Revista Nueva
Sábado 11 de agosto de 2012 - 08:48 AM

Cuando el amor está destinado a extinguirse

Mala comunicación, problemas económicos y pasarle la pelota al otro cuando de responsabilizarse se trata, otras razones para decir “¡hasta aquí llegamos!”.

Cuando el amor está destinado a extinguirse (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)
Cuando el amor está destinado a extinguirse (Foto: Archivo/VANGUARDIA LIBERAL)

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Publicado por: Natalia Echeverri Vargas

Así como los átomos se unen para crear moléculas, y estas a su vez se complementan en sistemas más complejos, así mismo los seres humanos nos unimos para formar relaciones (“hombre y mujer, hombre con hombre, mujer con mujer y así en sentido contrario”).

Las relaciones obedecen a la química y son altamente productivas solo cuando las cargas de sus miembros se complementan y potencian el intercambio. Según la historia oficial escrita por poetas y otros voceros, estos espacios químico-emocionales son generalmente uniones cambiantes, impredecibles y altamente volátiles.

En los laboratorios, la mezcla inexacta de dos compuestos puede desencadenar un ‘cataboom’. En la vida, la fusión de dos seres químicamente incompatibles produce una nociva reacción en cadena que destruye a los dos, al proceso químico (el amor) y a los otros sistemas complejos (los hijos).

Ya sabemos, gracias a Einstein, que la materia no se extingue, simplemente se transforma. Pero sin necesidad de ser unos genios sabemos también que al amor, a pesar de no ser tangible, le pasa lo mismo.

En esa transformación, varias características suelen perderse. La adrenalina escasea en el laboratorio y las mariposas residentes en el estómago se dejan de aleteos. Los sentidos son abandonados por el exceso de dopamina, y el sol que parecía brillar sobre todas las cosas es eclipsado por un espeso nubarrón.

Como en una adaptación de la Torre de Babel, hombres y mujeres empiezan a hablar distintas lenguas, solo que algunas veces, ni el Espíritu Santo es capaz de hacer que se entiendan. Simplemente, la fragilidad del lazo se hace visible, y las dudas sobre cortarlo o no comienzan a instalarse cómodamente en el cerebro hasta hacerse residentes.

“¡Terminamos!”

Los lazos amorosos suelen mostrar una incipiente debilidad cuando el enamoramiento se ha ido. Si no tiene claro si es su caso, tómese un momento para pensar en detalles simples, pero dicientes.

Por ejemplo, antes su esposo le decía “cuelga tú”. Ahora usted le tiene que objetar, “¿por qué me cuelgas?”. Antes, le abría las puertas para que pasara, ahora las deja abiertas para que usted las cierre. Antes, hasta el agua le sabía mejor de sus manos; ahora la cena está siempre pasada de sal, pimienta, cocción…

El enamoramiento suele durar poco si se habla de una relación “para toda la vida”. Pero son indispensables en la cimentación de las columnas sobre las que se estructurará la comunicación, el relacionamiento, el sexo, el afecto y la confianza de dicho lazo.

“Sabemos que debemos terminar una relación cuando existen diferencias irreconciliables en diferentes aspectos: una mala convivencia, marcada por la agresión física o el maltrato sicológico –de lo que estamos llenos-; un sexo regular; un manejo del dinero distorsionado y poca empatía en la educación de los hijos. Todo eso se puede volver irreconciliable si la pareja no hace lo propio”, afirma la doctora Nelly Rojas, reconocida sicóloga y especialista en temas de pareja.

La mayoría de las personas tienen problemas para separarse, sobre todo cuando han convivido y tenido hijos con su pareja. Por eso, para la doctora Rojas es indispensable hacer todo lo posible por salvar el lazo; claro está, cuando existe amor y no solo dependencia.

Pero salvarlo, según su punto de vista, no es necesariamente quedarse hasta el final. Es más, muchas veces no abandonar el barco a tiempo resulta contraproducente, pues algunas personas se quedan alimentando situaciones nocivas a costa de su propio bienestar.

¿Seguimos enamorados?

Una pareja, a lo largo de los años festeja navidades, años nuevos, cumpleaños y otras fechas especiales; posiblemente se acompaña en la muerte de seres queridos y amigos, se cura las mutuas enfermedades, se estrena en el maravilloso mundo de la paternidad… y todo comienza por el amor.

