La autonomía está marcada por algunas acciones e incluso objetos que nos dan la sensación de que nos acercamos un paso más a ser adultos. Sin embargo, por mucho que sea el deseo, la edad es un factor fundamental, porque con ella se adquiere experiencia para garantizarnos madurar en el momento justo.

Publicado por: BELKYS P. ESTEBAN
Ser autónomo significa tomar decisiones por nuestra propia cuenta y asumir responsabilidad por las mismas, sin tener que consultar a los padres.
La presión social e incluso la simple necesidad de sentir que tenemos el destino en nuestras manos, hacen que queramos tener una serie de objetos que nos acercan un poco más a esa sensación de que ya somos grandes: tener por primera vez en nuestras manos las llaves de la casa y el permiso para llegar tarde, obtener la licencia de conducir y salir a pasear por la ciudad con nuestro propio auto, manejar nuestro propio celular y estar en contacto con nuestros amigos cuando queramos e incluso, saber cuándo es el momento de levantar vuelo y tener nuestro propio apartamento.
“El mejor consejo es no apresurarse y vivir las etapas como son, así mismo, adquirir responsabilidades poco a poco: tener un celular, recibir las llaves de la casa, sacar la licencia de conducir, aprender a manejar las tarjetas de crédito, tener un carro y finalmente, emigrar del hogar, sabiendo que en cada momento tenemos mayor capacidad económica y emocional para sostener estos elementos representativos de la autonomía”, señala el sociólogo y psicólogo juvenil, Camilo Cifuentes.
En el caso de artículos como el carro y el celular, es importante establecer antes con los padres reglas claras de uso, para no tener que deshacernos del artículo por hacer algo indebido.
Tener celular
Desde los 12 años se pueden encontrar muchos chicos utilizando teléfonos inteligentes y, lo más peligroso, posteando fotos desde su ubicación y de esta manera dando sin querer demasiada información sobre sus gustos e incluso dónde viven, atrayendo a los pervertidos, delincuentes y estafadores. Según datos de la compañía especialista en mercado ‘E-Marketer’, 85% de los adolescentes colombianos tienen celular. Y aunque el 45% utiliza más los mensajes de texto para comunicarse que cualquier otro medio, también es verdad que con la llegada de los teléfonos inteligentes, cada vez es más fácil tener uno y convencer a los padres de que compren uno.
“Uno de los argumentos que más convence a los padres es la seguridad”, explica la psicóloga Lilian Mora. “Porque creen que de esta manera podrán localizar a sus hijos en todo momento y como ellos les han comprado el aparto, los muchachos se sienten obligados a contestar”, señala la experta. Sin embargo, la petición de los chicos está más relacionada con la presión social que con la verdadera necesidad de estar conectados. “Muchas de mis amigas ya tienen celular y yo también quiero tenerlo”, señala Diana, de 12 años y que cursa sexto grado en un colegio privado de Bucaramanga.
Pero, ¿Qué edad es la más adecuada para regalarles a los adolescentes un teléfono celular? La psicóloga Lilian Mora señala que no existe una edad exacta y que depende no solo del grado de madurez del chico, sino de sus verdaderas necesidades y su capacidad para ser responsable. “Hay que analizar la personalidad del chico o la chica y ver si lo cuidaría, si lo tendría todo el tiempo cargado, si puede manejar la distracción de tener este tipo de aparato y cómo maneja sus redes sociales para saber si vale la pena darle el celular o no”, puntualiza la psicóloga.
Otra cosa que hay que tener en cuenta es el acceso a internet que tendrá el teléfono y la forma en que desde este se pueden realizar los bloqueos al contenido prohibido que los padres establecieron para los hijos. “La recomendación es que los padres conozcan muy bien el teléfono y de qué manera se comunicarán con sus hijos. Ellos quieren hablar con sus amigos y la comunicación con los padres debe ser sólida en casa, para que se mantenga sólida también por intermedio del celular”, concluye Mora.
Tener las llaves de la casa
Camilo Cifuentes, sociólogo y psicólogo juvenil, señala que en 1998 apareció un fenómeno llamado ‘La generación de la llave’, nominación que fue aplicada a los chicos cuyos padres trabajaban todo el día y que, por lo tanto, tenían en su poder las llaves de la casa para poder abrir una vez que llegaran del colegio y quedarse solos a la espera de sus padres. Cifuentes señala que este fenómeno no ha cambiado, pero que algunos padres prefirieron que sus hijos acudieran a otro tipo de actividades en ese tiempo que estaban sin ellos, en vez de dejarlos el resto del día frente al televisor.
