lunes 28 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Bumangueses esperan hasta 5 años para recibir un órgano

En promedio, de cada diez pacientes que requieren trasplante de corazón, tres mueren en la espera; mientras que 40% de los que aguarda un riñón fallece haciendo parte de lo que ellos consideran una interminable lista de espera.

Estas cifras hacen parte del panorama de la donación de órganos en la región, y que ante la indiferencia de muchos, siguen dejando en el anonimato casos como el Ana*, una mujer que no superaba los 25 años de edad pero que un problema renal crónico le truncó la oportunidad de ver crecer y formar a sus tres pequeños hijos. Ella no contaba con una posición económica estable y vivía en un ‘cambuche’ de los tantos asentamientos de la ciudad, y, como si fuera poco, al tiempo de recibir el diagnóstico de deficiencia renal, su esposo la dejó sola con el peso de la enfermedad y la obligación de sostener a sus hijos.

Ana fue sometida a tratamiento y debido a la gravedad de su patología, entró a la lista de espera por un riñón. Sin embargo, como recuerda una de sus ‘compañeras’ de la Unidad Renal, ni la demora de un donante y mucho menos los niveles de compatibilidad que debe haber entre el órgano trasplantado y el receptor, jugaron a su favor. Por eso, a finales de 2007 y después de 15 días de permanecer en la Unidad de Cuidados Intensivos, falleció esperando que alguien le donara un riñón y así le salvara vida.


Listos pero esperando

Aunque tal vez el caso de Ana sólo permanezca latente en el corazón de sus familiares y de quienes la conocieron durante su padecimiento, no son pocas las ‘Anas’ que aún esperan con agonía un gesto de generosidad que trasforme la desgracia de la muerte de unos, en la esperanza de vida para ellos.

Es más, de acuerdo con la Red de Trasplantes, en Bucaramanga existen a la fecha dos niños que aguardan un corazón y otras 40 personas requieren de un riñón.

Eso sí, la espera no es fácil, pues se estima que las personas con deficiencia renal crónica, con ayuda de la diálisis, y a pesar del desgaste físico y emocional que origine este procedimiento, logran vivir hasta 10 años, mientras quienes necesitan reemplazar su corazón tienen una expectativa de vida entre seis meses y un año.

Fernando Andrés Quintero Costea, coordinador operativo de trasplantes de la Fundación Cardiovascular, mostró su preocupación por la baja tasa de donantes y la calidad de vida de los pacientes, pues 'en la región quienes necesitan cambiar su corazón deben aguardar entre dos y seis meses, y la espera por un riñón se prolonga entre dos y cinco años'.

'En este momento en Colombia contamos con una tasa de 12 donantes por cada millón de habitantes pero lo que el Gobierno quiere es que alcancemos a aumentar a 20 y disminuir las listas de espera… por ejemplo, si en la región empezamos a tener por lo menos seis donantes de riñón al mes, en un año podríamos atender 72 pacientes renales', sostuvo Quintero Costea.

Por su parte, Adriana Jurado, enfermera jefe de la Unidad de Falla Cardiaca de la FCV, manifestó que 'hay bastantes pacientes en lista, pero tenemos pocos órganos porque existen muchas negativas frente a la donación, entre otras cosas debido a que los familiares de quienes lamentablemente presentan muerte cerebral deciden no autorizar el rescate de los órganos'.

Y agregó: 'Tenemos pocos pacientes en lista de espera por corazón pero no sucede lo mismo con los riñones, pues todos los que están en diálisis deben ser sometidos a trasplante… No debemos seguir indiferentes y ponernos en los zapatos de las otras personas, pensando en la posibilidad de que en algún momento uno de sus familiares podría estar en la misma situación. No hay que verlo como un problema muy lejano'.


LISTA

Requisitos para ser donante

1 Haber expresado en vida el deseo de ser donante. Esto facilita  que la familia autorice la donación de órganos y tejidos.

2 Tener entre 1 y 65 años de edad.

3 No haber padecido hepatitis, cáncer, sida ni otras enfermedades infecciosas.


'Cada día es como si agonizara esperando'

'En este año me han llamado tres veces como posible receptora, pero es difícil porque somos muchos pacientes y todos con la misma necesidad. Entre más me llaman, la angustia y la impotencia inundan mi vida porque no sé si seré apta y mientras tanto pasa el tiempo y uno se va deteriorando cada vez más'. De esta manera, Xiomara Cabanzo resume los tres largos años que su nombre ha estado en la lista de espera por un riñón.

Ella tiene 29 años, es casada,  madre de un niño de nueve años y desde que empezó su espera por un trasplante, su vida depende de ‘Lola’. Así bautizó su hijo a la máquina de diálisis a la cual Xiomara se ‘conecta’ todas las noches hasta las 8:00 a.m.

De acuerdo con Xiomara, su mayor frustración, además de pensar en el sufrimiento de su hijo, es la pérdida de vitalidad y 'aceptar que a mi edad me sienta físicamente como una mujer de 80 años'.

