Lunes 20 de Octubre de 2014
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Sábado 17 de Noviembre de 2012 - 08:50 AM

Embarazadas primerizas, los tintes amargos de una dulce espera

Revista Nueva/VANGUARDIA LIBERAL
Embarazadas primerizas, los tintes amargos de una dulce espera
(Foto: Revista Nueva/VANGUARDIA LIBERAL)
Tener miedo durante el embarazo es tan normal como subir más de 10 kilos. No solo se siente una especie de bipolaridad que nos hace dudar sobre nuestra salud mental, también los estudios de rutina se vuelven, muchas veces, momentos estresantes. ¿Qué hacer entonces?

Cuando nos dirigimos a un lugar nunca antes visitado, la ansiedad se vuelve una compañera latosa e ineludible. Como el pobre Burro en Shrek 2, tan poco aguantado por el ogro en su viaje a Muy, muy, lejano, nos preguntamos cuándo vamos a llegar; mientras tanto, el camino, como por arte de magia, se nos hace cada vez más largo.

Lo mismo pasa con nuestro primer embarazo. Sea planificado o no, la ruta es desconocida, llena de vías nuevas y casi todas, dignas de una monumental montaña rusa. Lo desconocido de la experiencia nos sumerge en una espera llena de bellos momentos… y también de algunas pesadillas.

No se preocupe si, por ejemplo, el atardecer se le antojó más melancólico que de costumbre o si no soporta ni en fotos a su esposo. Todo lo anterior hace parte del tour por la maternidad.

Los ajustes hormonales necesarios para hacer realidad la maravillosa experiencia  de dar vida son impredecibles. Incluso muchas mujeres aseguran no haber vivido los antojos, las náuseas y mucho menos un parto traumático. Pero alrededor de todos los mitos recreados, lo cierto es que el abanico emocional se amplía, pues por obra y gracia también de las hormonas, la sensibilidad afina nuestros sentidos y emociones.

De la mano de esa sensibilidad es muy fácil que los miedos se vuelvan un caldo de cultivo. Y comportamientos que nunca se nos hubiera pasado por la cabeza cuestionar, nos resultan de lo más amenazadores.

A los miedos, ¡mírelos de frente!

Como entramos en un terreno en el cual el margen de posibilidades puede resultar infinito, quisiéramos comenzar con los dos más típicos. El primero y más recurrente es temer que algo salga mal y podamos perder a nuestro bebé. El segundo, verlo nacer, pero no lograr ser una buena madre.

“La gran pregunta que se hace es: ‘¿seré capaz de ser una buena mamá?’. Además, hay muchos miedos que renacen en ese periodo de la vida, no solamente relacionados con el bebé, sino con los conflictos que existen entre la mujer embarazada y su propia mamá –explica Hugo Trevisi, sicólogo magister en Sicología Clínica, con una amplia experiencia en el tema-. Incluso, recobran un grado de angustia y ansiedad en su mente, porque muchas veces su miedo más grande es volverse como su madre. Adicionalmente, se enfrenta a tal cantidad de mitos, que no sabe qué hacer con ellos. Valdría la pena indagar para ver qué pasa con la vida emocional de la mujer”.

Pero en realidad, el instinto materno es una herramienta afinada hace cientos de años, e incluso sin experiencia, en él podemos confiar mientras que aprendemos lo necesario.

Respecto al segundo miedo, perder a un bebé no es muy habitual, pues según las estadísticas, ocurre en un 20 por ciento de los casos y la mayoría de las veces se da en el primer trimestre. Y si llegara a ocurrir, pensar en que fue culpa nuestra puede estar muy alejado de la realidad, pues la mayoría de estos casos suceden por una alteración cromosómica.

Otro temor muy común es al parto. Lo mejor es no pensar en eso hasta llegado el momento, así la ansiedad se reduce. Además, son tantas las mujeres que han dado a luz en este planeta, que deberíamos verlo como algo natural, para lo cual fuimos dotadas.

De ahí en adelante, la lista es incontable. Que si las náuseas le estarán robando todo el alimento al feto, que si padezco diabetes gestacional u otra enfermedad, que si podré hacer parte de otra entrega de Liberen a Willy, pues los kilos adquiridos con facilidad se resistirán a dejar de existir, que si el embarazo afectará mi vida sexual, etc., etc., etc.

Lo mejor entonces, antes de preocuparse, es ocuparse. Asistir a los controles médicos reglamentarios, practicarse los exámenes pertinentes y cuidar cada alimento que llegue a su cuerpo e idea que esté en su mente, le darán casi el poder absoluto de tener un embarazo inmejorable.

La emoción, un punto crucial


Según nuestro asesor, el acompañamiento emocional es una propuesta muy fructífera, sobre todo para aquellas que no saben qué hacer con tanto sentimiento.

“En el fondo se trata de conocer la experiencia emocional de esa mujer y que pueda estar en contacto con su cuerpo, con su mente, con sus emociones. Reconocer lo propio y no recurrir a mitos o estadísticas, cosas ajenas a ella. La propuesta es tratar de comprender esas emociones, que la mujer pueda autoobservarse. Cuando uno habla, hace que la vivencia pueda modificarse porque se entienden cosas de nuevo; pero no es un espacio social, sino más bien uno para poder pensar alrededor de las emociones, entenderlas y darles un significado”.

