domingo 12 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Bucaramanga del ayer: Así se construyó el gigante Viaducto ‘Benjamín García Cadena’

El tiempo es como un río formado por hechos e impulsado por una corriente de recuerdos. Vanguardia, a través de las fotos del ayer, recorre con esta sección esos torrentes de historias que fluyeron en la otrora capital santandereana. ¡Acompáñenos hoy a un nuevo viaje por el túnel del tiempo! En esta ocasión nos trasladaremos a la época de la construcción del Viaducto ‘Benjamín García Cadena’.

Empecemos por precisar que al principio no le decían ‘Benjamín García Cadena’. Desde los mismo constructores hasta los periodistas de la época lo bautizaron como el ‘Viaducto de La Iglesia’, emulando el nombre de la quebrada que pasa en las bases de la estructura.

Y con ese apelativo, tras un sencillo acto oficial, los Ministros de Hacienda y de Obras Públicas inauguraron este gigante el 25 de Julio de 1970.

No se cortaron cintas ni se tocaron notas marciales, simplemente se hizo un breve recorrido por los carriles de este puente que, desde sus inicios, fue declarado como un monumento de la ingeniería colombiana.

En ese entonces el ingeniero Benjamín García Cadena, al que posteriormente se le rendiría un homenaje bautizando así al puente, fue quien oficialmente entregó el paso elevado a la comunidad bumanguesa.

Se dice que la obra abrió los horizontes de Bucaramanga, pues se construyó una prolongada autopista que comunicó a Bucaramanga con Piedecuesta.

¡Y así fue! Es más, los que conocen a Bucaramanga afirman que “sin esta obra la ciudad no sería la que es hoy”.

Este megaproyecto, que puso a la ingeniería colombiana entre las mejores de Latinoamérica, se pagó mediante la vía de la valorización y también contó con aportes de la Nación.

Fue la firma Cuéllar Serrano Gómez la encargada de acercar a Bucaramanga con Floridablanca, a través de este Viaducto que se levantaría a la altura del barrio ‘Antonia Santos Sur’.

La inversión fue de $55 millones. ¡Bastante para su época! Don Hernán Rodríguez Monroy, el interventor del proyecto, argumentaba que “esa plata se convirtió en una de las mayores inyecciones presupuestales de la historia local”.

La firma interventora era la CEI y todo el equipo humano que construyó el puente fue mano de obra colombiana: “Los maestros y demás obreros fueron santandereanos”.

Unos años más tarde el nombre del puente se inspiró en el ya mencionado Benjamín García Cadena, quien escribió en letras de molde los mejores momentos de esta ‘megaestructura’.

No todo fue gloria

Hay que decir que al puente se le rompieron algunas vigas, tal y como le ocurrió al viaducto La Flora en su etapa de construcción. Un momento difícil ocurrió cuando uno de los maestros murió: “El hombre tropezó y cayó de la más alta viga”.

Otro accidente, el que más conmocionó a la ciudad, fue cuando un ciudadano que acostumbraba a merodear la obra, murió al recibir el impacto de un fuerte bloque de cemento.

Desde entonces nació la leyenda que contaba que la víctima aún estaba enterrada en las bases del puente. Los vecinos que hoy residen bajo la sombra del gigante dicen que “esa fue la maldición que acompañó al Viaducto y que por eso se convirtió en el puente de los suicidas”. (Ver recuadro).

El puente multiplicó sus carriles con la obra de ‘La Unión’, construida por las pasadas administraciones.

El ‘García Cadena’ hoy está lleno de barrios populares a lado y lado. Incluso tiene dos hermanos ‘gemelos’, más altos que él: Los Viaductos La Flora y La Novena. Sin embargo para los bumangueses sigue siendo el ‘papá de todos’ y el ‘decano’ de la ingeniería en Santander.

PASADO LUCTUOSO
Más allá de su grandeza, el ‘Benjamín García Cadena’ tuvo un pasado triste. El 5 de marzo de 1971, la comunidad entera se estremeció al registrarse el que sería el primero de una penosa lista de hechos suicidas.
Leonardo Ramírez Albarracín, un joven bumangués, tomó la terrible decisión de morir lazándose desde lo más alto de la estructura.
Desde entonces la cadena de ‘saltos al vacío’ alcanzó a tener la macabra cifra de 480 ciudadanos que se fueron al abismo del Viaducto para ponerles fin a sus existencias.
Fue solo hasta mediados de los 80 cuando se tomaron cartas en el asunto.
El arquitecto Taylor Camargo, en 1984, se propuso una noble tarea: frenar este terrible panorama.
Él adecuó la famosa ‘Escultura de la Vida’, una obra de arte que se asemejaba a un enredado de tubos, adecuados a los costados del Viaducto.
Según su creador, “eso generó un efecto sicológico positivo que alejó la alternativa de la muerte”. Barandas pintadas de colores vivos, acompañadas de andenes laterales de fondos anaranjados con delgadas líneas oblicuas en forma de flecha y de color azul oscuro, invitaron a muchos a dejarse guiar rumbo a la vida.
La obra habría reducido el número de suicidios. Sin embargo, el hechizo pareció desvanecerse en 2010, cuando comenzó el ensanche del puente. Tras la construcción del denominado ‘Tercer Carril’, se acondicionaron nuevas rejas que, si bien no han frenado del todo los suicidios, han disminuido los terribles ‘saltos al vacío’.
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