domingo 17 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Bucaramanga del ayer: Así se veía el terreno en donde se levantó la Plaza de Mercado Central

El tiempo es como un río formado por hechos e impulsado por una corriente de recuerdos. Vanguardia, a través de las fotografías del ayer, recorre con esta sección esos torrentes de historias que fluyeron en la capital santandereana. ¡Acompáñenos hoy a un nuevo viaje rumbo al pasado! En esta ocasión nos trasladaremos a la época en la que se construyó la hoy moderna Plaza de Mercado Central.
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Antes de hablar de las fotografías ‘añejas’ que hoy publicamos en la sección de la ‘Bucaramanga del Ayer’, necesariamente hay que mencionar a la antigua Casa de Mercado, la original. Ella tardó seis años en construirse.

Nepomuceno Serrano, un reconocido comerciante del siglo XIX, fue quien planteó la adecuación de un Mercado Cubierto; así se le decía en ese entonces.

La Casa de Mercado San Mateo, como luego se bautizó, abrió sus portones el 3 de junio de 1895 en pleno Centro de Bucaramanga.

Ochenta y cuatro años más tarde, en la madrugada del 6 de febrero de 1979, hace ya cuatro décadas, el viejo Pabellón de Carnes de la Plaza San Mateo, ardió en llamas.

La detonación de un cilindro de gas, seguida de otros 19 recipientes que estallaron tras una reacción en cadena, hizo que el fuego devorara el lugar.

Pese a los esfuerzos de los Bomberos el lugar terminó reducido a cenizas; sólo quedó en pie la fachada del mítico mercado.

El lugar se mantuvo en el recuerdo como una reliquia, en donde los sufridos labriegos del pasado vendían lo que con tantas angustias ‘arrancaban’ de las entrañas de la tierra.

Los inquilinos, damnificados por la deflagración, fueron reubicados en el lote vecino y en otras plazas como la de San Francisco. Otros preferían sacar sus mercancías y venderlas en la calle.

Lea además: Otra historia de la ‘Bucaramanga del ayer’

¡Fueron tiempos difíciles!

Como muchos se negaron a abandonar los locales de sus propiedades en la casona incinerada, el gobierno local decidió dividir el mercado en establecimientos individuales, como tiendas y almacenes, reactivando la zona y el corazón de la actividad comercial del sector.

Sin embargo, la estrategia no fue la mejor. La informalidad creció y las calles 33 y 34 se atestaron de ambulantes. Era dramático pasar por allí. Como si fuera poco, por esa zona pasaba el 60% de las rutas de buses urbanos.

Algo más traumático: Como los productos se encontraban dispersos, esto obligaba a los consumidores a tener que desplazarse de un lugar a otro con largos recorridos.

El Municipio se vio obligado a regresar el mercado a la Plaza Central, a pesar de su mal aspecto.

La solución oficial fue solo ‘un pañito de agua tibia’. Obviamente el tema se volvió más desesperante para los vendedores e incluso para el tránsito de la ciudad, dados los trancones en la zona.

Así las cosas, a las autoridades no les quedó más remedio que construir puestos con techos provisionales sobre ese mismo lote.

Fue así como se ideó, a mediados de los años 90 y bajo el gobierno del entonces alcalde Carlos A. Ibáñez Muñoz, la adecuación de la nueva plaza, la misma que hoy conocemos.

La construcción del que se conociera inicialmente como el Centro Metropolitano de Mercadeo, y cuya sigla fue CMDM, estuvo a cargo de la firma Ordóñez Torres y Compañía en el lote de las carreras 15 y 16, entre calles 33 y 35. (Ver foto histórica).

Hernán Rodríguez Hernández fue, durante 1995, el gerente de la Sociedad de Economía Mixta, encargada del proyecto de construcción.

La obra tuvo un costo cercano a los $7 mil millones, en cifras de esa época. De esa cantidad, $2.362 millones se destinaron para los acabados que ejecutó la firma Constructora L.A.

La interventoría la realizó la firma Parra Gómez y Asociados Limitada.

Hace seis años la fachada de la plaza incinerada fue declarada como ‘Bien de Interés Cultural de Ámbito Municipal’, mediante Resolución No. 0434 de 2013.

Pasó la actual administración y las anteriores y nada se hizo para recuperar este escenario, a pesar de que se hicieron docenas de promesas oficiales. Es lamentable que la restauración de este monumento en el olvido, tras 40 años, en insípidas propuestas.

Por fortuna, la nueva Plaza Central es una de las más modernas, gracias a la unión y el trabajo de sus inquilinos.

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