miércoles 01 de abril de 2020 - 6:00 PM

Así es el diario vivir de dos valientes de la cuarentena en Bucaramanga

En tiempos de incertidumbre, en Bucaramanga hay valientes que día a día están al servicio de los ciudadanos. El coronavirus amenaza nuestra integridad, pero por fortuna tenemos héroes dispuestos a protegernos.
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Edgar Eduardo Carrillo Valero y Danixa Reátiga Gonzalez son pareja desde hace ocho años, el año pasado tomaron la decisión de vivir juntos. Él es policía y ella enfermera, también son padres primerizos. Hacen parte del ‘primer frente de batalla’ en Santander contra el coronavirus. Así narran su vida diaria.

Una vida detrás

Más allá de un uniforme, existe un ser humano. El hogar de Edgar Carillo está conformado por su hijo, Ángel Eduardo, de apenas siete meses de nacido su y esposa Danixa Reátiga, quien vela por la vida de 21 ancianos de un hogar gerontológico de Floridablanca. A esta familia también pertenece Luky, el golden retriever que acompaña a Edgar desde hace nueve años.

Ante la condición actual que se registra en la ciudad, los turnos de trabajo en ocasiones han sido más extensos para los integrantes de la Policía. Edgar madruga cada mañana para llevar en su moto a su esposa hasta Ruitoque Bajo, donde está ubicado el hogar gerontológico. Entre tanto, el bebé es cuidado por su abuela. “Mi suegra se vino desde un pueblo cercano para colaborarnos. Normalmente lo cuidaba una niñera”.

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Al mediodía, cuando hay la posibilidad, va a almorzar a su casa y aprovecha ese espacio para compartir con su pequeño entre 20 y 60 minutos. “No me puedo dejar ver del niño cuando regreso, él ya tiene noción de quiénes son sus padres. Imagínese tener que entrar a escondidas a su propio hogar... Me toca quitarme los elementos que traigo y echarlos en una bolsa, también me aplico alcohol... Es una rutina tediosa, pero así puedo compartir al menos un ratico con él”.

Seguidamente retoma sus labores, hasta cuando cae la noche y se dirige a recoger a su esposa para llevarla de nuevo a casa. “A veces cuando regreso el niño ya está dormido. Siempre salgo sin tener certeza de a qué hora volveré, en ocasiones salgo más tarde de lo previsto. Hay días que ni siquiera dan tiempo de ir a almorzar a la casa, así que cuando estamos en familia nos toca aprovechar cada minuto. En las noches cocinamos y si el bebé está despierto jugamos él. No nos trasnochamos porque al otro día las actividades no paran”.

Pese a esta situación, Carrillo recalca que portar el uniforme es un honor y vale la pena arriesgarse por lo demás. “Es una satisfacción. Nosotros tenemos alto riesgo por estar movilizándonos por todo el área, pero al tiempo puedo estar salvando muchas personas. Al llegar a la casa puedo decir que al menos concienticé por los menos a 40 personas. Es una forma de bajar el riesgo para todos”.

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Más gestos de apoyo y menos discriminación

Danixa Reátiga González es enfermera jefe del hogar gerontológico donde residen 21 adultos mayores. Su equipo de trabajo está compuesto por 13 auxiliares de enfermería. “Debido a la cuarentena, actualmente tenemos seis auxiliares las 24 horas en el lugar en diferentes turnos. La idea es que no estén entrando y saliendo, porque tenemos a cargo una población bastante vulnerable y hacemos todo lo que podemos para protegerlos. Debido a que mi bebé está muy pequeño, yo sí debo volver a casa”.

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Las medidas para prevenir un contagio allí son muy estrictas. Las personas que están en contacto con los abuelos trabajan con tapabocas y guantes. Incluso las visitas familiares se suspendieron y es obligación lavarse las manos cada dos horas. “El domiciliario que trae medicamentos debe dejarlos en portería. En mi caso, llego con ropa particular y me cambio. No entro al área donde están los residentes, trabajo desde una zona separada donde está el personal administrativo”.

Reátiga se siente afortunada de que su esposo puede trasladarla a su lugar de trabajo, pues movilizarse actualmente en la ciudad es complicado por la reducción de la flota de buses. “Gracias a Dios mi esposo me colabora con el transporte. Si tomara transporte público sería mayor la exposición. Conseguir transporte es difícil, la secretaria del hogar no ha podido venir porque vive en Girón. Desde allá la única opción que tiene es el taxi, pero le cobran $35 mil solo por traerla”.

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A la enfermera jefe se le destroza el alma cada vez que escucha casos de trabajadores del área de la salud que son maltratados por la estigmatización de algunas personas.

