Sábado 30 de Agosto de 2014
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Revista Nueva
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Sábado 10 de Noviembre de 2012 - 09:46 AM

Catalina García, la dueña de un swing romanticón

Revista Nueva/VANGUARDIA LIBERAL
Catalina García, la dueña de un swing romanticón
(Foto: Revista Nueva/VANGUARDIA LIBERAL)
En 2007 le entregó su corazón a un ‘señor’ de apellido poco oportuno para quienes se ufanan de las buenas maneras. Pero esta caleña no puede estar más feliz de ser su ‘madame’. Una conversación con la voz líder de la banda Monsieur Periné.

Tal vez la vía más natural para comenzar a hablar de esta mujer es a través de su gran amor, Monsieur Periné. Por ‘él’, ha tomado decisiones difíciles como dejar su tesis de ‘saber empírico’ a la mitad, pues lo realmente práctico en su vida ha sido, indiscutiblemente, cantar.

Pero la Antropología, profesión por la que se fue a Bogotá después de dos años de deambular por Estados Unidos, se le nota. No solo en la percepción que tiene de Latinoamérica y su historia, también está presente en su intención con la música, una herramienta que percibe como la forma como los seres humanos nos podemos conectar y reconocer.

“Cuando entré a tercer semestre (2007), los ensayos se volvieron más rutinarios. No cantaba realmente, con Monsieur comencé a experimentarlo, y ellos a insistirme en que lo podía hacer. Era algo en lo que no confiaba mucho porque siempre fui muy tímida.

Fui a Bogotá a estudiar Antropología y estuve mucho tiempo metida en mi carrera, me encanta. Pero todo me cambió de un momento a otro, tuve que decidir y cantar se volvió lo práctico, lo que estaba en el día a día”.

Una decisión que le agradecemos, porque al escucharla en vivo no hay duda de que su voz es un canal en el que se conectan personas de su misma edad; pero contra toda lógica de mercadeo, también niños, padres, abuelos, tíos...

En sus letras están presentes el desamor, la soledad, la nostalgia. En su música, el sentimiento popular de Latinoamérica, la exquisitez de los sonidos europeos y, en general, cualquier ritmo que la pueda llevar a la experimentación, conducida por los cuatro hombres que la acompañan, ataviados de todo tipo de instrumentos.

“Claramente hay un trabajo de composición concienzudo, porque ellos son músicos y son bien ñoños. Les gusta investigar y entender los lenguajes, darles un giro. Al principio, el jazz gitano estuvo mucho más presente; ahora es una estética popular latinoamericana con presencia europea –explica Catalina-.

Comenzamos cuatro: dos guitarras, vientos y voz… nada más. Era un formato muy difícil de plantear, y así la gente se interesó por nosotros. Cada elemento ha llegado de una manera muy orgánica, porque ese proceso de movernos de la sala de la casa a auditorios universitarios, a teatros y luego a escenarios más grandes, nos llevó a sentir la música desde otra perspectiva”.

Oro hecho a mano

Hace cuatro meses, la banda Monsieur Periné  estrenó Hecho a mano, su primer álbum, una producción que ya les dio Disco de Oro por vender más de 10 mil copias. Toda una hazaña, en un mundo en el que, se supone, es obsoleto comprar discos.

Pero así es ‘el Mesié’, un vehículo que nos lleva no solo a través de la música, también a través del tiempo y sus rituales. “Para nosotros fue muy sorprendente, pero es una manera de reivindicar el objeto de la música, que contiene una relación individual y personal liberadora porque conecta con algo propio e interior.

Sentirse feliz o triste… eso no pasa necesariamente con toda la música, ni tampoco con todos los discos. Porque muchas veces la gente que hace música no se detiene a dar algo diferente y pues para eso, ni siquiera hace un producto musical”, asegura Catalina.

La muerte, uno de los sencillos de esta producción, fue elegida como banda sonora de la película colombiana Mamá tómate la sopa, una excelente oportunidad de la banda para ser escuchada por quienes no acostumbran a explorar contenidos independientes.

En canciones como esta o La tienda de sombreros, Huracán y Nada puro hay, los matices sonoros varían bastante, pero la voz de Catalina siempre hace las veces de hilo conductor, cantándole a sentimientos tan universales como el desamor, la traición, la soledad, y con un color tan dulce como corto punzante.

