El jolgorio, las risas, las máscaras, la ropa colorida y hasta la vejiga de la vaca hacen parte de la tradición de Floridablanca. Es algo que no se puede tocar y que no genera dinero, pero que se puede identificar y heredar.
Publicado por: Redacción Vanguardia
Este es el patrimonio cultural inmaterial. Los matachines de Floridablanca hacen parte de él y con ellos, otras 12 personas que con su vida y trabajo conservan la cultura de la región y que ayer fueron homenajeados a las 3:00 p.m. en un evento organizado por la Gobernación como parte de su compromiso con la Unesco: identificar y proteger el patrimonio cultural inmaterial de Santander.
Los homenajeados llegaron desde temprano. Los Luceros de Oiba, un grupo de cantores del folclor comunero, tocaron al mediodía como parte de las actividades de esta segunda jornada de identificación del patrimonio cultural inmaterial del departamento. La primera jornada se realizó el año pasado por esta misma fecha y exaltó a 43 expresiones culturales, entre ellas a Las Guabineras de Vélez.
Para elegirlos se realizó una plenaria en cada municipio donde se invitó a la población general y se les pidió a los líderes de las comunidades que enunciaran a las personas que cumplieran con los requisitos para ser declarados patrimonio cultural inmaterial, según explica Javier Félix, Vigía del Patrimonio cultural de Santander.
El antropólogo escogido para este trabajo y quién se vinculó sobre la marcha en la tarea de la identificación de las personas, Ariel Antonio Palomino, explicó que la clave para hacer la selección tuvo que ver con las raíces populares del oficio que realiza la persona. Por ejemplo, el trabajo con el fique de la tejedora Elena Prada de Velandia en la provincia Guantentina, tiene su base en la resistencia del pueblo de San Joaquín para sobrevivir a la llegada del plástico. Además de que es un oficio heredado de los ancestros indígenas Guanes.
¿Y qué se gana con el homenaje? Básicamente se gana la memoria. El olvido es una característica de las sociedades modernas, dice Palomino y es por esto que el reconocimiento y la memoria son la clave de nuestra cultura.
fICHAS
FELISA ALQUICHIRE, LA HEREDERA DE LOS GUANES
Doña Felisa Alquichire es una mujer campesina por cuyas venas corre sangre Guane y se precia de ser la descendiente directa del pueblo aborigen. Trabaja con el barro artesanías únicas y la comunidad le ha dado tal reconocimiento que fue declarada públicamente como la alfarera guane de una vereda de Barichara. Doña Felisa tiene 82 años y una de sus hijas continuará con su legado. Asegura que se siente cansada y que espera que se le otorgue una pensión porque ya no puede trabajar como antes.
HELENA ALICIA VELANDIA DE PRADA, la resistencia del fique
Doña Helena trabaja con el fique hace 50 años y su legado cultural fue heredado por tradición familiar, el cual fue trasmitido y socializado en el municipio de San Joaquín cuando era uno de los mayores pueblos fiqueros de Santander. Doña Helena ha organizado una resistencia cultural al plástico en San Joaquín y ha convertido sus tejidos en productos apetecidos en el exterior.
JORGE AMíLCAR ARDILA, la música en la sangre
Don Jorge Amílcar es un educador del pueblo que lleva en sus venas el folclor y la pasión por el patrimonio cultural inmaterial y que toda la vida ha enseñado y difundido los conocimientos acerca del torbellino versiao o moño y ha luchado en su comunidad por la preservación y promoción de este legado.
JUAN JOSÉ GÓMEZ, el maestro del folclor
En su natal Betulia Don Juan José Gómez, como músico de pueblo, ha tenido una lucha persistente por mantener vivo el legado cultural, herencia de sus antepasados y por dar a conocer entre los más jóvenes la práctica de la música tradicional, inculcando el folclor y la añoranza en las costumbres campesinas. Don Juan José fabrica instrumentos musicales y tiene escuela de semilleros de amigos de la música tradicional, a los que trasmite sus saberes con arraigo en la tradición cultural del pueblo de Betulia.
ALFONSO CUBILLOS MOLANO, el lucero cantor
Don Alfonso Cubillos y sus Luceros de Oiba son representantes del repertorio musical santandereano, que ha persistido en su legado y se ha mantenido en la Provincia Comunera luchando por la cultura.
