Revista Nueva
Sábado 04 de agosto de 2012 - 09:22 AM

Del trabajo y otros demonios

Parece estar en vía de extinción esa especie que se ganaba la vida movida por una vocación. Según las estadísticas, una abrumadora mayoría le dedica parte de su tiempo a un trabajo insatisfactorio y mal remunerado. La depresión y unas relaciones interpersonales difíciles, algunas de las consecuencias.

Del trabajo y otros demonios
Del trabajo y otros demonios

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Publicado por: Natalia Echeverri Vargas

Sale temprano y la ciudad es un caos. Tal vez una llovizna imperceptible parece existir solo para dañarle el cepillado y para rematar, justo hoy, aparece implacable la Ley de Morphy, lanzándola de la comodidad de su carro a la pesadumbre de conseguir un taxi.

En el camino, con algo de  enfado, repasa las labores del día. La monotonía le impide pensar a sus neuronas, pues el tiempo entregado a su trabajo ha convertido este en un acto mecánico… casi por completo.

Al llegar tarde a la oficina, algo que ya se le volvió costumbre durante las últimas semanas, la media hora de peinado robada por el clima pesa sobre su cabeza; y la paciencia y las excusas comienzan una cuenta regresiva. A pesar de todo esto se aguanta, porque realmente no cree poder quedarse sin la seguridad quincenal.

Una historia matutina que se repite por millones en diferentes lenguas y latitudes. Son una notoria minoría las personas que pueden trabajar por gusto o por pasión, y no solo por la remuneración.

La gran mayoría se sumerge en un abismo existencial caracterizado por baja autoestima y depresión, en un trabajo indeseado y mal llevado. Un demonio que le mete el tridente a todos los aspectos de su vida.

“Toca en lo que salga”

Somos hijos de la sociedad de la información y para nosotros el tiempo es dinero. Ya nuestro cuerpo no recuerda las horas de ocio recreativo, poco siente el vértigo producido por una pasión verdadera y los créditos bancarios nos lanzan de narices a la seguridad proporcionada por el mundo laboral.

Las quebradizas economías ambientan condiciones laborales cambiantes. Y para estar seguro de poder obtener el trabajo deseado, la preparación debe ser ardua y generalmente es costosa.

“Lamentablemente, la mayoría trabaja por necesidad, en ‘lo que le salga’. En Colombia tenemos más de un cincuenta por ciento de trabajadores informales y ellos no trabajan en lo que les gusta sino en lo que se les ocurre, lo hacen para sobrevivir. Además, la gran mayoría son pagados con un salario mínimo.

Por otro lado, la posibilidad de trabajar en algo atractivo la da generalmente un nivel educativo alto. Por eso, las personas que pueden acceder a formarse tienen mayor probabilidad de trabajar en lo que les gusta”, nos cuenta la doctora María Claudia Peralta, sicóloga magister en Sicología Social Comunitaria, y doctora en Sicología Social del Trabajo de la Universidad Autónoma de Barcelona (España).

La “felicidad laboral”

Si dejamos de lado al cincuenta por ciento de la población mencionado por la doctora Peralta, nos encontramos con los dueños de un trabajo fijo. Y podemos hacernos una idea de lo que ocurre con ellos gracias al estudio hecho por el Observatorio del Mercado del Trabajo de la Universidad Externado en Bogotá, que apoyado en cifras oficiales del DANE, llegó a las siguientes conclusiones.

Cerca de dos millones de colombianos  consideran su ambiente laboral “inapropiado”, ya sea por ruidos, temperatura, olores, etc. Otro 38,1 por ciento “no está conforme” con su empleo. El resultado de esta insatisfacción, según el estudio, es el incremento del ausentismo y la reducción de la productividad.

La edad es un atenuante importante para entender cómo nos relacionamos en el país con los empleos. Por eso también echamos mano a una encuesta realizada por el portal elempleo.com, con cerca de 1.650 personas.

“Por lo general, los jóvenes empiezan a trabajar satisfechos, paulatinamente pierden entusiasmo y solamente en la edad madura vuelven a recuperar ese gusto. De acuerdo con la investigación, en promedio, la edad de mayor felicidad laboral son los 37.4 años y la menor está en los 34.4”, concluye el portal gestor de la encuesta por internet.

Aunque el movimiento mundial nos sumerja en un ritmo desenfrenado, siempre vale la pena parar un segundo y replantear los caminos, pues sentirse frustrado laboralmente puede llegar a ser más grave de lo que se cree.

Síntomas de “odio mi trabajo”

Para nuestros asesores, docentes de la Universidad de la Sábana de Bogotá,  perder la motivación es la punta de un iceberg laboral paralizante. Cuando la persona siente el resultado de su trabajo carente de valor, la conexión se pierde y un replanteamiento de la dirección se da casi por inercia.

Según el doctor Gustavo Gómez Perdomo, sicólogo especialista en Sicología Organizacional y magister en Sicología con énfasis  en Investigación en Ciencias Sociales, “uno disfruta lo que le gusta, lo que le interesa, lo que lo mueve; en ese sentido, es la motivación (determinada por un interés) lo fundamental, pues está relacionada con la conducta y la acción”.

Pero también existen factores internos y sicológicos capaces de influir en nuestro bienestar laboral. Estos son trabajar con personas de manera autónoma y tener cierta  variedad en la tarea que se realiza… si esos aspectos no están presentes, las expresiones no son de gusto, de gozo, de alegría”.

