domingo 22 de diciembre de 2019 - 12:00 AM

Bucaramanga del ayer: Así era la Navidad de antes

El tiempo es como un río formado por hechos e impulsado por una corriente de recuerdos. Vanguardia, a través de las fotografías del ayer, recorre con esta sección esos torrentes de historias que fluyeron en la otrora capital santandereana. ¡Acompáñenos hoy a un nuevo viaje por este nostálgico túnel!
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No existían los celulares, mucho menos el Whatsapp, ni las redes sociales de hoy. Los que más se aproximaba al mensaje de texto era el telegrama; también estaban las tarjetas navideñas, esas que se enviaban por correo y que se colgaban en el árbol del pesebre.

La Navidad en Bucaramanga durante los años 70 y 80 era muy distinta a las de estos tiempos de modernidad, tecnología y publicidad. ¡Bueno! Los avisos comerciales sí existían y, a decir verdad, lograban llenar de magia la ilusión de los regalos del Niño Dios al tiempo que les daban ‘duros golpes’ a los bolsillos de los papás. ¡Eso todavía pasa hoy!

Las calles de la capital santandereana se iluminaban de bombillos de colores, mientras que en las cuadras de los barrios eran tradicionales las cintas de papeles o de plásticos, muy parecidas a las que se vieron en la película ‘Coco’.

Todavía se recuerda el primer árbol de bombillos que se instaló en el Parque Santander. Los fotógrafos hacían su agosto en pleno diciembre, captando los registros gráficos al lado del gigante adorno navideño.

El pesebre solo se instalaba durante la noche del 15 de diciembre, pues era la víspera de lo que sería la novena de aguinaldos. Las familias adecuaban especies de chamizos junto a sus árboles de Navidad, los cuales no eran otras cosas que ramas secas que los niños adornaban con papeles -a veces con algodón- y con las coloridas instalaciones.

Seamos sinceros, la Navidad antes era más espiritual: todo era más sencillo, y se respiraba fe, no solo en las misas de gallo sino también en cada hogar.

Los globos y los juguetes peligrosos de la pólvora con sus totes, las chispitas Mariposa, los cohetes, las martinicas, los truenos y demás artefactos también hacían más sonoros y llenaban de humo los días de Nochebuena.

De manera literal, la Navidad se vivía en la calle. Los vecinos sacaban sus sillas y los ‘tocadiscos’ al frente de las casas, hacían asados, compartían las cenas con los vecinos, echaban globos e incluso iban de casa en casa regalando copitas de aguardiente o de vino. De hecho, la rumba era hasta amanecer, pues la música no paraba y muchos seguían de largo.

También estaban los años viejos, los juegos de aguinaldos, las visitas a los pesebres de las iglesias, las visitas a los parques iluminados, en fin...

En la actual época, tal vez muchos celebrarán la Navidad de manera digital, pegados a la tablet o al smartphone. Es más, es probable que esté leyendo este texto a través de uno de ellos. Eso está bien, al fin y al cabo es el tiempo que nos corresponde vivir hoy. Sin embargo, por mucha modernidad que exista, también oleremos el tamal, tendremos regalos y hasta bailaremos las nuevas ediciones de los ‘50 de Joselito’.

Sin embargo, tal y como lo dicen nuestros abuelos, la Navidad de ayer era más alegre, más devota y más familiar. Ahora la temporada es más un negocio, la gente se preocupa más por ir de compras que por ir a la iglesia o a celebrar el nacimiento del Niño Dios.

Ya no se ora tanto, no hay mayor reflexión, se ha perdido el espíritu de compartir con quienes más lo necesitan y casi que no se sienten las cosas sencillas. Se perdió la inocencia de los más pequeños por escribir la carta del Niño Dios y encontrar el día 25 el regalo debajo de la almohada.

¡Claro! No todo es malo. Antes no podíamos comunicarnos con las personas que estaban afuera; los papás y las novias lloraban porque no podían comunicarse con sus hijos y sus novios. Ahora solo basta con un ‘clic’ para lograr vernos a miles de distancia.

La Navidad como fiesta, como ritual y como fenómeno social sí continúa. Todavía a muchos bumangueses les gusta acompañar sus celebraciones con un traguito que les alegre la vida. Aunque el aguardiente, también llamado ‘guaro’, es el más popular, no faltan los que consumen ron y cerveza.

Es claro que la Navidad no ha sido ajena a las transformaciones que ha experimentado el mundo y obviamente no se podía quedar congelada. Ni modo, los tiempos cambian.

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