martes 23 de abril de 2019 - 4:29 PM

Así se construye una familia desde una camilla en Santander

Mark Ogino, jefe de Neonatología del Hospital de Niños Nemours Alfred I. duPont, de Wilmington, Delaware, es uno de los médicos más prestigiosos del mundo. En su visita a la FCV conversó con Vanguardia sobre la importancia de la terapia de ECMO.

Cuando Mark cierra los ojos por un par de segundos, antes de abrirlos con un brillo especial y mientras piensa en un lugar que lo hace inmensamente feliz, en su cabeza revolotean los recuerdos y las imágenes de sus días y noches en Hawái.

La playa, la brisa, la arena que se cuela entre los dedos y los rostros de sus padres, quienes viven allí, le son suficientes para sentirse pleno en ese rincón del mundo, aunque la lista de países que conoce parece no tener fin. Es un viajero empedernido.

Se considera afortunado al conocer tantas culturas y más allá de las maravillas materiales de los lugares ‘mágicos’ que ha visitado, el cariño de las personas es lo que más recuerda. La empatía y el poder de una sonrisa, cuenta él, no se comparan con nada.

Un ‘héroe’ de carne y hueso

Mark es un hombre sereno y callado, pero sabio a la hora de elegir las palabras. Es apasionado, solidario, le encanta enseñar, ama su trabajo y el valor de la familia es su principal motor. Por eso da lo mejor en todo momento y es un ejemplo para muchos.

Pero aquel hombre sonriente y alegre, quien disfruta la vida sin temor, también es padre de dos jóvenes, esposo e hijo. Sobre sus hombros recae la responsabilidad de cientos de vidas por salvar, pues es el jefe de Neonatología del Hospital de Niños Nemours Alfred I. duPont, de Wilmington, Delaware.

Uno de esos trabajos que permite alcanzar la gloria pero que de vez en cuando golpea el corazón, especialmente cuando en medio de la batalla la muerte sale vencedora. Es allí cuando incluso los más grandes héroes pierden un poco de sí mismos.

Aún así, se da la libertad de creer en los milagros, esos que se logran gracias a la Ciencia.

Su larga trayectoria y experiencia en el uso de la terapia de ECMO, un soporte circulatorio mecánico que reemplaza temporalmente el corazón en pacientes en peligro crítico de muerte, lo llevaron a ser el presidente de ELSO, la Organización mundial que reúne a los centros que implementan dicha técnica.

Así se construye una familia desde una camilla en Santander

Es así como llegó a Bucaramanga, en medio del Curso de Soporte Circulatorio Mecánico en Choque Cardiogénico, organizado por el equipo de ECMO y VAD de la Fundación Cardiovascular de Colombia, FCV. Un espacio en el que 36 profesionales de salud de Latinoamérica aprendieron cómo salvar vidas gracias a los profesionales de la región.

Para Mark, considerado uno de los mejores médicos del mundo y quien ha recorrido todos los continentes, el equipo de Santander es el más experimentado en dicha técnica: “Son los líderes, son los mejores”.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Cómo ve el trabajo del equipo de ECMO y Corazón Artificial de la FCV?

El equipo tiene uno de los mejores programas del mundo, lo que les permite poner en práctica todo lo que han aprendido desde la experiencia con sus pacientes. El doctor Leonardo Salazar, director del equipo, y cada uno de los miembros, han hecho un trabajo maravilloso con la terapia de ECMO en la región y en Colombia, y es una figura importante en el mundo. Así que cada año puedo comprobar que el trabajo y los resultados son realmente increíbles.

Es el único equipo que realiza este tipo de terapia en el país, ¿cuál es su apreciación acerca de estos eventos en donde le enseñan a otros médicos a salvar vidas con el ECMO?

Es maravilloso, para mí no es una sorpresa porque por muchos años hemos visto que se han convertido en un gran referente. Pero de las cosas que más destaco es la exactitud de los sistemas de simulación que tienen. Podemos ver cómo los estudiantes están tranquilos con el equipo y eso es probablemente de lo más importante en el proceso de aprendizaje, a la vez que comparten con profesionales de diferentes países, como Estados Unidos, Canadá, Chile y demás centros de Latinoamérica.

Creo que su organización es muy buena y eso es una de las piezas fundamentales para obtener estos resultados tan beneficiosos.

Me hablaba de las simulaciones, ¿cómo está el uso de tecnologías en nuestra región?

Es un ‘plus’ que tienen. La manera en la que tú aprendes es muy diferente a la manera en la que aprenden los niños.

Necesitamos la práctica, tenemos que aprender las cosas haciéndolas, no solo leyendo la teoría. Estas simulaciones permiten aprender de manera práctica porque le da la oportunidad a la persona de pensar cómo reaccionar en una situación real que va más allá del libro. Con eso, lo que se logra es que si hay una emergencia, sabrán cómo actuar, porque aprenden los conceptos básicos y los aplican.

