Viernes 19 de Septiembre de 2014
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Revista Nueva
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Sábado 24 de Noviembre de 2012 - 09:43 AM

Adolescentes y drogas: ¡Alerta roja!

Revista Nueva/VANGUARDIA LIBERAL
Adolescentes y drogas: ¡Alerta roja!
(Foto: Revista Nueva/VANGUARDIA LIBERAL)
¿Cómo mantener a nuestros hijos alejados de este flagelo? ¿O qué debemos hacer si, por desgracia, ya la droga ha entrado en su mundo?

La droga es una realidad, en Colombia y en el resto del mundo. Y a pesar de nuestros mejores deseos, nuestros hijos no están exentos de caer en su trampa mortal.

¿Cómo prepararnos del mejor modo para ganarle la guerra? ¡Conociendo al enemigo! Y la primera pregunta que debemos hacernos respecto a ese oponente es: ¿qué motiva a un joven a acercarse a cualquier tipo de droga?

Las razones son diversas: desde la simple curiosidad, pasando por la imposición del círculo de amigos y las influencias en los medios de comunicación, hasta la predisposición genética en caso de que uno de los padres haya consumido drogas regularmente antes de haberlo concebido.

Por eso es realmente útil identificar los diferentes tipos de sustancias sicotrópicas.

¡Muchas y peligrosas!

Las drogas son tantas y con tan diversas variaciones, que la lista resulta interminable. Pero entre las más conocidas, y sus efectos, tenemos:

 Nombre

Efectos físicos

Efectos mentales

Marihuana: extraída de la planta Cannabis Sativa.

Aceleración de latidos y pulso, enrojecimiento de ojos, disminución de reflejos  y resequedad en la boca.

Reducción de memoria a corto plazo y de concentración.

Cocaína: extraída de la hoja de coca.

Dilatación de pupilas, aumento de presión sanguínea y temperatura.

Excitación y depresión tras la pérdida del efecto.

LSD, elaboración sintética de la ergolina y triptaminas.

Pupilas dilatadas, insomnio, parestesia.

Alucinaciones, distorsión del tiempo, risa sin razón aparente.

Heroína, proveniente del opio.

Reducción de secreciones como moco y saliva, disminución de las pupilas.

Sensación de paz y/o euforia, posibles alucinaciones, disminución de la conciencia.

Éxtasis, sintetizada a partir del MDMA

Aumento de la energía, alta sensibilidad, taquicardia, sudoración, aumento en la temperatura, posibles vómitos, pupilas dilatadas.

Ansiedad, euforia, estado subjetivo de placer, locuacidad.

Hongos o setas, de los cuales hay más de 200 especies

Dilatación de pupilas, vértigo y posible malestar estomacal.

Alucinaciones, risa, introspección, paranoia, miedo, aumento de la creatividad.

Crack, derivado de la cocaína

Secreción de dopamina, aumento de vigor, aumento en frecuencia cardiaca,

Ansia por consumir más, euforia, desinhibición,   depresión.

¿Cómo disminuir el riesgo?

Siempre hay tácticas para evitar que nuestros hijos sean seducidos por las drogas.

Aunque nuestros mayores esfuerzos no garantizan totalmente que no entren en contacto con drogas, sí constituyen una herramienta para estar alerta a cualquier peligro.

El primer paso es conocer los síntomas y estar alerta si comenzamos a verlos demasiado inquietos, desaliñados en su vestir, retraídos (si antes eran muy extrovertidos) o excesivamente locuaces (si eran más bien callados), con desinterés en socializar (o por el contrario, estando muy ausentes de casa y siempre llegando con las pupilas dilatadas o muy pequeñas) o respondiendo con evasivas reiteradas cuando les preguntamos dónde han estado.

Así mismo, debemos estar atentos a marcas de jeringa en su cuerpo o alteraciones en sus patrones de sueño regulares.

En segundo lugar está el deporte, siempre un sano esparcimiento. Involucrarlos en estas actividades puede mantenerlos alejados de la droga. También funciona otro tipo de actividades, lúdicas o extracurriculares.

