viernes 10 de enero de 2020 - 12:00 AM

Bumangueses en Australia relatan las consecuencias tras los graves incendios

Alrededor de 25 personas fallecidas, una cifra incalculable de animales muertos, más de 1.300 casas destruidas y millones de hectáreas calcinadas, hacen parte del balance tras el incendio más desastroso que Australia ha vivido.
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Desde septiembre comenzó a pronunciarse la venida del verano, sus altas temperaturas e incendios en zonas del país como el estado de Nueva Gales del Sur, Sídney, Victoria y la Isla Canguro no pudieron ocultarse.

La afectación de esta isla es alarmante ya que es la tercera más grande de Australia, y ya van más de 150 mil hectáreas calcinadas. Sus víctimas son reservas naturales, especies endémicas y diversos animales como leones marinos, koalas, aves, canguros y marsupiales.

Algunos de los bumangueses que residen en Australia se pronunciaron frente al desastre del que han sido testigos y narraron sus vivencias.

Daniel Said es un joven bumangués que vive hace seis meses en Melbourne, capital del estado de Victoria en el sureste de Australia. Él afirma que la ciudad solo ha sido afectada respecto al humo que alcanza a tocar la región.

“El sábado pasado fue el día más complicado que he tenido que vivir. Estuvimos a 45 grados centígrados, estuvo oscuro todo el día. No veíamos a más de cinco metros de la cantidad de humo que estaba en el aire”, relató.

Además de la evidente contaminación del aire, uno de los aspectos que se ha sumado a la problemática es la respuesta tardía del gobierno a la emergencia. Said mencionó que las autoridades han estado muy ‘herméticas’ frente a la situación.

“Ellos saben que son culpables por no tomar las precauciones necesarias. Pensaron que tenían todo bajo control pero los incendios cambiaron, la dirección del aire cambió, esta vez se les salió de las manos”, agregó.

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Críticas al gobierno

Varias fuentes de comunicación han resaltado el inconformismo de los habitantes de la población rural y bomberos hacia los gobernantes. La comunidad piensa que dieron respuesta cuando el desastre ya se había extendido a varias zonas y quienes han tomado la iniciativa de ayudar han sido los mismos pobladores y familias de los directamente afectados.

Por otra parte, las críticas también han implicado al primer ministro del país Scott Morrison, quien se encontraba de vacaciones cuando comenzaban las emergencias.

“A muchos no nos han permitido estar de voluntarios. Lo que sí hemos hecho son donaciones de alimentos y dinero. Aunque la segunda no me gusta porque sé que esos recursos se pueden desviar”, afirmó Said.

Daniel Ávila, otro bumangués que lleva año y medio en Sídney, relató cómo ha vivido esta emergencia. “No he podido ir a ninguna playa debido a la contaminación en la calidad del aire. Prefiero cuidarme”, pronunció. Además, recordó que esta temporada siempre es de incendios pero nunca había visto uno de tanta gravedad como el de ahora.

Otras medidas

Las autoridades locales han prohibido realizar fogatas, asados o camping, como maneras de prevenir la intensificación del fuego. Incluso hay algunos parques donde está restringido el ingreso. Asimismo les han pedido que compren máscaras profesionales con filtros para cuidarse.

“Estamos atravesando por una sequía grave, debemos ahorrar agua y electricidad. Las frutas y verduras han subido de precio y algunos alimentos son más difíciles de conseguir”, señaló.

La sequía ha sido tan compleja que según informó la agencia de noticias EFE, unos 10 mil camellos que acuden a las fuentes de agua de las que disponen las poblaciones aborígenes, serán sacrificados para que las familias y comunidades puedan hidratarse.

“Si nos ha afectado aunque los incendios no sean aquí mismo. He visto por ejemplo que partículas de cenizas se impregnan en la ropa al momento de sacarla al patio después de lavarla. Este hecho me dejó sorprendido”, mencionó Ávila.

Panorama oscuro

Luis Carlos Peñaloza, otro bumangués que también vive en Sidney hace tres años y medio asegura que el humo que se produce ha llegado hasta la ciudad desde el 10 de diciembre. La neblina y el olor a quemado protagonizaban el paisaje.

“Recuerdo un día en particular en el que llegando a mi apartamento alcanzaban a caer pequeñas cenizas del cielo. Las edificaciones a veces no se ven con claridad debido al aire tan denso”, afirmó Peñaloza.

El verano en Australia es de diciembre a febrero, sin embargo desde la primavera ha notado cómo sube la temperatura. “Siento que la estación no se pudo consumar, las plantas no llegaron a florecer por el calor. Este sábado que pasó estuvimos a 40 grados”, agregó.

El ambiente en ocasiones se torna triste y gris, la luz es opaca por lo que los cambios bruscos de temperatura hacen que el día sea impredecible.

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A casi 50 grados

Luz Stella Serrano, otra bumanguesa, vive en Melbourne y afirma que “ha sido demasiado duro y terrible exponerse a temperaturas que casi llegan a los 50 grados”.

A pesar de que en las grandes ciudades la afectación no ha sido directa, las prevenciones en todos los estados han sido primordiales en el cuidado del medio ambiente y la salud de las personas.

“Nos han dicho que tengamos cuidado. Semanas antes advirtieron que el verano que se venía era pesado y debíamos consumir más agua de lo normal. Mínimo tres litros diarios”, afirmó Luz Stella.

Según informó EFE, La temporada de incendios comenzó en primavera, antes de lo previsto, en un año que fue catalogado como el más caluroso y seco en Australia, según un informe de la Oficina de Meteorología del país.

Caminar con tapabocas ha sido otra de las formas que han sugerido para prevenir enfermedades respiratorias. “Estamos respirando carbono y no oxígeno, las personas que no las utilizan terminan afectando su salud” mencionó Serrano.

Los vientos fuertes que prevalecen en el país permiten que el fuego se extienda con mayor facilidad, por esta razón el humo ha sido la característica principal de las ciudades y estados pertenecientes a la región afectada.

Por lo pronto los bumangueses entrevistados aseguraron que la forma más cercana de ayudar ha sido mediante donaciones de recursos y dinero.

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