“Me da mucha tristeza. Tenemos arrendada una habitación a un joven auxiliar de enfermería que trabaja en una clínica. Me ha contado que por ser enfermeros han recibido rechazo. Pido a las personas que antes de decir esas cosas hirientes, nos den una voz de apoyo y palabras de respaldo. Nosotros nos estamos exponiendo, pero tenemos una línea de conocimiento de cómo protegernos. Nuestro trabajo es algo fundamental, así como el de la Fuerza Pública”, señala.

El mayor temor que siente esta madre es adquirir la enfermedad y poner en riesgo tanto a su familia como los residentes del hogar donde labora. “Debo tener gran cuidado para proteger a mi hijo y a la población que yo manejo”.

La mujer lamente que todavía haya gente que sale a las calles sin ninguna necesidad. “Lo que debemos hacer es acatar las normas como el confinamiento y el constante lavado de manos. Debemos ser muy responsables incluso al salir a hacer alguna compra en la tienda, porque solo con el hecho de hablar puede haber contaminación”.

La rutina diaria

Santander se encuentra casi paralizado. Muchos se refugian con sus familias acatando la medida de aislamiento social, con la esperanza de no ser un paciente más. Otros, en cambio, se ponen al servicio de los demás, su vocación siempre será ayudar, en las buenas y en las malas.

En las calles de Bucaramanga, por ejemplo, hay decenas de policías dispuestos a salvaguardar el bienestar de la ciudadanía. Tal es el caso del patrullero Edgar Eduardo Carrillo Valero, quien desde hace 13 años es miembro de esta institución.

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Normalmente este uniformado trabaja en el Grupo de Protección Ambiental y Ecológica de la Policía Metropolitana de Bucaramanga, Mebuc. Su compañera inseparable es Tatys, la canina que lo acompaña desde hace un año y medio, ella es experta en detectar el tráfico de fauna silvestre.

Juntos solían recorrer diariamente la Terminal de Transporte de Bucaramanga, que en medio de la emergencia dejó de operar. No obstante, este dúo no se detiene y sigue brindando apoyo, pero ahora en otros operativos como los ‘antisaqueos’ y los controles establecidos para hacer respetar la cuarentena, que por lo menos se extenderá hasta el próximo 13 de abril.

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A lo largo del día se desplazan por diferentes sectores del área metropolitana para evitar que las personas se expongan al virus que fue declarado “enemigo de la humanidad” por la Organización Mundial de la Salud.

“Nuestra tarea es verificamos por qué razón sale la gente y determinar si es verdad o mentira lo que dicen. Hemos encontrado casos de personas que por ejemplo dicen que van para citas médicas, pero en realidad no llevan constancias. Ni siquiera están cerca de los centros médicos. Hemos tenido casos que gente que vive en Piedecuesta y aseguran que van a hacer mercado, pero en Bucaramanga...”, narra Carrillo.

El patrullero asegura que una de sus labores más importantes es generar conciencia sobre la importancia de cuidarnos entre todos. “La gente ha estado prevenida por el comparendo que se le puede aplicar, cuando están con el ‘pecado’ encima se atemorizan. Les insistimos en que deben evitar salir de las casas”.

Carrillo Valero pide a los santandereanos ser más responsables ante el fácil riesgo de contagio del coronavirus, cree que acatando las recomendaciones de los expertos en salud podríamos evitar la situación que ya se registra en Guayaquil, Ecuador, donde ya colapso el sistema de atención y médica y funerario.

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“Hay gente que parece que aún no entiende la magnitud de lo que está sucediendo. Muchos de los desobedientes son personas mayores de 25 años, realmente no hay muchos ‘pelados’ en la calle, sino adultos que ya deberían captar lo que está pasando. Uno ve lugares donde se aglomeran en filas y se molestan cuando uno les solicita guardar una distancia”, comenta.

Igualmente, destaca la recuperación y la asistencia que él y sus compañeros han brindado a los animales que han encontrado en las calles de la ciudad, que en varios casos han sido abandonados por la falsa creencia de que son transmisores del coronavirus. “Piensan que los perros pueden adquirir esa tos y temen resultar infectados, por eso los están dejando botados”, lamenta.

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Las cifras

El COVID-19 ha cambiado nuestra realidad. El mundo llora los cerca de 45 mil fallecidos por esta enfermedad y celebra la recuperación de las más de 192 mil personas que le ganaron la batalla al coronavirus. Según datos de la Universidad Johns Hopkins, hasta este miércoles se han reportado 898.987 contagiados en el planeta.

El más reciente informe del Ministerio de Salud señala que en Colombia hay 1.065 casos confirmados, 17 muertos y 39 recuperados. Específicamente en Santander 12 personas han sido diagnosticadas.

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