“Lo bueno de establecer un público antes de sacar un disco es que tocamos mucho en vivo y eso implica ensayar bastante. Y el proceso de construir un sonido se da cuando uno le da tiempo y espacio a la improvisación y la experimentación. Mucha gente no le da tiempo a eso porque hay que sacar algo ya, pero ahí no pasa nada, porque no descubriste nada nuevo en ti”.

La voz del sentir popular

Con su primera presentación en México ganaron un boleto para participar en el homenaje a la gran Chavela Vargas. El próximo año se irán de gira por Alemania, Bélgica, Holanda y probablemente Francia y España. Pero lo que la tiene más contenta es su presentación en Brasil, planeada para febrero.

- ¿Cree que las mujeres nos acercamos diferente a la música?

¡Sí! Como nos educaron para llorar, sentir, entregar y cuidar, es más fácil para nosotras hablar del dolor y el amor de una forma más libre. Creo que los hombres pueden ser muy cursis a través de mí.

Además, me eché al hombro construir un concepto estético, una identidad de lo que es Monsieur Periné, un lenguaje de comunicación en el escenario. Uno, de mujer, también tiene esa capacidad de mirar múltiples perspectivas, los hombres son más unidireccionales.

- ¿Y la parte masculina que reconoce a través de sus compañeros?

No sé si es mi parte masculina, pero algo que siempre he tenido es un carácter fuerte. Mi mamá me educó con ese sentir de no doblegarme, lo que pienso lo sostengo y a cualquiera.

Por eso me he ganado muchos problemas, porque entre tanto chico, que una mujer se les pare y les haga frente, les genera una reacción de ‘usted es una grosera’. Pero defiendo lo que pienso, obviamente sin pasar por encima de nadie, pero no me someto.

- ¿Qué conoció a través del escenario?

Muchas cosas. Es un lugar de transformación, donde uno hace rituales raros. Ahí dejo de ser Catalina, la que se levantó en la mañana, porque es un espacio de comunión que amamos y honramos, y en el cual no se piensa de manera racional.

Poder cantar en vivo es una de las cosas que más disfruto. Cantar con la gente, eso es de otro planeta, es impresionante. Al igual que tener a un grupo de amigos con ese talento tan natural y espontáneo, enamorados y apasionados por la música.

- Hacen música experimental popular. ¿Qué es popular para usted?

Es lo que corresponde al sentimiento puro, poder hacer catarsis del día a día; hacer parte de un contexto, de un momento de la historia. Ese es el espíritu popular.

Es algo que me conecta con personas con quienes probablemente nunca me voy a conectar de otra manera, pero que logro a través del lenguaje de la música y cualquier otra expresión artística.

-¿Cómo es esa fusión de géneros tan diferentes?

Las músicas populares no son tan diferentes. Toda Latinoamérica tiene un contexto similar: siempre hemos sido el tercero, el otro, el sometido. Pero también tenemos una mezcla cultural muy interesante, la cual hace que la música tenga ese espíritu de fusión.

Tal vez existan diferentes géneros, pero la esencia es la misma. A la gente que habla de identidad y de países le gusta poner las fronteras, pero la música es una herramienta hermosa para liberar a las personas y juntarnos como humanos.

- Se van para Miami y México. ¿Cómo es el itinerario?

Tocamos en Miami y luego comenzamos un recorrido de un mes por D.F, Puebla, Queretano, entre otras ciudades. Es la tercera vez que vamos a México, la primera fue increíble porque era el primer país latinoamericano en el que estábamos.

En ese concierto, donde abrimos para Carla Morrison, salió la invitación a participar en el tributo a Chavela Vargas. Fue increíble, nunca nos había pasado una cosa así.

Algunas confesiones

“Hay que calmarse y decir: ‘Un momentico, volvamos a lo básico’, y hacer cosas desde esa sencillez de la música. Nada más importa, lo otro son añadiduras muy buenas, pero por la simplicidad es que estamos acá”.

“Mi abuelo, a quien adoraba, fue muy inquieto artísticamente hablando. Tenía una cantidad de música increíble. Y yo trovaba a los 8 años de edad… esa era una cosa muy rara”.

“Ojalá pudiera decir que vivo de la música, pero eso es bien difícil en este país. La gente cree que ganamos millones… No es así, pagan muy mal porque lo ven como un trabajo que no es tan serio, menos cuando te ves de 18 años y no los tienes”.

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