miércoles 29 de septiembre de 2021 - 10:00 AM

Alertan escasez de morfina para pacientes oncológicos en Santander

La muerte Digna es un derecho humano. El derecho a morir dignamente es una extensión natural del derecho fundamental a vivir dignamente
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¿Usted dónde quiere morir? Esta pregunta es hipotética, pero plantea una discusión vigente en el país sobre la eutanasia y el derecho a morir de forma digna. Por eso hablamos con Omar Fernando Gomezese Ribero, médico anestesiólogo, especialista en dolor y cuidado paliativo de la enfermedad. Además es director de la Clínica de Dolor y cuidado paliativo del Hospital Internacional y de la Fundación Cardiovascular de Colombia.

* ¿Qué se entiende por dignidad al morir?

El bastión, la columna fundamental de la dignidad al morir es la autonomía. Es que se pueda hacer las cosas tal cual como yo autónomamente las quiera hacer, siempre y cuando eso no viole el derecho de otra persona. Pero, resulta que para ser autónomo, yo tengo que tener todas las opciones sobre la mesa. El poder elegir. Si a mí me dicen, es que la única posibilidad para su enfermedad terminal es eutanasia, y no me contaron que había una cirugía que me podía curar, que había una droga que me podía quitar el dolor, o que había un tratamiento que me podía quitar la fatiga, mi derecho de autonomía no fue completo porque no tuve todas las opciones sobre la mesa. Cuando uno revisa hoy en día en el mundo por qué la gente solicita eutanasia, el 70% de las personas la pidieron porque tenían un dolor que nadie pudo controlar.

* ¿Y se podía controlar ese dolor?

Esa es la pregunta que nos tenemos que hacer. ¿Qué tan posible es aliviar los dolores producto del cáncer? La respuesta es que es muy posible en la actualidad. El dolor en cerca del 98% de los pacientes con una enfermedad terminal oncológica, ojo que es diferente de otros dolores, es aliviable.

¿Qué tan bien se alivia el dolor de pacientes oncológicos en el país?

Aquí es donde encontramos grandes problemas. Voy a empezar a explicar por qué tenemos grandes problemas. Empecemos con los medicamentos: la morfina y sus derivados. Nunca en el país, desde que yo tengo recuerdo, llevo 20 años ejerciendo la medicina y el cuidado paliativo, habíamos tenido una escasez tan grave de opioides potentes, que es la piedra angular para el tratamiento del dolor. En la actualidad Santander se encuentra sin morfina en gotas, que es el medicamento básico para aliviar el dolor. Llevamos cerca de dos o tres meses sin este medicamento. Hay otras opciones de medicamentos, más costosas y a las cuales no tiene acceso toda la población.

* ¿Por qué no hay morfina?

Sucedió que los pacientes COVID-19, con la pandemia, hicieron un sobregasto de opioides, sedar estos pacientes en cuidado intensivo era muy difícil. Consumían dosis altísimas y no teníamos suficientes. No obstante, la escasez de opioides es un mal generalizado en Colombia hoy en día, y es un mal que viene de hace muchos años que no ha sido fácil solucionar. Muchas personas dirán que es muy fácil resolverlo comprando más morfina. Eso no es tan sencillo. Esta producción depende de una junta internacional fiscalizadora de estupefacientes, que asigna cuánto puede comprar Colombia. Cambiar los cupos no es fácil. Hay un trámite burocrático que es bastante complejo. Curiosamente el país se concentra en hablar de eutanasia, pero no hay una sola noticia en ningún medio de comunicación hablando de la terrible escasez de opioides que sufre el país.

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* ¿Qué pasa con los pacientes que requieren morfina en gotas?

Los médicos tenemos que saltar matones para tratar de controlar dolores con otras drogas, con medicamentos equivalentes. No es fácil y no es tan efectivo. Y claro, si yo no le alivio el dolor a un paciente, él me pedirá la eutanasia. No hay que salir corriendo a hacer la eutanasia. Se necesita conseguir los medicamentos. Vengo de hablar con dos pacientes que estaban con metadona, que es una droga seis veces más potente que la morfina. No tenemos esa droga ahora en Santander. Se acabó. Los pacientes están desesperados y las opciones que tengo son muy pocas y no logramos controlar el dolor como lo manejábamos con metadona. Esto es un problema gravísimo en todo el país.

* ¿Los pacientes soportan el dolor?