Recientes estudios han comprobado que el simple hecho de comer regularmente juntos mantiene la unidad familiar y es un buen momento para hablar con los hijos sobre sus asuntos personales y de estar pendiente de cualquier nuevo amigo o amiga que llega a la vida de ellos. Esto, naturalmente, respetando en la medida de lo posible los espacios de los jóvenes.

El diálogo y la comunicación en la familia son primordiales; si es imposible mantener una conversación normal con nuestros hijos, esto puede indicar que probablemente estén involucrados en algo que desean ocultarnos.

Del mismo modo, prestar atención al ambiente educativo es clave. Muchas veces es en el colegio, o con amigos del mismo, donde se entra en contacto con las drogas. Cada señal de alarma dependerá específicamente del adolescente en cuestión, pues no todos son iguales.

Cuando ya cayó…

¿Qué hacer si nuestro hijo ya ha sido alcanzado por la adicción?

Los expertos están de acuerdo: no vale la pena culparnos. Las decisiones que los jóvenes toman son suyas y con echarnos el agua sucia encima no vamos a solucionar nada.

Lo importante es que, ahora que hemos comprobado que tenemos ante nosotros el problema, debemos dar con una solución.

Confrontar a nuestro hijo será el primer paso. Debemos estar preparados para que lo niegue en primera instancia. Si lo acepta, pero asegura que solo se ha tratado de una experimentación sin consecuencias, debemos hacerle ver que probablemente no está del todo informado sobre los graves riesgos a los cuales se ha expuesto, tanto a nivel mental como físico.

Segundo, acudir al médico. Él verificará mediante exámenes de monitoreo toxicológico qué tan afectado está su organismo o si se ha contagiado de alguna enfermedad por el hecho de compartir jeringas.

También determinará si debe lidiarse con episodios sicóticos que la droga pueda haber fomentado.

Luego se aconseja una terapia sicológica que develará aspectos como:

-  ¿Por qué acudió a las drogas, en primera instancia?

-  ¿Hay problemas que el joven afronta, y que no conocemos?

-  ¿Cómo entró en contacto con la droga? (Si fue por un amigo, se aconseja contactar a los padres del mismo, sin importar que nos reclamen o nos tilden de chismosos; se trata de ayudar a otro ser humano).

-  ¿Está dispuesto a aceptar que tiene un problema y a recibir ayuda, tanto familiar como de un experto?

Y muchas otras variables que dependerán de cada caso particular, como la atención farmacológica por cuenta de un siquiatra.

El especialista debe dictaminar el nivel de dependencia, si es física (la heroína y derivados del opio la producen, y en casos extremos no consumirlas más puede generar un paro respiratorio) o fisiológica (cuya suspensión del consumo no genera consecuencias tan graves, aunque sí puede existir síndrome de abstinencia).

Medidas drásticas

Generalmente, si la adicción no supera un año, la terapia incluirá tanto sesiones externas como cuidados en casa.

Si es superior a un año (o no es así, pero la cantidad ingerida ha sido mucha), se recomienda algo más drástico: asistencia a grupos de apoyo, fundaciones e incluso ser internado en clínicas especializadas; esto en casos especialmente graves que requieran constante monitoreo.

Dichas fundaciones tienen sus propios protocolos de desintoxicación y terapia. Buscando en el directorio telefónico aparecen diversas o el médico puede orientar en cuánto a una en particular, basado en sus propias experiencias clínicas y casos exitosos de recuperación.

Si tenemos conocidos que han estado en esta situación, podemos preguntarles a ellos cómo fue su travesía y qué concepto tienen de una determinada fundación.

No se recomienda buscar entidades que no tengan un aval certificado, o de las cuales no haya muchas referencias. Sobra recordar que mal llamados médicos o terapeutas sicológicos, pueden ostentar el manejo de una institución de estas, pero posiblemente su preparación, trayectoria e intenciones no son las ideales ni las más éticas.

