Conozca la historia del mítico grupo bumangués Éxodo, en sus 50 años de voces, memoria y leyenda.

Han pasado 50 años desde aquella mañana del 26 de mayo de 1975, cuando los entonces ‘pequeños gigantes’ se reunieron por primera vez para entonar juntos las melodías que más tarde marcarían a generaciones enteras. Todos ellos adoptaron un nombre artístico que los catapultó: Éxodo.

A los jóvenes de hoy tal vez no les suene esa palabra en clave artística, pero quienes nacieron en los años 60, 70 y 80 tienen claro que, además de evocar un gran capítulo de las Sagradas Escrituras, esa expresión es testimonio de una camada de jóvenes artistas que triunfaron en muchos escenarios.

La agrupación de “hombres niños” encontró su destino bajo la guía del maestro Jesús Porras Ruiz, quien no solo los dirigió, sino que les dio un nombre que se volvió leyenda.
Él mismo recuerda que todo nació cuando dirigía el coro del colegio Virrey Solís. En ese entonces, soñaba con tener una agrupación que perdurara en el tiempo, que trascendiera y que le permitiera desarrollar un proyecto original. Por eso, no dudó un segundo cuando tuvo la oportunidad, en el colegio La Salle, de conformar Éxodo: el grupo coral más importante de Santander, que recorrió el país de oriente a occidente y de norte a sur.

En sus inicios, tuvo que hacer una gran cantidad de audiciones -a cerca de 1.000 jóvenes de distintos planteles de la ciudad- para quedarse con un pequeño grupo que, a la postre, sería el que brillaría. Eso sí, con cambios de voces cada vez que los menores alcanzaban la mayoría de edad.
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¡Su idea fue un éxito rotundo! Con melodías llenas de mensaje, este estricto hombre de barba se ganó la admiración de miles y miles de personas que hoy, cinco décadas después, recuerdan con cariño toda esta historia musical.
Con Chucho -como siempre se le conoció al maestro Porras Ruiz- no solo emprendieron un viaje musical, sino también una travesía emocional que los llevó a los corazones de muchos.
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Al principio, eran la sensación en las izadas de bandera de los colegios, en las alboradas de cumpleaños de los barrios, en las misas solemnes de Semana Santa... En fin. Pero no pasó mucho tiempo antes de que sus voces conquistaran la radio.
Bajo el apoyo generoso y profesional de figuras como el icónico locutor Édgar Serrano Gómez, Éxodo llegó a todos los rincones, y con ello, a todos los recuerdos.
En estas cinco décadas, más de 300 jóvenes se presentaron en docenas de escenarios. Cada uno dejó una huella, una nota, una voz icónica. Clásicos como Tres campanas, Aleluya, El amigo es, Éxito, Septiembre negro, Diciembre blanco se hicieron parte del repertorio de nuestras vidas. Y cómo olvidar Un amigo como tú, aquella canción que Ángel Martín Portilla inmortalizó con una voz que parecía venida del cielo.

Canta más bien que llorar, del artista Fausto, fue otra interpretación emblemática del grupo. Su letra era una invitación a resistir, a recordar con esperanza. Como si fuera un guiño del destino, hace algunos años la voz del solista original, Mario Enrique Gómez, volvió a grabarla como si el tiempo hubiera retrocedido sobre sus pasos.

Una de sus presentaciones más icónicas se dio cuando San Juan Pablo II visitó Bucaramanga, el 6 de julio de 1986, en el escenario habilitado de lo que, más tarde, sería la urbanización Torcoroma. Aunque, años atrás, también se recuerda cuando cantaron junto a la mítica agrupación puertorriqueña Menudo, en el Club Unión, el 24 de marzo de 1983.

Pero Éxodo no solo cantó, también actuó. Filmaron cortometrajes, grabaron 7 LP con Sonolux, sumaron otros 7 álbumes originales y más de 60 canciones. Y es que su legado no solo está en la música, sino en la memoria de una generación.

Éxodo finalizó su actividad el 26 de mayo de 2008. Su director, Jesús Porras Ruiz, cerró el ciclo dejando una gran huella y con la plena satisfacción del deber cumplido. Sin embargo, muchos siguen añorando a Éxodo.
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Hoy, muchos de los protagonistas de esta historia son hombres canosos que, pese al paso del tiempo, siguen entonando las voces de antaño con el mejor timbre de sus recuerdos. Dicen que ese fuego que los unió sigue ardiendo, aunque ya no bajo el rótulo de Éxodo. Muchos de ellos, junto a músicos como Ánderson Cepeda, siguen cantando. Y lo hacen con la misma pasión de siempre.
En estas cinco décadas, Éxodo nos recuerda que nuestras generaciones sabían quiénes eran, qué soñaban y cuánto les quedaba por cantar. Porque hay grupos que no envejecen, porque hay historias que se quedan a vivir con nosotros y porque hay artistas -los que conformaron a Éxodo- que quedan tatuados en el alma de los ‘hombres niños’.
















