jueves 22 de diciembre de 2022 - 7:09 PM

Barrio La Feria: la historia de cómo se convirtió en el epicentro de las lechonas en Bucaramanga

Un plato de arroz, con arveja, cebolla y cerdo, que se sirve directamente de la piel de este animal con una cocción de cerca de ocho horas, acompaña gran parte de los eventos y celebraciones de Bucaramanga. Así nacieron los negocios de este plato típico en la capital santandereana.
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El barrio La Feria ha pasado por diferentes hechos que marcaron la historia de Bucaramanga. La venta de lechona, por ejemplo, ha sido uno de ellos.

Su nombre se debe a que este sector se convirtió en el escenario de la famosa feria ganadera que se realizaba cada año en Bucaramanga. Paseo de La Feria es el nombre actual del sector donde se situaba el antiguo Matadero Central y posteriormente, la Feria Bonita.

Este tipo de eventos masivos, al que llegaban personas de todas las ciudades, representó un negocio importante en la venta de platos como la lechona.

Cuentan en el barrio que el primer plato de lechona cocinado por manos santandereanas fue servido por Carlos Celis, mejor conocido como Don Lucho.

Fue él quien inició el gremio de estos restaurantes en el departamento. Su esposa, Nelly Ariza, asegura que Carlos Celis aprendió de un hombre que venía de Cali a las ferias de la ciudad cada año, donde vendía su lechona. Don Lucho trabajó con él en la venta de este plato en dicho evento ganadero.

Un día el señor, que ya era un adulto mayor, le advirtió que no volvería a la famosa feria de Bucaramanga debido a complicaciones en su salud y su vejez, por lo que era necesario que aprendiera a preparar su propia lechona.

Entonces, Celis no desertó en la idea de vender lechonas y en 1979 nació este reconocido restaurante. Inicialmente no contaba con el espacio propio para cocinar, por lo que una vecina alquiló sus hornos, ubicados en la carrera octava con calle 15, para que Lucho pudiese preparar lechona sin inconvenientes.

Un lote en este nombrado barrio fue la primera casa propia de su lechonería. Con la compra de dos hornos, iniciaron su emprendimiento que años más tarde se convertiría en un referente gastronómico de Santander.

“Empezamos los dos con el negocio, y poco a poco fue creciendo. El restaurante se hizo más conocido y las personas ordenaban lechonas para sus reuniones. Igualmente las Alcaldías y Gobernación compraban nuestros platos”, contó Nelly Ariza.

Nelly, que era su novia en ese momento, cuenta que la lechona no solo era ofrecida en la Feria Bonita, pues también participaron en diferentes ferias y eventos de la ciudad.

Así fue como inició la historia de la lechona en la capital santandereana.

Alirio Mendoza, propietario de la Lechonería Ceba’s, manifestó que él trabajó durante 11 años con Don Lucho, por lo que allí aprendió el arte de preparar una buena lechona. Después decidió independizarse, cosa que con el tiempo varios empleados del pionero decidieron hacer, como el dueño de Lechoncitos, Juan Carlos Pabón.

“Este es un gremio muy familiar. En casi todas las lechonerías hay familiares de los Celis, como Karen Celis, la sobrina, o personas que trabajaron para ellos”, expresó Mendoza.

El barrio La Feria era característico por ser un barrio ganadero. Luis Zárate lleva 80 años viviendo en la zona. Ahora, con 93 años de edad, recuerda que en la década de los 60 se empezó a consolidar el barrio, donde se hizo común criar cerdos, terneras y aves en las propias casas de los vecinos. Además, era una zona de tabacales y yucales.

“Hasta nosotros teníamos cerdos en la casa. Eso era lo normal, los criamos y los vendíamos”, dijo el señor. Además, la zona era reconocida porque en sus alrededores había marraneras a pesar de que el Matadero Central fue trasladado a las afueras de Bucaramanga, donde era más fácil conseguir la carne de cerdo en la ciudad.

La concurrencia de las personas a la feria de la ciudad, despertó el interés de los ciudadanos cuando vieron que la lechona era de los platos más vendidos del evento. El crecimiento del negocio de Don Lucho dio pie a que otro par de establecimientos abrieran sus puertas para aprovechar las altas ventas de lechona que producía la exposición ganadera en la ciudad.

En el año 2003 la Feria Bonita dejaría de realizarse en la Plaza de Ferias debido a que esta migraría a Cenfer, en Girón. Este lugar fue intervenido por la Alcaldía que optó recuperar la zona y hacer una urbanización que consta de cinco etapas y 478 casas de interés social. Además, se prohibió criar animales en las viviendas pues el barrio se expandió de manera residencial.

Don Lucho falleció hace 19 años, pero su legado quedó en su familia que mantiene a flote este negocio que cada día busca su expansión por la región.

“Gracias a Dios, y como se dice, a trancas y a mochas, va uno luchando. Este es un negocio muy comercial, pero por la pandemia la cosa está complicada”, dice Mendoza.

Luis Zárate, a sus 93 años, reconoce que “la lechona aquí es muy buena y económica. Muchos saben prepararla y son muy serviciales cuando atienden a los clientes”.

El propietario de Ceba’s contó que una lechona completa llega a costar $330 mil y mínimo 60 personas pueden degustar de una buena porción. Sin embargo, es posible conseguir una más costosa que alcanza un monto de $1’200 mil que rinde hasta 350 platos. Solo la porción puede costar $5 mil.

En la actualidad, hay cerca de 20 gremios de lechona en Bucaramanga y el área, afirmó Alirio Mendoza. Solo en el barrio hay 10, entre esas su Lechonería Ceba’s, Don Lucho, Lechoncitos y más en las que no ha cesado la venta de este plato típico que ahora hace parte de muchas celebraciones especiales de los bumangueses.

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