Si se decide a internar a su hijo en un lugar de estos, allí recibirá orientación sobre cómo brindarle apoyo, qué tanto visitarlo, tutorías para prevenir una recaída y mucho más. Además, estando en contacto con otros que han pasado por lo mismo, el adolescente experimentará la denominada “terapia de espejo”, que consiste en ver a otros que seguramente están peor que él…, esto podría ser clave para que entienda su error.

Tratamiento en casa

Si el consejo del experto es mantenerlo en casa mientras entra en terapias individuales, existen ciertas medidas que seguramente recomendará:

-  Estar siempre dispuestos a escuchar y no mostrarse como figuras intimidantes. Todo lo contrario: como padres dispuestos a apoyarlo siempre. Existen 4 tipos de padres: a) el autoritario (cuya actitud estricta puede traducirse en poco afecto), b) el ausente, c) el permisivo y d) el democrático (que es abierto a la comunicación, pero al mismo tiempo no tiene inconveniente en hacer ver a los hijos las consecuencias de sus actos). ¿Cuál prefieres ser usted?

-  Asegurarse de que el muchacho acuda puntualmente a cada terapia con el especialista. Llevarlo y traerlo personalmente es mucho mejor.

-  Evitar las recriminaciones. De nada sirven y lo importante no es repartir culpas, sino encontrar soluciones.

-  Fortalecer las actividades familiares que lo alejen de otras tentaciones.

-  Revisar periódicamente su habitación. Hablamos arriba acerca de respetar los espacios de los hijos; pero con un adicto comprobado el asunto cambia y no es irrespeto verificar si en su mesa de noche guarda algo nocivo… ¡Eso es amor hacia él o ella.

-  Revisar su cuerpo, en caso de que sea adicto a cualquier sustancia que se inyecte con jeringa. Esta deja marcas y por ello debemos estar atentos a brazos o muslos especialmente, que es donde sobresalen más las venas. Pero, ¡atención! Siendo conscientes de estas huellas, algunos jóvenes pueden optar por lugares menos obvios, como entre los dedos de los pies o manos, y cualquier área que se disimule fácilmente con la ropa.

-  Restringir o vetar el contacto con aquel amigo o amiga que lo introdujo a las drogas. Esto no quiere decir que no sea nuestro problema, pero sí es preferible que su influencia no esté más en la vida de la persona a quien afectó en primera instancia.    

-  Seguir al pie de la letra cualquier recomendación del terapeuta.

Hablemos de alcohol

Por regla general, debe prestarse atención al factor alcohol. Aunque no es esta adicción la que haya detonado el problema en primera instancia, sí es una sustancia que por su efecto sobre la conciencia, puede derivar en perder la voluntad bajo su consumo, y por ende, en generar susceptibilidad a volver a otras sustancias con las cuales se batalló antes.

Dependiendo del caso específico, de la droga, del grado de adicción y muchos otros factores más, eventualmente se hará un “desprendimiento gradual” que consiste en un regreso del joven a su hogar y periódicas reuniones con su asesor, quien irá supervisando su progreso.

La droga debe verse como una enfermedad de por vida, comparable a la diabetes, y una simple estadía en un lugar de apoyo no garantiza que eventualmente reincida o recaiga.

¿Y si reincide?

Ante todo, no hemos fallado ni significa que toda la atención médica y sicológica haya sido en vano. No. Significa que sea cual sea la razón (falta de voluntad del joven, nuevas malas influencias, viejas influencias que reaparecieron sin darnos cuenta, etc.), el fantasma de la adicción sigue presente en nuestra vida y la de nuestro hijo.

Entonces debemos redoblar esfuerzos y volver a empezar un proceso que seguramente será diferente y más blindado contra eventuales fallas o tentaciones.

Reincidir es una cosa y recaer del todo es bien diferente. En este caso se harán necesarias medidas extremas que exigirán un monitoreo total y mucho compromiso de nuestra parte.

Para tener en cuenta

La marihuana es la droga con la que muchos empiezan. La mayoría ignora que los expendedores suelen mezclarla con bazuco, para generar adicción entre los niños y jóvenes, quienes sin saberlo, suelen restar importancia o gravedad a su consumo.

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