Luego de las simulaciones, el médico va a sentir más seguridad de ponerlo en práctica en los hospitales, y podrán ayudar a más pacientes.

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Entonces, ¿Santander hace un aporte para la ciencia y la salud en el ámbito mundial?

El principal objetivo es que los médicos puedan aprender con material de primera mano y de calidad. Los médicos muchas veces comprenden el funcionamiento del cuerpo, pero no de la enfermedad. Entonces, si aprenden cómo funciona el corazón y la manera en la que responde con el tratamiento de ECMO, pueden salvar millones de vidas. Lo que hacen acá es increíble; primero, enseñan la fisiología de una manera muy fácil y práctica para que el estudiante entienda desde los conceptos básicos hasta el uso de las máquinas. Pero aplicarlo es muy difícil, y es allí donde ustedes destacan, porque enseñan a hacerlo desde la práctica y con casos reales. Es dinámico y único.

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Decía que la FCV es referente global, ¿por qué?

Es uno de los mejores y mayores expertos de Latinoamérica y puedo decir que los líderes. Los mejores maestros del ECMO son de la FCV y por eso llegan profesionales de otros países a aprender de ellos. En ELSO certificamos los cursos que hacen en Santander porque estamos seguros que son muy buenos y creemos que ellos harán un trabajo colaborativo que le ayudará a los demás.

Por muchos años han sido líderes porque implementan prácticas y conocimientos innovadores que les permite ser mejores cada día.

¿Qué los hace diferentes a los demás centros de ECMO que existen?

Una de las mejores cosas es que el equipo comprende la importancia de trabajar juntos y apoyarse uno en otro. Eso les ha permitido desarrollarse y es algo que no sucede en otros países.

Cuando el médico comprende que hoy puede hacer algo mejor que lo que hizo ayer por sus pacientes, ha logrado su objetivo. Eso los hace especiales.

Cada equipo, en cada país, maneja las cosas de una manera diferente. Acá, el doctor Leonardo Salazar hace lo mejor, y lo hace entendiendo que más allá de la relación médico-paciente, esas personas se convierten en parte de una gran familia. Es importante que aprendan a ser un gran equipo, porque cuando hay pacientes muy graves, cada uno tiene un trabajo muy importante y todo fluye.

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En ese sentido, ¿cuál es la importancia del trato humano con esos pacientes?

Es fundamental. La enfermera es la que tiene que atender al paciente a diario y el médico el que lo acompaña. Son personas en estado crítico y la terapia de ECMO se convierte en la esperanza de vida, ya sea para un niño o un adulto.

Entonces, tenemos la responsabilidad de no dejar que ese paciente muera. Hablamos de la oportunidad de ayudar a un hijo, un padre, un hermano, una persona cuyo cuerpo necesita sentirse mejor. Pero entendiendo que es más que un paciente, tenemos que darle la esperanza y ser esa familia que lo anima. Creo que es importante disfrutar lo que hacemos. Es un trabajo que a veces nos da felicidad y otras tristeza, pero hay que amarlo porque es algo muy especial y lo hacemos con el corazón.

¿Cómo debe ser la dinámica para que la terapia de ECMO funcione y ayude a salvar esas vidas?

Es una terapia muy compleja, por eso es muy importante que el equipo esté siempre unido, porque en ECMO se requiere de la parte humana más allá de la máquina. Cuando se conecta a una persona, si algo sale mal, tendrá efectos muy graves en el paciente, no en el aparato. Yo siempre digo que el médico es el que sabe, pero detrás de ese médico hay un equipo enorme, que al igual a él, lleva años preparándose para que todo salga bien.

Es por eso que digo que de alguna manera se convierten en una gran familia, hay ocasiones en las que no están de acuerdo y habrá discusiones, pero está bien, es ahí donde deben hablarlo y resolverlo de la mejor manera.

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¿Qué sigue a futuro con el equipo?

La idea es seguir haciendo los mejores cursos con los profesionales de la FCV, crear espacios de aprendizaje para que otros médicos comprendan el significado y la importancia de esta terapia.

Una de las mejores cosas es que el doctor Salazar ha creado un modelo de enseñanza único. Un libro te enseña la teoría, pero él lleva más de diez años encontrando formas diferentes de enseñar y lo ha logrado con éxito. La idea es llevar este programa a diferentes países y que otras personas tengan la oportunidad de aprender de ellos.

¿Es decir que los médicos de esta región seguirán entrenando a profesionales de otros centros?

Sí, eso es lo que esperamos. Podemos entrenar a pocas personas en cada curso, pero asegurarnos que tendrán toda la atención y que aprenderán cada uno de los puntos básicos para lograr el éxito con esta terapia. Sabemos que estos eventos son muy populares porque las personas tienen atención individual y lo disfrutan, aprenden y se enamoran de lo que hacen. El equipo de Bucaramanga hace un gran trabajo en este sentido. Es el mejor.

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