Lamentablemente sí. Estoicamente soportan el dolor. Pero ese es uno de los problemas que tenemos. Le voy a enumerar otro. Siendo yo presidente de la Asociación Colombiana de Cuidado Paliativo, hace tres años, hicimos una encuesta de cuántas universidades educaban a sus médicos generales en el manejo básico del dolor y el cuidado paliativo. Y de las cuarenta y pico facultades de medicina que tiene Colombia, solamente cuatro tenían programas de cuidado paliativo. ¿Eso qué quiere decir? Los médicos generales, nuestra primera línea de atención en pacientes médicos, no tienen educación suficiente en cuidado paliativo. En el 2017 hicimos un cálculo. Estimamos que unos 300 mil pacientes en el país requerían los servicios de un especialista en cuidado paliativo. La capacidad instalada que tiene Colombia lograba cubrir entre 25.000 y 30.000 pacientes, sumando todas las clínicas de todo el país, es decir, tenemos un déficit salvaje. Alguien dirá: ‘contraten más especialistas’. No obstante, formar un especialista es un proceso que puede tardar de cinco o seis años. Conseguir un especialista, al que todo paciente tiene derecho, no es fácil. En la actualidad tenemos en el país cerca de 150 especialistas.

* ¿Ante el dolor los pacientes piden la eutanasia?

Si yo padezco un dolor terrible, pido terminarlo con la eutanasia. A mí me la han pedido. Cuando sucede, lo primero que les pregunto es por qué quieren la eutanasia. La respuesta, la mayoría de veces, es para poner fin a un dolor. Una vez aliviamos ese dolor, con algún medicamento con tratamiento, casi siempre el paciente pierde su afán de morirse. El deseo de la eutanasia está relacionado a algo que le generaba un sufrimiento.

* ¿Qué tan frecuente son esos casos en Santander?

Es relativamente frecuente. Casi todo el mundo cuando recibe una noticia de un cáncer terminal considera la eutanasia. Lo voy a poner en palabras de un paciente que me decía: ‘yo no le tengo miedo a la muerte. Le tengo miedo al proceso de morir. Le tengo miedo al sufrimiento’.

* ¿Qué tanta gente muere en Santander sufriendo dolor por causa de una enfermedad terminal?

Creo que bastante. No tenemos la estadística de cuántos mueren, pero tenemos una estadística que nos puede ayudar y que nos ayuda a entender. Este es tal vez mi argumento fuerte con respecto a lo que sucede al hablar de eutanasia. La Organización Mundial de la Salud se inventó un índice para calcular el grado de alivio del dolor en cáncer para un país. Lo toma convirtiendo todas las opioides a su potencia equivalente en morfina y mide el consumo per cápita de morfina. En el 2018 nuestro consumo per cápita de morfina estaba en 7,5 miligramos. ¿Es mucho o poco? Hagamos una comparación, por ejemplo, con la Holanda de 1998.En esa fecha ellos legalizaron la eutanasia. En ese momento Holanda tenía un consumo per cápita de 150 miligramos de morfina. La diferencia es enorme. Creo que la cantidad de colombianos que mueren con dolor es muy alta.

* ¿Cómo entiende la familia del paciente el proceso de morir dignamente?

Lamentablemente se distorsionó el derecho a morir dignamente y se confunde con eutanasia. La eutanasia, es un pedacito de morir dignamente. ¿Qué es morir dignamente? Morir rodeado de las personas que yo quiero, morir en el sitio donde yo quiera. Por ejemplo, las estadísticas son dramáticas. Una estadística en Colombia reflejó que el 90% de los pacientes quiere morir en su casa con sus seres queridos, pero las muertes intrahospitalarias superan el 50%. Los colombianos con enfermedades terminales fallecen en los hospitales, que no están hechos para morir. Además, muchas familias están aterradas ante la posibilidad de que su familiar o su ser querido mueran en la casa. Por eso lo traen al hospital en contra de su voluntad. Cuando les explicamos eso, muchas familias entran en razón. La otra cosa es la sensación de que necesitamos un médico y una enfermera al lado en el momento de la muerte. Lo que necesitamos principalmente, aparte de que nos quiten el dolor y los síntomas, es el cariño, el amor y la mano del ser querido acompañándonos a la hora de morir. Morir dignamente sería fallecer en la intimidad de mis seres queridos, donde yo pueda decir gracias o pedir perdón. Decir eso en la mitad de una bulliciosa sala de urgencias, con personas moviéndose alrededor, no es tan fácil.

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Juan Carlos Gutiérrez Tibamoso

Periodista egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Creo en el poder de la palabra. En escuchar a las personas. Soy cronista, de los que están convencidos que siempre se escribe, no solo cuando se está frente a un teclado y una pantalla. Me gusta narrar historias sometido al indescifrable poder de ellas. La fuerza de lo real. Hago podcast, donde junto voces para relatar esa realidad. Estoy convencido que siempre existimos, mientras alguien nos lea.

@juancarl00s

cgutierrez@vanguardia.com

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