Pensar, sentir y actuar, son tres elementos que juntos se convierten en algo casi imposible de realizar para los adolescentes, quienes durante el proceso de descubrimiento de su personalidad están en constante conflicto interno y carecen de los criterios necesarios para definir su postura respecto a esos tres estados.




Las relaciones familiares en la época de la adolescencia generalmente son algo accidentadas debido a los cambios a los que se enfrentan los jóvenes en esa etapa.
Aunque con los amigos se comparte todos los días en el barrio, el conjunto o el colegio, siempre hay momentos en que hacer lo mismo llega a ser tedioso, razón por la que se actividades como las salidas a cine, las salidas a fiestas y por qué no las pijamadas, se convierten en planes que suelen ser muy entretenidos para el adolescente, pero poco gratas para los padres.
“La ropa que me pongo, las personas con las que salgo, la edad de mi novio, las salidas a bailar, mis propios amigos, las palabras que utilizo y hasta la música que escucho, se han vuelto los temas favoritos de mis papás para hacerme la vida imposible”, dice Camila Rodríguez una adolescente de 16 años, que ya no sabe cómo hacer para que sus padres no le cuestionen todo lo que hace o dice.
Los códigos que se establecen en una amistad son incontables y en cada caso diferentes, sin embargo el que parece ser el punto en común en ellos es precisamente “no meterse con la o el ex de tu amiga/o”.
