martes 06 de septiembre de 2011 - 12:09 AM

“Bucaramanga sí puede ser una ciudad admirable”

Los responsables de la maravillosa transformación que vivió la ciudad de Valencia, España, nos cuentan cómo lograr que Bucaramanga también sea bonita y admirable.
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De Valencia, España, se cuentan muchas historias y todas increíbles. Se dice que es una ciudad emprendedora, aseada, moderna, segura, atractiva y global. Afirman, incluso, que allí hay edificios como del otro mundo, que sus imágenes parecen extraídas de las películas del futuro, que la gente es cívica, que no hay congestión vehicular, que el sector público y el privado trabajan en equipo; mejor dicho, que allí todo  se ve como una ‘tacita de plata’. Y lo mejor de eso que se dice de dicha localidad ibérica es que “es cierto”.
De Bucaramanga, nuestra capital, se cuentan historias muy diferentes: se habla de que esta ciudad cuenta con el deshonroso primer puesto del mayor número de asaltos callejeros en todo el país; que se transita por calles llenas de ‘cráteres’; que todos los días los conductores se sumergen en insufribles trancones; que los separadores y los andenes están atestados de indigentes; que usted encuentra basura esparcida por doquier; y lo más doloroso, pero cierto, es que todo el mundo es testigo de la corrupción que se vive a diario en las entidades oficiales y nunca pasa nada para que eso cambie.
En todas partes del mundo “sucede algo bueno”, menos en Bucaramanga: mientras en Valencia y otras ciudades evolucionan, aquí pasa lo contrario: “cada vez estamos peor”.
¿Cómo hacer para que las cosas buenas también pasen aquí? Esa fue la inquietud que planteó Henry Ramírez León, Presidente de la Junta Directiva de Camacol, al instalar ayer, en la Cámara de Comercio de Bucaramanga, el Foro Internacional titulado: ¿Cómo Construir una Ciudad Admirable?
La jornada, que reveló el gran secreto de la transformación de Valencia, España, contó con la presencia de algunos de los precursores del cambio urbanístico de esa localidad, quienes dieron consejos prácticos y viables sobre cómo lograr que, algún día, Bucaramanga también logre evolucionar.
El primero en tomar la palabra fue Alfonso Novo, Teniente Alcalde del Área de Transporte y Circulación de Valencia,  quien emitió una luz de esperanza al decir: “aunque veo cosas no tan bonitas de Bucaramanga, creo que  no todo está perdido”.
Recordó que hace exactamente 21 años, en 1990, los valencianos vivían en una ciudad algo similar a la Bucaramanga de hoy. Dijo que, en ese entonces, “la comunidad vio la necesidad de generar un real cambio de nuestra tierra, que le permitiera poner a Valencia en boca de toda Europa”.
¿Cómo lo lograron?
“Lo primero que les digo es que no fue algo que ocurriera de la noche a la mañana. Lo primero que hicimos fue preguntarle a la comunidad valenciana sobre la ciudad que soñaba”, respondió.
Según relató el experto, “los resultados de esta consulta fueron puestos a consideración de todos los partidos políticos, la empresa privada, los sindicatos, el ciudadano del común y las universidades, entre otros sectores de la sociedad, con el fin de unir fuerzas en torno al gran sueño de los valencianos”.
Para él, una de las claves a la hora de cristalizar este sueño consistió, de manera precisa, “en que la renovación de Valencia fue el fruto del trabajo conjunto entre instituciones públicas y privadas. La labor del gobierno y el cambio de actitud de toda la gente le mejoró la cara a la ciudad”.
Por su parte César Jiménez, Gerente del Proyecto de Rehabilitación de la parte antigua de Valencia, agregó que: “además se ejecutó un proyecto para fortalecer el turismo, se tomaron decisiones urbanísticas para crear nuevas centralidades, se le dio vida a un referente cultural y patrimonial y se logró tener una ciudad generadora de actividad económica. Con estas cosas, todo fue posible”.
“Para llevar a cabo tales propósitos, el Ayuntamiento y el Gobierno Regional (Generalitat Valenciana) suscribieron un convenio de intervención conjunta para el desarrollo del Plan Integral de Rehabilitación de Valencia (Plan RIVA), el cual buscó revitalizar el Centro Histórico y las zonas marginales o degradadas de la ciudad mediante una intervención en la que participaron todas las fuerzas vivas”.
Francisco Nebot, Gerente de Nebot Arquitectos y otro de los ilustres visitantes de la ciudad, aseguró, por su parte: “a la que ustedes llaman como Ciudad Bonita le urge pasar del caos al orden. Lo que hemos visto hoy (ayer) tiene que ser un asunto del pasado. No puede ser posible que los trancones sean el pan de cada día; es clave planear y organizar el tránsito en la ciudad, más allá de los intereses políticos del gobernante de turno”.
Señaló que Bucaramanga no puede seguir siendo una ciudad llena de basura, invadida de ventas ambulantes  e insegura: “los problemas urbanos no se pueden seguir multiplicando. Les corresponde a los futuros gobernantes hacerle una especie de reorganización a su tierra. Sólo así se podría garantizar el desarrollo y, de paso, se les ofrecería a los bumangueses una mejor calidad de vida”.
Advirtió que el proyecto que lideró el gobierno de la ciudad de Valencia en España logró, tras metas definidas a corto, mediano y largo plazo, los cambios de calles, albergues, puertos y demás escenarios; los cuales transformaron a esta localidad y, por ende, la vida de sus habitantes.
Juan Jurado, Concejal de Alumbrado de la citada localidad y otro de los panelistas del foro, ve viable una eventual evolución y un posible desarrollo de Bucaramanga, “pese al caos reinante”.
Según explicó, “con voluntad política, con planes de desarrollo a largo plazo, no a cuatro años como se fijan en su gobierno local, y con compromiso ciudadano, las cosas pueden cambiar de color”.
“En  áreas neurálgicas de Valencia se hizo la implementación de toda la infraestructura básica; se ejecutaron mejoras en la señalización vial; se desarrollaron obras de estabilización, se instaló mobiliario urbano como tachos de basura y luminarias nuevas; mientras que las viviendas de las comunidades fueron arregladas sin costo para sus propietarios. De igual forma, se impulsó el  turismo”, argumentó.
¿Podría ocurrir lo mismo en Bucaramanga?
¡Claro que sí!, respondió Juan Jurado.
“Bucaramanga puede tener un mejor flujo vehicular, si se reorganiza la Dirección de Tránsito; sus parques pueden estar en mejores condiciones, si se trabaja en el ornato y la gente adquiere costumbres más cívicas; las calles, de igual forma,  se podrán ver limpias, si cada quien trata a la ciudad como si fuera su casa; se podrían contar con viviendas dignas, si se implementan planes de renovación urbanística y con la unión de la empresa privada y el sector oficial”.
Al final, el análisis del caso de Valencia, contado por sus propios gestores en Bucaramanga, incluso en el contexto de las próximas elecciones, y ad portas de la revisión de los Planes de Ordenamiento Territorial, resultó pertinente.
A juicio de los asistentes al foro, la visita servirá para enriquecer los planteamientos de los candidatos a cargos públicos en los temas de ciudad, desarrollo urbano y territorio.
Vale anotar que, la iniciativa de este importante certamen surgió de Martha Pinto de De Hart, actual candidata a la Alcaldía de Bucaramanga, quien durante su paso por la Presidencia Ejecutiva de Camacol, fue la pionera de este tipo de iniciativas que, entre otras cosas, le apuesta a adoptar un Plan Integral de Rehabilitación de Bucaramanga en un futuro cercano.

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