La carrera 15, considerada como la ‘espina dorsal’ de la capital santandereana, sigue sumergida en el abandono oficial. ¡Acompáñenos a recorrerla!

Publicado por: EUCLIDES ARDILA RUEDA
Comenzó como un simple atajo y terminó siendo la principal vía de Bucaramanga. Quienes la conocieron en sus comienzos la definían como una modesta callejuela, atravesada por quebradas y llena de pisos desiguales que terminaban en terraplenes.
Hoy, la famosa carrera 15, la que en la pila bautismal recibió el nombre de ‘Avenida El Libertador’, dista mucho de ese viejo camino.
De ella, los historiadores recuerdan los puentes del Comercio y el de la Avenida ‘Camacho’ que, en ese tiempo, les permitían a los bumangueses ‘sortear’ las hondonadas de la Quebradaseca y los ‘acercaba’ a Rionegro.
A finales de la década de los 50 se firmó la ‘pena de muerte’ de todas las quebradas que atravesaban a la meseta. Fue entonces cuando la 28, mejor dicho, la Quebradaseca con 15 terminó ‘sepultada’ en medio de toneladas de basura.
Al desaparecer los pasos elevados, la parte histórica de Bucaramanga logró comunicarse con más facilidad con el ‘Llano de Don Andrés’, el cual sirvió de asiento a los barrios La Universidad, Mutualidad, Modelo, Chapinero y otros más que se ‘besaban’ con el monumento de la Virgen.
La década de los 60 fue la ‘época dorada’ de la 15. Un alcalde llamado Francisco Páez logró demostrar que el cruce de la calle 36 con 15 se constituía en el kilómetro cero de la carretera nacional a Bogotá y consiguió el concurso financiero del Ministerio de Obras Públicas.
Fue así como los dineros del presupuesto nacional contribuyeron a la prolongación de la Diagonal 15, tal como se le llamó a la obra.
Hay que decir, eso sí, que antes de ello se había demolido el edificio de los Correos y de los Telégrafos, que finalmente le había dado paso a la prolongación de la calle 36 hacia el occidente.
La Diagonal 15 enfrentó un gran obstáculo: la Quebrada La Rosita. En su tiempo, los conceptos técnicos ordenaron que era necesario rellenar la cañada con escombros para canalizar el afluente mediante una tubería especial. Para los urbanistas, la medida fue un desacierto porque, según argumentaron, se eliminó del paisaje urbano los pocos recursos naturales que existían sobre la vía. Sin embargo, la obra se ejecutó y logró comunicar al sector de la calle 45 con la Puerta del Sol, convirtiendo a la carrera 15 en el más importante punto de conexión vial del municipio.
La 15 no es la misma de antes. Por allí ya no pasan las mulas cargadas con mercancías que llegaban de Puerto Botías o Puerto Santos. Ahora, por el popular ‘camino de atajo’, circula un moderno transporte masivo que, a decir verdad, no ‘arranca’ del todo.
Y si bien es cierto que durante sus inicios la carrera 15 era una vía solitaria, por la que se paseaban los ricos de la época con sus flamantes carros recién traídos de Europa y Estados Unidos, se puede decir que la historia ya cambió. Las damas y los caballeros fueron reemplazados por las prostitutas, los ladrones y los gamines, quienes se camuflan entre los ciudadanos de bien para realizar sus fechorías.
El punto más inseguro de la 15 es el tramo que va de la calle 33 hasta la avenida Quebradaseca, especialmente en el horario de las 5 de la tarde y las 10 de la noche.
Los mayores delitos que se cometen en la zona son los raponazos y las ventas de drogas alucinógenas.
Como si fuera poco, después de las 11 de la noche a este tramo de la carrera 15 se lo ‘toman’ los travestis.
Además, quienes deben pasar por la carrera 15 se ven obligados a ‘estrellarse’ con cuanta venta ambulante encuentran. Desde la Quebradaseca hasta la calle 37, la vía es hoy el más grande ‘mercado persa’ de la ciudad. En las calles 33 y 34 los espacios para el peatón son arrebatados por los informales. Así las cosas, las calles deben ser empleadas para la movilización de los ciudadanos.
Casi todas las aceras de la carrera, sobre todo en los puntos de intersección de las calles 30, 33 y 34, viven atestadas de ventas estacionarias.
La basura en las calles, separadores y puentes peatonales es otro de los dolores de cabeza de la comunidad.
De manera adicional, la falta de autoridad es el común denominador de la carrera 15. Pese a que hace dos meses llegaron cien policías de tránsito, que en el papel reforzarían las labores de Tránsito, es evidente que esta es una de las tantas vías de la ciudad en donde la gente “hace lo que se le da la gana”.


