Es muy importante poder abordar la tristeza, el miedo, la inseguridad y demás matices de nuestro cambio hormonal sin sentirnos juzgadas o banalizadas. Por eso, el doctor Trevisi ve en este tipo de terapia una herramienta tan importante como los chequeos médicos.

En los ‘corre corre’ en que transcurre la vida de las madres modernas, es muy normal que algunas tiendan a reprimir esa parte emocional que determina en buen medida nuestra relación con el bebé y qué tan amado o seguro se pueda sentir él.

“Un exceso de represión emocional puede ser perjudicial, porque esas angustias y miedos salen por otro lado. En lugar de guardarlas en el baúl del carro para que nadie pueda verlas, hay que darles luz. En la época en la que vivimos, la mujer cada vez está mas empoderada socialmente y ese acompañamiento emocional es un campanazo para decir ‘un momento’, las mujeres son las únicas capaces. ¿Por qué no cuidar la maternidad y la relación que se va a tener con el bebé, en lugar de reparar algo después?”.

De acuerdo con el doctor Trivisi, acudir a un profesional en un espacio cómodo y seguro no solo le ayuda a la mujer a significar sus sensaciones. Sabemos de sobra que se es madre desde antes del nacimiento, y lo que le transmitimos al bebé a través de nuestro cuerpo y del cordón umbilical va mucho más allá del alimento.

Estar en contacto con nuestras emociones y canalizarlas de una manera positiva, le da la seguridad a nuestro hijo para sentirse bienvenido. Además, varios estudios han comprobado que el amor manifestado durante toda la gestación afecta positivamente el desarrollo del cerebro del bebé y la forma como percibe el mundo.

“Va a ser un bebé con la capacidad de amar. Encontrará en el mundo un lugar donde pueda satisfacer sus necesidades. Y me atrevo a decir que también será más desarrollado, en la medida en que podrá cuidar mejor de sí mismo y de las relaciones que tendrá con los demás”, explica el especialista.

El doctor Trevisi asegura que un encuentro con un profesional, una vez por semana, en un espacio tranquilo, donde además la mujer esté acompañada de su pareja y esta pueda interactuar, es de mucha ayuda para solucionar dudas típicas y entrar en armonía con ella misma.

“Lo primero que les recomiendo es que trabajen sus emociones en compañía de un profesional. Y lo segundo, escriban cómo se sienten. Si no tienen el sicólogo al lado, hacer esto no solo les aliviará, también les permite contrastar los sentimientos”.

 

 Una lista de chequeos

 1. Tamizaje prenatal de primer trimestre. Detecta con alta precisión la probabilidad de alteraciones genéticas que ocurren en el feto como consecuencia de una enfermedad cromosómica. Las más frecuentes y conocidas de estas son el Síndrome de Down, el Síndrome de Edwards y el Síndrome de Patau. Se realiza mediante un análisis de sangre y una ecografía, sin necesidad de recurrir en primera instancia a procedimientos invasivos. 

2. Biometría hemáticaDetecta padecimientos como la anemia y diversas infecciones. Para esto se toma una muestra de sangre y se analizan los glóbulos rojos, blancos y plaquetas. Se realiza en varias ocasiones para ver los cambios presentes en la sangre de la madre y así detectar a tiempo complicaciones.

3. Química sanguínea. Ayuda a determinar los niveles de glucosa, creatinina y ácido úrico, relacionados con el metabolismo de las proteínas y la digestión de los carbohidratos. Se realiza en ayunas y en varias oportunidades, con el fin de comparar los resultados y evitar enfermedades como la diabetes gestacional.

4. Grupo sanguíneo. Detecta el grupo sanguíneo y la existencia del factor Rh en la sangre de la madre. Debe realizarse apenas se diagnostique el embarazo. Se hace solo una vez.

5. Parcial de orina. Es necesario para detectar padecimientos renales e infecciones. En esta prueba se busca la presencia de glucosa, proteínas, cetonas, leucocitos, eritrocitos y bacterias.

6. Ecografía. Es indispensable para determinar la edad del feto y controlar su crecimiento y tamaño. También ayuda a establecer la existencia de enfermedades como el labio leporino y el paladar hendido. Se recomiendan mínimo tres a lo largo del embarazo y si en estas se detecta alguna anormalidad, el médico practicará un ultrasonido más detallado.

7. VDRLDetecta enfermedades venéreas, principalmente sífilis, mediante un análisis de sangre.

8. VIH. Esta prueba se realiza a todas las madres gestantes. Para ello, el médico le pedirá firmar un permiso. Se realiza una sola vez,  al igual que la anterior.

 Para tener en cuenta

Sobre todo, las embarazadas primerizas atraviesan dudas con respecto a las relaciones sexuales. Tenerlas no está contraindicado, a menos que se tenga un embarazo de alto riesgo.

 Los miedos más comunes son un embarazo inviable o no ser una buena madre, pero es absolutamente normal sentirlos, sobre todo en el primer embarazo.

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