domingo 12 de julio de 2009 - 10:00 AM

Campus Party 2009, la fiesta tecnológica más grande del país

Al dar un paseo por el pabellón de Corferias donde se lleva a cabo la edición 2009 de Campus Party, cualquiera pensará que ha caído por un agujero de conejo hacia un mundo insólito, donde los ordenadores tienen forma de motocicletas, submarinos, alienígenas, hornos microondas y marmotas gigantes.

Después de un tiempo, sin embargo, advertirá que frente a esos equipos hay jóvenes que escriben, programan, repasan apuntes de conferencias, comparten información, juegan y, a veces, levantan la mirada sobre sus pantallas para confirmar que comparten, con otros 3 mil 500 ‘campuseros’, un espacio privilegiado e irrepetible. Aún después de varios días, las miradas que algunos lanzan sobre ese océano de pixeles son de fascinación.

La Arena

La palabra ‘campuseros’ designa a los participantes de Campus Party, un evento que reúne a conferencistas internacionalmente reconocidos con estudiantes, desarrolladores de Software, periodistas, jugadores profesionales de videojuegos y toda clase de gomosos de la tecnología.

Algunos de ellos permanecen en las instalaciones de Corferias durante los 8 días que dura el evento, durmiendo en un pabellón con cientos de carpas.

Pero el hábitat natural de los campuseros es la así denominada ‘arena’. En ese lugar, al que sólo ellos tienen acceso, hay más de 2 mil computadores, algunos de los cuales han sido convertidos por sus dueños en los más impresionantes, y a menudo ostentosos, equipos que puedan imaginarse.

Una tarima azul ubicada a uno de los lados de la arena, y que a cierta altura tiene un recuadro de vidrio grueso, permite a quienes pagaron su entrada a la feria por un sólo día, tomar fotografías y obtener una noción de lo que sucede allí dentro.

Es en ese cristal donde los visitantes del día jueves encuentran un aviso que dice 'Por favor no arroje comida a los campuseros', en un papel que los muchachos de la mesa más cercana pegaron desde la mañana.

La primera noche

Cuatro días antes, a las 9 de la noche del lunes 13 de Julio, Campus Party 2009 fue oficialmente inaugurado. Durante la ceremonia de apertura el presidente de Telefónica, Julián Medina, invitó a los participantes a gozar de una 'fiesta de 8 días'.

Miles de jóvenes provenientes de todo el país siguieron su recomendación al pie de la letra; disfrutaron del concierto que siguió a la ceremonia, organizaron torneos de videojuegos y talleres de ‘Overclocking’ con nitrógeno líquido, y recibieron boquiabiertos las bebidas energizantes que unas muchachas con aire angelical les dejaban sobre la mesa junto con la frase 'te regalo un par de alas'.

Pasada la media noche los procesadores del taller estallaron mientras los gritos de los jugadores resonaban de extremo a extremo del pabellón, sin que la música a todo volumen lograra disimularlos.
La fiesta estaba en su punto máximo; Campus Party 2009 había empezado.

Bautizo digital

Durante los días siguientes, en una zona llamada ‘Campus Experience’, tanto los campuseros que quieren descansar de la arena, como los asistentes temporales, juegan en las consolas más recientes, conocen todo tipo de dispositivos electrónicos y robots mundialmente famosos, y se asombran al ver trabajar a los famosos procesadores de 4 núcleos de Intel, y los chips de última generación de Nvidia.

En otra área, la de ‘Inclusión Digital’, personas de la tercera edad interactúan con la tecnología como jamás lo han hecho antes, y toman cursos rápidos de utilización de las herramientas disponibles en la Red.

Después de recibir su 'bautizo digital', algunos de ellos se animan a meterse más de lleno en el mundo tecnológico. Como Fidel Jiménez, quien luego de visitar Campus Experience dice: 'No puedo creer que las cámaras sepan cuándo me río y tomen ellas solas la foto', y afirma que esa tecnología le parece milagrosa.

Récords mundiales

Hacia la medianoche del miércoles resuena por la arena una cuenta regresiva. Al llegar al cero, inicia la primera de las 48 horas que más de 500 campuseros pretenden pasar frente a sus computadores para batir el récord mundial Guiness de la ‘LAN Party’ de mayor duración.

Como en cualquier LAN Party, el único requisito es que los ordenadores estén conectados y los participantes jueguen unos con otros a través de la red local.
La idea inicial es contar con 400 personas, pero al final otros 100 se suman a la iniciativa, que tristemente termina antes de tiempo, sin que el récord sea superado.

Sergio Rangel es el único que no parece desanimado.

El intento de batir el récord aumenta la de por sí bastante elevada tasa de consumo de RedBull de los campuseros. Las decenas de latas vacías que ellos producen por minuto son la materia prima que él y su equipo del Sena utilizarán para construir el logotipo de Campus Party más grande que se haya hecho en cualquiera de los países de Europa y Latinoamérica en que se realiza el evento.

Para ello unirán esfuerzos con otro recolector que inició, el año pasado, la tendencia en el país, construyendo logos de Linux con las latas.

Celebración digital

Durante el evento se dictan tantas conferencias que muchas de ellas suceden al mismo tiempo. Los campuseros, por cierto, se quejan porque los paneles de los expositores están ubicados demasiado cerca unos al lado de otros y sus charlas se confunden, y esperan que el año entrante esa situación cambie.

Pero aunque hay en Campus un trasfondo académico y científico contundente, es innegable que el evento tiene otro atractivo, una característica esencial más importante que los congresos o la simple interconexión de computadores para compartir información o jugar en línea.

Tampoco puede tratarse del ancho de banda que los participantes tienen durante el evento; de los 6,5 Gigabytes por segundo totales, sólo un par de Megabytes le corresponden a cada participante. Muchos de ellos tienen conexiones mejores en sus casas.

No. Si Campus es algo más que la simple suma de sus partes, su valor real no puede ser algo concreto.

La magia del evento tendría que estar en su capacidad para convencer a sus participantes, a sus visitantes y al resto del país, de que hay razones para apropiarse de la tecnología. Para persuadirlos de que es posible hallar en ella una identidad y una esperanza de cambio en un país que la necesita desde hace tanto tiempo.

Campus es la prueba incontestable de que tiene sentido reunirnos a conocernos, a trabajar juntos, pero sobre todo a celebrar, como dijo el doctor Medina, en una fiesta digital donde el único psicoactivo es la tecnología (y quizá el RedBull), y donde todos alucinan con una Colombia moderna, renovada y orgullosa de sí misma.



 

Publicado por
Lea también
Publicidad
Comentarios
Comente con Facebook
Vanguardia no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.
Publicidad
Publicidad
Publicidad
Publicidad