jueves 22 de octubre de 2020 - 4:04 PM

Cafetería Fuente Dorada cerró sus puertas tras 29 años en la Puerta del Sol de Bucaramanga

Otro establecimiento insignia de Bucaramanga tuvo que cerrar sus puertas definitivamente por la crisis económica derivada de la pandemia del COVID-19 y la falta de ayudas de los gobiernos locales y nacionales.
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Álvaro Hernández duró 29 de sus 65 años al mando de la cafetería Fuente Dorada, en su punto de la Puerta del Sol. Desde allí, organizaba no solo los productos que comercializaba en el local sino una gran cantidad de pasabocas con los que importantes empresas del área metropolitana amenizaban reuniones y eventos.

“Además del punto físico nosotros sacamos la línea de refrigerios empresariales y el 80% de nuestra empresa se enfocaba en eso. Teníamos de clientes a la UIS, la Unab, el colegio Cambrige, Cenfer, Fenalco, Hipinto, Freskaleche, varios bancos, pero con la pandemia no hubo presencialidad entonces ahí comenzamos a sufrir”, dijo Hernández.

Pese a que la cafetería no cerró sus puertas durante estos cerca de siete meses, al no tener ingresos por la línea empresarial no podían sostener a los cerca de 20 empleados en el local.

“Nosotros seguimos trabajando, no paramos. Pero con las ventas en el punto físico no se puede sostener toda la nómina, ni los servicios que son estrato cuatro comercial. Fue muy triste tomar la decisión de cerrar, pero no teníamos más opción”, dijo quien hasta hace dos semanas era el dueño de la cafetería.

Al pago de la nómina de 19 empleados se le suman los gastos mensuales en servicios públicos que ascendían a los $5 millones mientras que los ingresos no superaban los $3 millones.

“Se me fueron todos mis ahorros tratando de solventar y sobrevivir esta crisis. Pero todo era pérdidas. Y con todas las reuniones prohibidas, es más improbable poder ganar algo. Nadie sobrevive con un negocio perdiendo más de $2 millones mensuales por cuatro o cinco meses”, dijo Hernández.

Con el cierre de la cafetería, don Álvaro tiene ahora el reto de vender los equipos y de arrendar el local, que es de su propiedad, para poder salvar parte de su patrimonio.

“Es muy duro porque uno ve el trabajo de la vida desmoronarse en unos meses. Y nadie ayuda. No calificamos para ninguna de las ayudas del gobierno. No entendemos. Los bancos lo único que hicieron fue no pasar a cobro jurídico, de resto, solo ponía de opción la refinanciación de la deuda, que a la larga es peor. Es un panorama desolador”, comentó.

Álvaro Hernández agradeció a la clientela que lo apoyó y lo acompañó desde el momento en el que él comenzó con la cafetería y aseguró haber pensado en todos los escenarios posibles que no fueran el cierre de su negocio, pero no fue posible.

“Cuando vi la situación como estaba, me quedé solo con dos empleados. Éramos los tres trabajando, fui panadero, me encargué de múltiples cosas con tal de no cerrar, pero llega un punto donde esa es la única opción. Duele porque tengo 65 años y me quedé sin nada, pero también le queda a uno agradecer... Gracias a mis clientes, por acompañarnos en estos 29 años”, contó Hernández, notablemente afectado.

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