ALIX ORTEGA DE ALBARRACín, guarapo para la sed
Doña Alix es la vecina del municipio de Suratá que ejerce un liderazgo en la comunidad y desde hace cinco décadas prepara el guarapo más reconocido en la región. En su finca La República guarda el secreto que se compone básicamente de mucha panela y, como ella dice, también una 'buena mano'. Con doña Alix también ha sido homenajeado El Guarapo como una bebida del pueblo trabajador santandereano, bebida que ha estado presente en la vida cotidiana de los campesinos y de los pobladores del territorio andino desde cuando los españoles introdujeron la caña de azúcar. El guarapo es la bebida que calma la sed porque, como dicen ellos, 'la caña ha sido amarga para los que la trabajamos'.
HÉCTOR HUGO ARTEAGA
Los Matachines nacen el barrio La Cumbre hace 44 años y don Antonio Reyes y su familia fueron los primeros en traer la idea. Se sacaron ocho matachines y fue un éxito. Héctor vivía en el barrio y de inmediato se vinculó y se convirtió en su principal promotor. Hoy cuentan con 250 matachines que con el colorido de sus trajes y sus coreografías, así como el baile carnavalesco, calaron en el corazón de la región. El matachín hace parte de la identidad del pueblo y permanecerá en el tiempo porque se construye en un espacio a donde llegaron y llegan las gentes de los pueblos y de las comunidades.
NOHEMA CADENA DE BUENO
Las artesanías del Pauche de Zapatoca son resultado de la actividad de un colectivo de mujeres entre las que se encuentra Doña Nohema Cadena, que recogió los conocimientos y las técnicas que tienen que ver con esta materia prima que se extrae de un árbol y que permite hacer objetos y figuras para la decoración. El haber recuperado un saber hacer que estuvo a punto de desaparecer, como le ocurrió a la tagua en tierras santandereanas, es un gran paso en aras de la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial y ayudó a construir, con el concurso de otras mujeres, una producción que ha permitido posicionar el Pauche en el mercado de la artesanía.
JOSE MANUEL ZAPATA, el héroe manatí
Como representante de la comunidad de la vereda el Cerrito del municipio de Sabana de Torres, Juan Manuel se ha dado a la tarea de restaurar y liderar el proceso de recuperación del hábitat del Manatí, el cual se ha convertido en una preocupación por socializar conocimientos y rescatar otros que tienen que ver con la defensa de los ecosistemas amenazados. Un patrimonio natural representado en una especie acuática al borde de su extinción ha llevado a una comunidad a través de este líder a plantearse la urgencia de recuperar el patrimonio cultural inmaterial heredado de sus antepasados.
FRANCISCA BUENO, matrona del algodón
Doña Francisca Bueno es artesana del algodón que con un colectivo de mujeres de Charalá rescata todos los días con su trabajo la memoria de un saber hacer que perteneció al pueblo Guane. Ella y sus compañeras se organizaron en Corpolienzo para sacar adelante el tejido con algodón. Este empeño las llevó a crear la casa comunitaria Museo del Lienzo de la tierra en Charalá, donde se exponen prendas que cuentan la historia del algodón y de los textiles santandereanos desde la época de los Guanes hasta su actual renacimiento. Sus compañeras más jóvenes continuarán con el legado.
ALVARO MUÑOZ CHAVEZ, silbador del magdalena
Don Álvaro Muñoz es un vecino de los barrios populares de Barrancabermeja y como todos los hijos de emigrantes que nacieron en el Puerto Petrolero desde pequeños buscaron trabajo y mejores oportunidades de vida. Realizó diferentes oficios desde muy temprana edad y a los 10 años un pariente cercano lo inicia en el arte del silbo melódico convirtiéndolo en un pequeño pájaro cantor, heredero del legado cultural. Para él no existe melodía difícil y su hijo ya se entrena para conservar la tradición del silbo.
POLICARPO HORMIGA BETANCOUR, el curandero mayor
Don Policarpo Hormiga del pueblo de Enciso es portador de esa tradición de la gente de antes, cuando las personas eran muy sociables, atentas y solidarias y además, conocedores de métodos curativos a los cuales se recurría en ciertas enfermedades y trastornos de fácil curación, para lo cual utilizaban plantas medicinales que estaban a su alcance y que crecían en los entornos locales. Para él, las enfermedades más difíciles de curar son la artritis y claro, las del corazón.
LUIS ALBERTO PORTILLA JAIMES, maraquero de málaga
Luis Alberto es un reconocido ciudadano de Málaga, que durante toda su vida se entregó al toque de las maracas, siendo un creador y animador cultural en tiempos de fiestas y celebraciones populares. Aunque está enfermo, comparte su legado cultural aprendido en el paso por la vida militar.