Así se crea un círculo vicioso. Al irse la motivación, se acerca el cansancio. Y la frustración acarreada hace tender a buscar excusas para no ir a la oficina, llegar tarde, cometer errores o no asumir responsabilidades.

“La persona reacciona de forma defensiva y se queja todo el tiempo del trato, del pago, del exceso de trabajo, de la falta de recursos. Al no hacer lo que quiere es ineficaz en sus actividades y no se siente valorado; surge la depresión y es normal sentir agotamiento emocional porque considera que hace esfuerzos sin resultados”, puntualiza el doctor Gómez.
 
Cuando una persona está desmotivada siente cansancio por su rol, pierde el sentido y atraviesa una etapa de cuestionamientos sobre el valor que tiene esa labor. En resumidas cuentas, hay una pérdida de contacto emocional.

A cambiar de actitud

“Cuando consideramos valioso nuestro trabajo, esto se asocia a una alta satisfacción personal. Por el contrario,  al no tener valor para uno, la autoestima baja. Aun así, algunas personas empiezan a encontrar cosas interesantes en su oficio, no necesariamente basadas en el gusto”, asegura la doctora Peralta, quien además es jefe del Área de Metodología e Investigación de la facultad de Sicología de La Sabana.
En primer lugar, es clave establecer relaciones interpersonales, una especie de red de apoyo que nos haga sentir parte de un grupo. En otros estratos también es importante tener acceso a la seguridad social, porque si los hijos se enferman tienen atención médica y esto genera cierto grado de satisfacción.

Como son tan pocos los que al parecer pueden trabajar también por placer, no queda de otra: apelar a un cambio de actitud frente a sus responsabilidades es una buena opción si la seguridad económica termina ganando la batalla… por lo menos mientras puede estudiar  y capacitarse en el área de su preferencia.

Aléjese de la angustia laboral

“Hoy en día, los empleos tienen nuevas exigencias de formación, más autonomía, mayor responsabilidad, menos opciones de seguridad laboral. Es posible que todo esto genere conflictos con la pareja, los hijos y familiares cercanos. Puede que la inestabilidad económica, al cambiar de empresa repetidamente, obligue a otros miembros del hogar a salir en busca de trabajo para compensar esas deficiencias”, afirma el doctor Gustavo Gómez.

Para él, tener claro el proyecto personal y buscar opciones para ejecutarlo es un gran reto. Cuando se sabe lo que se quiere, el paso a seguir es estudiar muy bien el mercado laboral. Prepararse y actualizarse. No perder la paciencia y buscar tiempo para aprender otros idiomas y nuevas tecnologías.

Es nuestra responsabilidad tener la actitud adecuada, no solo para saber aprovechar al máximo la labor que ocupa nuestro día, sino para darnos los recursos necesarios a la hora de emprender proyectos propios y cultivar cualidades subutilizadas.

“No ser nunca una persona mediocre, no contentarse con lo mínimo, arriesgar, tener siempre un plan B, C, D. Hacer alianzas. Nunca perder el rumbo o el camino de lo que se quiere y siempre luchar por conseguir lo propio, su ideal”, son las recomendaciones con las que finaliza nuestro especialista.

Por su parte, a María Claudia le interesa hacer reflexionar sobre la realidad de la mayoría, pues considera que trabajar siempre por gusto es una idea preconcebida pero desfasada de la realidad.

Por eso sus recomendaciones se orientan a dos puntos fundamentales. El primero: siempre podemos transformar nuestro entorno. El segundo: establecer relaciones personales es uno de los recursos que optimizan la satisfacción social y laboral.

“Las ideas clave son lograr que la empresa ayude a mejorar las condiciones de trabajo, buscarle sentido a este, establecer esa labor como parte de una cadena funcional y no perder contacto emocional con ella”.  
 
El trabajo en el mundo

En Colombia trabajamos cuatro horas más con relación al promedio de América Latina. Si nos comparamos con Europa, el desaliento se puede hacer mayor, pues trabajamos ocho horas más, con un total de 48 semanales.

Según un sondeo emprendido por Trabajando.com, de 2.800 argentinos, el 60 por ciento no está satisfecho con su puesto de trabajo. De esa abrumadora cifra, el 42 por ciento le achaca el sentimiento al hecho de no hacer lo que le gusta, el 38 por ciento considera “hacer mucho y recibir poco”, el 15 por ciento siente que el ambiente de trabajo es malo y el 5 por ciento restante considera su oficina incómoda.

El mismo portal hizo lo propio con tres mil mexicanos, de los cuales, el 57 por ciento aseguró “no gustarle su trabajo actual”, frente a un 43 por ciento que dice lo contrario.

“Al 57 por ciento de quienes aseguraron no gustarle su actual empleo, les preguntamos si buscan trabajo mientras siguen en la empresa, encontrándonos con un 72 por ciento que aseguró que sí lo hace”, es un aparte de las conclusiones de dicho estudio.

Los descontentos declararon en un 56 por ciento “estar aburridos” por no tener una proyección de carrera, en un 31 por ciento por ganar poco, el 8 por ciento no disfruta lo que hace y el 5 por ciento restante se lleva mal con su jefe.

Publicado por: Natalia Echeverri Vargas

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