“Si no se trata de razones estrictamente prácticas, los padres suelen darles las llaves de la casa a sus hijos cuando estos entran a la universidad, aunque lo preferible sería esperar un par de semestres antes”, señala Cifuentes. El experto explica que tanto para los jóvenes como para los padres obtener las llaves de la casa o dárselas a los chicos significa confianza en la autonomía y en el manejo de los horarios. “Muchos padres, sin embargo, no han hecho la prueba sobre si sus hijos se han ajustado antes a los horarios establecidos y solo empiezan a ensayar cuando ya les han dado las llaves, por lo que será más difícil que cambien su determinación si las cosas no salen bien”, comenta el psicólogo.
Lo segundo que hay que tener en cuenta, según el experto, es que con las llaves también debe establecerse un acuerdo entre los horarios y el rendimiento escolar, cosa que, dice, se asocia muy poco. “Los padres deben condicionar la entrega de las llaves a resultados claros y no darlas sin acuerdos de por medio ni si la relación con el adolescente es muy complicada”, puntualiza Cifuentes.
Tener un carro
La licencia de conducción implica una gran responsabilidad para los adolescentes y significa para ellos la consecución de una meta más en el camino de la adultez. Sin embargo, tenerlo demasiado pronto puede causar problemas a los padres y poner en riesgo incluso la vida del adolescente.
“Le pagué el curso de conducción a mi hijo Reynaldo cuando tenía 17 años. Fue juicioso y responsable, entonces le prestábamos el carro de vez en cuando”, señala Mayra, una ejecutiva de 45 años. A pesar de que durante un par de semestres Reynaldo fue un chico responsable, pronto comenzó a salir con un grupo de amigos y cuál sería la sorpresa de Mayra y su esposo al darse cuenta de que su hijo conducía el auto en malas condiciones. “Reynaldo tomaba unas cervezas con sus amigos y aunque por lo general llegaba muy bien puesto a la casa, no me pareció correcto permitirle que siguiera conduciendo si lo hacía cuando tomaba con sus amigos”, señala. Prohibirle a su hijo usar el auto familiar fue una gran ruptura con él. “Él no podía comprender que lo hacíamos por su bien. Decía que lo habíamos avergonzado con sus amigos y que estábamos siendo demasiado estrictos con él”, concluye Mayra.
Sin embargo, la psicóloga Carolina Dulcey señala que fue la mejor decisión y que además, los padres debieron analizar si valía la pena que su hijo condujera un automóvil aún siendo menor de edad. “Un mensaje importante que los padres pueden enviar a los jóvenes es decirles que las cosas se adquieren con base en necesidades y no solo en gustos porque eso determinará una mejor administración posterior de sus bienes y recursos”, cuenta la experta. Pero, ¿a qué edad pueden dar los padres un carro a un adolescente? “Es mejor esperar hasta que los jóvenes muestren su comportamiento en la universidad. Los 19 años es una buena edad para permitirle a un hijo tener un carro”, puntualiza Dulcey. Lo mejor es esperar a que el joven esté en la capacidad de pagar por un carro y mantenerlo.
Autorizar el uso de tarjetas de crédito
Lo principal a la hora de tener cuenta cuando vaya a darle una tarjeta de crédito a un adolescente, es que éste habrá aprendido a manejar el dinero con base en el ejemplo que los padres le hayan dado. Si sus padres despilfarran, el adolescente se sentirá en la tentación de hacer lo mismo y su vida con una tarjeta de crédito puede terminar siendo mucho más complicada. También hay que tener en cuenta si los padres han hablado con su hijo o hija acerca del valor del dinero. La poca experiencia de los chicos en este campo repercutirá en la forma como administren el crédito y las tarjetas, que, para empezar, sin duda deberá ser solo una.
Camilo Durán, economista, señala que existen dos preguntas básicas que los padres deben hacerse a la hora de entregarle una tarjeta de crédito a un adolescente: ¿Me parece bien que mi hijo tenga una tarjeta de crédito? ¿Para qué va a utilizarla? “Si después de contestarse esas dos preguntas siente que debe darle la tarjeta, le recomendaría que esperara hasta que su hijo tenga 21 años. A esa edad muchos ya van a terminar su carrera y cuentan con un poco más de madurez”, explica el economista. Señala también que a esta edad la tarjeta podría servirles para comprar ropa e incluso influir en la búsqueda rápida de trabajo, ya que el adolescente tendría una responsabilidad que cubrirla.
La mayoría de los bancos no dan tarjetas de crédito a menores de edad y una buena alternativa es usar una tarjeta débito, donde aprenderá a realizar pagos y a manejar cuentas, facturas y recibos. En cualquier caso, la tarjeta de crédito del adolescente puede estar conectada a la cuenta principal y consultar al titular cada vez que se realice una transacción.














