martes 01 de febrero de 2022 - 2:17 PM

Batallas de peones y caballos en el centro de Bucaramanga

Una historia de ajedrecistas que se encuentran todos los días en un parque de Bucaramanga para disputar memorables partidas, no importa el sol, la lluvia o la escasa luz cuando cae la noche.

El joven tomó las fichas blancas. Comienza la partida con una recurrente jugada conocida como ‘Apertura Española’ o también nombrada como apertura Ruy López, ya que este ajedrecista español la popularizó durante el siglo XVI. Según los expertos, con este movimiento se pretende sacar rápidamente tanto al caballo como al alfil, para facilitar un enroque corto en las primeras fases de la partida. Así que el primer desplazamiento fue mover dos casillas al frente al peón, en la línea del rey. La ficha está en una zona central del tablero y facilitará a futuro, tal vez, la salida de un alfil.

El hombre, al otro lado del tablero con las fichas negras, le dobla la edad, no lo piensa mucho y reacciona con una apertura más abierta. Mueve también su peón en la línea de su rey y lo estaciona delante del blanco que acaba de ocupar la casilla. Cuatro personas, que revoloteaban por el parque Santander en el centro de Bucaramanga, se acomodan a seguir la partida como si fueran abejas embriagadas de polen.

El joven responde sacando su caballo, que queda justo muy cerca de su peón, mientras el ejército de blancas permanece quieto resguardando a sus monarcas. La jugada no es inocente. El corcel blanco está en línea de matar al peón negro del adversario en un solo movimiento. Hay ya una amenaza al inicio de la batalla. El hombre de mayor edad lo piensa muy poco. Está en silencio con su mirada atrapada en el tablero. Tiene múltiples opciones, pero finalmente se decide por una de esas aperturas que aprendió en videos de internet y que pone en práctica desde hace más de 20 años cuando tiene tiempo de aceptar los retos de desconocidos, en el llamado juego de reyes en medio del caótico centro de la ciudad.

Mueve su caballo y lo ubica de forma estratégica para defender el peón que está en la mira del adversario. Si lo llegan a matar, él responderá de igual forma. Fuerza contra fuerza. Bucaramanga alrededor de ellos se mueve cotidiana como todas las tardes.

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Es un miércoles cualquiera, que se descuelga a las 4:10 p. m., Bucaramanga se transita entre sus telones grises y los carros con sus pesadillas corren de prisa para que sus ocupantes no lleguen tarde, a donde deban estar a esta hora, ajenos por completo a la metáfora de la batalla que se disputa en un cartón grueso sobre una de las dos mesas de cemento de este parque, custodiados por lustrabotas siempre en la mira de clientes, y palomas incapaces de quedarse quietas por mucho tiempo.

La lógica del ajedrecista indicaría que el joven tiene varias opciones. Puede utilizar su alfil y llevarlo al frente de los peones negros. También podría mover uno de sus peones para respaldar el que ya tiene adelante. No podría descartar sacar su caballo, y ubicarlo de forma estratégica unos cuantos cuadros adelante. Son varias las salidas. Entonces decide mover un cuadro adelante al peón delante de su reina, en lo que no parece una amenaza inminente. Las fichas negras responden ubicando su peón en línea de ataque del alfil, que el joven estacionó adelante hace poco. Está en peligro.

Ya hay dos partidas más de ajedrez que se disputan en la otra mesa del parque, donde caben perfectamente cuatro jugadores y dos tableros. Hace un calor sofocante, pero al menos en este lado de la ciudad no se siente mucho, aunque hay que admitir que los rayos del sol parecen filosas puyas que agobian. El joven no movió su alfil, que podría ser una jugada defensiva simple. No. Tan temprano decide sacrificarlo y mueve su reina, en una táctica que nadie entendió con precisión.

- Es muy temprano. Cuide su reina.

Le dice el oponente devorándose el alfil blanco que cayó a las mazmorras fuera del tablero del ejército negro. Son varias las posibilidades que pueden darse con 32 piezas y 64 casillas, pero el capitán de las blancas parece andar extraviado. Lo admite el público que los sigue, pero el joven permanece en silencio atado con su mirada al tablero.

Desde hace cinco años aproximadamente unas 40 personas se citan en las tardes en el parque Santander para disputar partidas de ajedrez, algunas de las cuales superan la jornada de luz natural o el fuerte clima, y ante la deficiente iluminación de este espacio público recurren a los potentes bombillos del pasillo de acceso de la entidad bancaria, sobre la carrera 35, que de paso también los protege de aguaceros repentinos. Claro, no falta los recursivos que con luz proveniente de teléfonos celulares compensan las zonas oscuras del tablero. Todos son amantes del juego del ajedrez de forma recreativa.

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Alberto Rueda, tiene 63 años, se dedica al comercio y saca tiempo para estacionarse en el parque en las tardes en busca de adversarios para sus partidas. Hace unos años su deporte favorito era el billar, pero tras problemas en la visión optó el juego de reyes.

- Un amigo me invitó hace como cuatro años a jugar al parque y desde entonces no trato de fallar a la cita. Muchos aquí no nos conocíamos, pero a todos nos unió el ajedrez y ahora somos buenos amigos.

Hermes Ariza, tiene 61 años y comercia alevinos. Siempre le ha gustado el ajedrez, pero nunca a nivel competitivo, pero no lo descarta a futuro. Asegura que en estos años de juegos en el parque ha conocido muy buenas personas y grandes jugadores, que le pueden disputar sin miedo una partida al más grande maestro profesional.

- El ajedrez es un deporte muy completo. Le enseña a usted a organizar su mente para crear planas y estrategias. A través del ajedrez conseguimos ser felices y sonreír, con decirle que aquí nos reímos de los chistes de los ajedrecistas. Uno los dice después en la casa y nadie allá los entiende...

Alfonso Herrera, de 64 años y técnico electricista, llegó un poco tarde al parque y deberá esperar que alguien arribe con otro tablero y piezas para empezar a jugar.

- Todos estamos como al mismo nivel. Muchos recurrimos a YouTube para aprender aperturas, ataques y defensas. No solo viejos venimos, llegan jóvenes y muchachos universitarios. Hablando en nombre de todos, quisiéramos pedirle al Alcalde de Bucaramanga que nos ayude. Necesitamos mesas para jugar. Muchas veces nos toca seguir las partidas en el suelo o al lado de la estatua de Santander. Necesitamos apoyo.

El tiempo corrió cuando se escuchó.

- ¡Jaque! Le dije que debía cuidar a su reina...

El joven intenta defenderse. Tiene ahora el ceño fruncido y decidió una maniobra con el único caballo que le queda. Sus tropas son mínimas.

- Por más que intente, ya está perdido. Le repetí que debía cuidarse mejor al comienzo.

El joven mueve su caballo y ataca un peón, justo como el veterano esperaba que se moviera. Su oponente mira el tablero en silencio, con un gesto de triunfo grita:

- ¡Jaque mate!

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Juan Carlos Gutiérrez Tibamoso

Periodista egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Creo en el poder de la palabra. En escuchar a las personas. Soy cronista, de los que están convencidos que siempre se escribe, no solo cuando se está frente a un teclado y una pantalla. Me gusta narrar historias sometido al indescifrable poder de ellas. La fuerza de lo real. Hago podcast, donde junto voces para relatar esa realidad. Estoy convencido que siempre existimos, mientras alguien nos lea.

@juancarl00s

cgutierrez@vanguardia.com

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