Si bien Xiomara asegura que entiende el dolor de una familia al momento de perder a un ser querido, hace un llamado para que en medio de su sufrimiento 'las personas puedan entender que la donación de órganos es salvar vidas, es devolverle a uno lo que ha perdido'.

Y agrega: 'Si para la ciencia mi familiar ya no va a seguir viviendo, puedo darle esperanza a otra persona para que viva un tiempo más. Las personas no sienten que puede ser un familiar, su hijo o hasta ellos mismos quienes puedan estar en una agonía de estas. Porque para mí y para quienes estamos en una condición similar, cada día es como si agonizara esperando que la gente sienta compasión y prefiera la vida y no la muerte'.


un ‘corazoncito’ nuevo en la carta para el ‘niño Dios’

Paula Camila a sus 7 años de edad es conciente de que necesita que los médicos le pongan un nuevo corazón, pues el suyo no funciona bien debido a una enfermedad que ni su propia madre puede decir sin mirar uno de los tantos papeles que recuerdan la evolución de aquello que parece arrebatarle poco a poco a su pequeña.

En medio de su enfermedad y el duro tratamiento que debe soportar para mantenerse bien, Paula Camila no deja de sonreír, anhela correr y patinar como lo hacen los demás niños y sin fatigarse, por eso la carta que escribió para el ‘Niño Dios’ fue sencilla; sólo pidió dos cosas: un computador para jugar y un ‘corazoncito’ nuevo.

Desde que tenía sólo un año de edad, Paula Camila fue diagnosticada con una cardiopatía congénita. A sus dos años fue sometida a la primera cirugía y hace poco más de un año tuvo su segunda intervención.

A pesar de que quedó con sus ‘pilas recargadas’, como lo señaló su madre, Cecilia Milena Cárdenas, desde mayo de este año su salud recayó y hace dos meses tuvo que ser ingresada a la lista de espera: 'El peso, edad y estatura son primordiales al momento de encontrarle corazón y tampoco es que estén muy disponibles pues es una lotería ganarse un corazoncito de alguien… Eso para mí como mamá es terrible porque es desear que otra persona como yo, otra mamá, pierda a su hijo'.

'Aunque es más importante salvar el alma que el cuerpo, muchas personas no entienden eso hasta que no lo viven en carne propia. Es más, si yo no tuviera este problema, de pronto lo pensaría mucho para donar los órganos de mi hija. Debe ser muy duro y comprendo a esas personas, pero también les pido que consideren que una parte de su hijo puede continuar estando con vida en el cuerpo de otra persona', sostuvo Cárdenas.

 

Algunos Ya recibieron su milagro

Hace cuatro años a Jorge Ruiz Güiza, un veleño de 56 años de edad, le diagnosticaron una insuficiencia aórtica severa y luego de algunas recaídas, hospitalizaciones y medicación, recibió su trasplante hace un mes.

Ruiz Güiza reconoce que en octubre, cuando fue informado de la necesidad de trasplantarle el corazón, no pensaba que le tocaría vivir ese proceso: 'La verdad, no sabía que existiera eso de un trasplante, de cambiar el corazón de uno por el de otra persona, pero ahora me siento muy bien'.

También manifestó: 'No tengo palabras para expresar mi gratitud. Tal vez la persona que me donó el corazón se fue de su familia y dejó una profunda tristeza pero hizo que yo volviera a vivir. Personalmente motivo a que las personas no duden en donar los órganos de aquellos familiares que médicamente ya no tienen posibilidad se seguir viviendo, pues  pueden darle la oportunidad de vivir a otra persona, y eso es algo muy hermoso'.

Carlos*, con 65 años, lleva 18 días con un nuevo y joven corazón latiendo en su pecho. Desde mayo de este año le diagnosticaron la necesidad de trasplante y aunque no sabía que fuera tan difícil el reemplazo para su corazón, ahora expresa su gratitud a quienes le dieron la oportunidad de alargar sus años de vida.

'Sólo tengo el más profundo agradecimiento por la generosidad de la persona que me permite tener en este momento su corazón y a sus padres, porque hicieron posible que en mí siguiera viviendo esta persona, para que a la vez yo pudiera disfrutar más de mi familia, mis hijos, mis nietos…', afirmó Carlos.

De aquel donante, Carlos sólo sabe que no era santandereano, 'este corazón proviene de otra región porque acá no lo hubo. Pareciera que acá las personas prefieren botar a la basura sus órganos, desecharlos, en vez de colaborarles a otras personas que necesitan órganos.

'Fui beneficiado con este corazón inmenso, grande y poderoso… Mi compromiso es cuidarlo, tratar de ser mejor persona, mejor ciudadano, tratar de hacer el bien siempre. Ese es mi compromiso, y si por algún motivo llegare a fallecer, mi compromiso es que lo que aún sirva en mí, lo den a otra persona', concluyó.

 

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