Pero si releemos el párrafo anterior, encontraremos que es más fácil citar los momentos que vivirlos, pues muchas veces en esos caminos emprendidos de la mano del otro, el amor parece extraviarse, confundirse y agotarse.

Las crisis asisten puntualmente a cuanta relación se forme porque son necesarias y, entre otras cosas,  ofrecen una oportunidad para re-direccionar rumbos y decisiones. Pero, sobre todo, nos permiten cuestionarnos si seguimos enamorados o si, por el contrario, es la dependencia la única responsable del campo de batalla ambientado en el hogar. 

“Si el marido le pega y la trata mal… cómo va a decir que lo ama. Eso no es amor, eso es dependencia. Por eso, si ha recibido maltrato, problemas, insultos y demás, y siente que todavía lo ama, primero cuestiónese”, aconseja nuestra asesora.

Si el amor ya es un cadáver en descomposición, nada podrá ir bien entre ustedes. No habrá terapia, herramientas o intenciones que valgan para resucitarlo, y cualquier excusa para prolongar la separación solo se volverá en su contra.

Llegó la hora del diván

Por el contrario, si todavía sienten que se quieren y tienen ganas de enderezar lo torcido, vale la pena quedarse. Eso sí, siempre y cuando estén dispuestos a dejar de jugar a la pelota cuando de responsabilizarse se trata.

“Cuando se recibe el primer golpe o algo malo pasa dentro de la relación, se debe hacer un alto y tomar una determinación porque debe haber una sanción.

Si han intentado arreglar las diferencias por cuenta propia y siguen igual,  lo mejor es separarse, así sea temporalmente, y buscar un facilitador, quien les explicará los términos y las pautas que deberán seguir dentro de la separación temporal (se recomienda hacerlo entre tres y seis meses). Y solo resolverán juntos los temas de los hijos hasta que cada uno entre a terapia individual a solucionar sus propios problemas”, asegura la terapeuta.

Entonces, recapitulemos: es indispensable analizar cuál es la causa encargada de mantener una crisis constante en la relación, descartar que se trate de ausencia de amor, sancionar los malos tratos y buscar ayuda cuando ninguno de los dos sabe cómo resolver la crisis definitivamente.

“Necesito espacio”

Algunos son detractores de los time out en las relaciones, pero para nuestra asesora no es cierto que no funcionen. El problema es  bajo qué condiciones se toman. Si la pelea no cesa y las ganas de continuar la relación tampoco, lo cierto es que un poco de espacio no cae mal, ¿pero cómo debemos hacerlo?

“Muchas veces, la gente no sabe cómo hacerlo. Dice que se toma un tiempo pero lo hace sin ninguna condición y lo peor que uno puede hacer es eso. Yo recibo cantidades de parejas que se separan  hasta un año y no les sirve para nada, porque no solucionaron lo que estaba fallando.

Por eso deben responsabilizarse y asumir que tienen un problema, y no culpar a la pareja por ello. Lo que recomiendo es que cada uno entre a terapia individual para revisar sus errores. Sin eso, no sirven las separaciones temporales”.

Aun así, son muchos los que todavía se niegan a acudir al “médico del alma”. En este caso, una buena herramienta son los libros que abarcan el tema y brindan herramientas para identificar los problemas y las soluciones a cada caso. Ser amigos para ser amantes, escrito por nuestra asesora, trata esa problemática.

Lo importante es saber cómo manejar las crisis para que no sean un fantasma molesto en medio de las buenas intenciones. Todo matrimonio se puede salvar,  siempre y cuando convierta los conflictos en oportunidades para mejorar y superar los aspectos negativos.

“Si encuentran cómo solucionar el asunto juntos, perfecto. Pero si no, acudan a terapia, pues la mayoría de los problemas se repiten porque la pareja no tiene ni idea de cómo manejarlos.

Con ayuda todo se puede llegar a hacer –continúa la doctora Rojas-. Por lo menos yo les doy a mis pacientes las herramientas prácticas para saber cómo comunicarse. La terapia no solo es para desahogarse, también brinda los medios para manejar problemas cotidianos de afecto, sexo, dinero, familia, vida social, trago… Hacerlo solo es muy difícil.

Separarse definitivamente solo se debe considerar cuando se ha hecho todo lo posible por salvar su relación. Con mucha más razón cuando hay un hogar con hijos y  problemas remediables”.

Publicado por: Natalia Echeverri Vargas

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