sencillo”, es fatal. Ni que la estuviera invitando a tomarse un tradicional tinto. Si de entrada le salen con esas excusas olímpicas, lo mejor es que cordialmente invite lo que será la primera y última salida con esa persona.
4. Al terminar: “No eres tú soy yo” y otras cosas sin sentido. Ya más de una persona le ha dado un toque de humor a ese tipo de frases tan trilladas y sin carácter. Hasta falta de respeto generan. Por ejemplo, que alguien le diga “es que mereces a alguien mejor que yo”, es tan cierto, pues usted no querrá estar con una persona que no tiene pantalones para decirle que es mejor dejar así, sin dar tantas excusas trilladas. Es obvio que se merece alguien mejor.
Preguntas y respuestas
Marisol Ramírez Cabrera
Psicóloga especialista en PNL
¿Por qué algunas personas suelen ir diciendo esas excusas olímpicas a los demás? Porque no todas las personas tienen la madurez emocional y psicológica que acompaña la madurez cognitiva para afrontar lo que sienten por una persona. Por eso dicen otra cosa diferente a lo que sienten y eso se da para evitar situaciones incómodas, desagradables, puesto que no se está preparado para aliviar el dolor. En el fondo lo que hay es poca tolerancia a la frustración.
¿En qué tipos de casos podríamos decir que se dan en ese tipo de excusas olímpicas? Escuchamos las excusas olímpicas en las situaciones en que se comprometen muy fuertes las emociones. Se da mucho en las relaciones de pareja, cuando está mintiendo y no puede o no tiene la capacidad de tolerar lo que produzca en su pareja, en la otra persona, en su profesión. También se puede dar en una relación de amistad donde pase lo mismo, en el sentido en que hay una emoción muy fuerte de parte de las dos personas y una de ellas no quiere herirla. También pueden darse en relaciones laborales cuando se tiene miedo de la reacción del jefe.
¿Prefiere creerse las excusas olímpicas?
Si todos a su alrededor se lo dicen y si aún así usted se niega a aceptar que es una mentira lo que esa persona le dice, es hora de detenerse y analizar por qué prefiere hacerse el que le cree a esa persona, sabiendo que no es nada creíble su información.
Quizá puede ser miedo a que la dejen, baja autoestima, dependencia, y falta de herramientas para confrontar su realidad y saber lo que vale.
De ser así debe empezar a fortalecerse para que tenga el coraje de confrontar la realidad y salirse de ese círculo vicioso que en realidad la está lastimando. Puede que por ahora sea más doloroso alejarse, ¿pero cree que es menos doloroso recibir la mentira una y otra vez?
Recuerde que los deportistas olímpicos no buscan excusas para fallar sino razones para triunfar. Así que si usted es quien escucha esas salidas olímpicas por parte de otros, asuma el papel de ganador. Recuerde que el otro o la otra es la que se lo pierde. No usted.
¿Es usted el que pronuncia esas excusas olímpicas?
Así como no le gustaría escuchar ese tipo de excusas o sentir que alguien lo evade con frases sacadas de las crónicas de Narnia, de lo increíbles que resultan porque en ellas hasta el mismísimo león le habla, es hora de preguntarse si es de los que las pronuncia. Antes de salir con la excusa de “perdí tu número”, “se me borró el contacto del pin”, “me enfermé”, siga los siguientes pasos:
1Admita que lo que está haciendo es dar una excusa.
2Sepa que al mentir se está mintiendo a usted mismo.
3Dese cuenta de que no está siendo capaz de ser congruente con lo que dice y lo que siente.
4Al asumir que hay incoherencia, es más fácil buscar la estrategia para corregirlo dentro de usted mismo. Para ello, revise sus emociones, sus sentimientos y haga lo correcto, por respeto al otro y a usted mismo.
Me dijeron una mentira olímpica. ¿Cómo actúo?
Estas son las recomendaciones dadas por la experta Marisol Ramírez Cabrera, respecto a esas mentiras tan evidentes que lo dejan a usted con cara de “no creas que nací ayer”.
1Pregúntese primero si está dispuesto a escuchar la verdad y si cuenta con las herramientas suficientes para asumir lo que la otra persona le diga, por más fuerte y doloroso que sea. “La persona que escucha la información falsa debe estar preparada para confrontar las respuestas de la persona, sin obviar que estamos presionando a que nos digan la verdad y que esas respuestas pueden ser fuertes”.
2Si prefiere la verdad por encima de todo, y se siente fortalecido, déjele claro a esa persona que usted prefiere la verdad a sentirse engañado. En ese caso insístale que no es cierto lo que le dice. Debe quedarle claro al otro que usted sabe que le está mintiendo.
3Después de escuchar la verdad, pregúntese si vale la pena estar con una persona que le miente y que ya no siente lo mismo por usted o que está buscando a toda costa evadirla. ¿Vale la pena mendigar amor o retener a alguien que no quiere estar con usted y que es capaz de inventar ese tipo de cosas para quedar como un príncipe cuando no lo es?















