Ante la inoperancia de las autoridades viales, quienes permitían que a diario se parquearan carros y motocicletas sobre la acera de la carrera 25 con calle 31, los vecinos de ese lugar optaron por adecuar allí unos singulares ‘bolardos’.

Publicado por: euclides ardila rueda
Todo ocurrió hace unas cuantas semanas cuando a los residentes del edificio Lengerke, de manera literal, “se les salió la piedra” y pintaron rocas con colores amarillo y negro para adecuarlas a lo largo y ancho del trayecto peatonal.
Si bien es cierto que esta iniciativa no es legal, ni mucho menos es técnica o urbanística, también lo es el hecho de que fue la única forma para que la comunidad lograra su propósito de hacer respetar el espacio que les es propio a los transeúntes.
Incluso esta medida, que causó estupor entre muchos conductores, comenzará a ser aplicada en algunas cuadras vecinas.
Para los residentes en esta zona, la iniciativa debería ir más allá. Por tal motivo, le plantearon a Tránsito Local instalar más bolardos en diferentes zonas de la capital santandereana para facilitar el desplazamiento de los peatones y garantizar su seguridad.
La instalación de estos bolardos era una petición que los propios residentes ya le habían planteado a la entidad. Sin embargo, la inquietud no tuvo eco oficial.
Por eso, la comunidad justificó la decisión de adecuar sus bolardos “por ser la única fórmula para garantizar que el paso de peatones por esta zona, que es de alto flujo vehicular, cuente con la mayor seguridad posible”.
Además, con los bolardos también se pudo “impedir la invasión del espacio público, liderada por conductores que estacionan sus vehículos de áreas que son de uso exclusivo de los peatones”.
La Dirección de Tránsito dijo que hoy emite su concepto sobre este singular hecho.










