miércoles 17 de octubre de 2018 - 11:12 AM

Crisis en El Carrasco aumentó número de gallinazos y "pone en riesgo vuelos en Palonegro"

Tras la crisis que se registró el pasado miércoles 3 de octubre por el colapso de la celda No. 4 del relleno sanitario El Carrasco, la comunidad del sector y la Aeronáutica Civil aseguraron que la población de gallinazos aumentó, hecho que pone en riesgo la aeronavegación.

El desplazamiento de cerca de 30 mil toneladas de residuos sólidos de la celda No. 4 de El Carrasco ocasionó una emergencia ambiental en Bucaramanga y el área metropolitana, el pasado 3 de octubre.

Los malos olores que invadieron la ciudad se registraron desde las 3:30 a.m. de ese día. Aunque la Emab aseguró la crisis sería atendida de manera inmediata y que no tendría consecuencias para la salud de los ciudadanos, quince días después de lo sucedido, los vecinos del sector aseguran que continúan los olores nauseabundos y que la población de gallinazos aumentó de manera significativa.

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Este último aspecto, que se debe a la gran cantidad de residuos que aún continúan expuestos, pone en riesgo la seguridad de los vuelos que entran y salen desde el Aeropuerto Internacional Palonegro.

La seguridad de los vuelos: en riesgo

Vanguardia.com se comunicó con el biólogo John Edward Navarro, de la Aeronáutica Civil, quien aseguró que desde la emergencia se ha visto un notable aumento el número de aves de esta especie.

“Desde lo que ocurrió en El Carrasco hemos notado un aumento en la población, por lo que estamos tomando medidas de seguridad. Dicho aumento es de cerca del 30% de gallinazos diariamente, antes veíamos entre 60 y 70 individuos y ahora son entre 120 y 130. Es algo alarmante porque puede ocasionar un accidente de aeronavegación catastrófico”, afirmó Navarro.

Si bien desde la crisis no se han registrado accidentes de choques de estas aves con las turbinas u otras partes de las aeronaves, en el Aeropuerto Internacional Palonegro se están tomando las medidas respectivas para la dispersión de los animales. 

“Estamos haciendo trabajos de dispersión y estamos en alerta. Tenemos medidas como la pirotecnia con pistolas de cartuchos, voladores y cañones de gas. Pero también utilizamos químicos para evitar que se acerquen a la zona de seguridad”, agregó el biólogo.

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Según el experto, las aves llegan hasta las pistas del Aeropuerto debido a que las corrientes de aire que se registran en dicha zona son más calientes y son cercanas a El Carrasco, donde se acentúa gran parte de su población.

Es por ello que piden mayores controles de los organismos encargados. “Desde lo ocurrido necesitamos que se haga mayor monitoreo, el aumento de la población se debe a la falta de controles diarios”, concluyó el experto.

“Hay más ‘chulos’ y los malos olores continúan”

Desde hace más de 10 años María Cristina Hernández vive en los alrededores de El Carrasco y, al igual que el biólogo John Edward Navarro, aseguró que desde la emergencia del colapso de la celda, hay más aves sobrevolando la zona.

Según la mujer, la población ha aumentado tanto que las aves se han asentado en su finca durante las noches. Además, denunció que los olores se intensificaron debido a que parte de los residuos están expuestos y a que las basuras están siendo movidas por funcionarios de la Emab, hecho por el cual se vio obligada a salir de la propiedad. 

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“Los gallinazos conviven en los tejados de la finca, ahí duermen en las noches y desde la emergencia hay más aves porque los funcionarios de la Emab están revolviendo la basura. El olor es insoportable, se queda impregnado en la ropa y en la piel. El olor es tan fuerte que me tocó salir por unos días”, comentó la mujer.

También señaló que las lluvias continúan, hecho que genera temor  en los habitantes del sector, pues temen que el resto de la celda colapse, generando una emergencia mayor.

Habitantes de Bucaramanga y Girón también han denunciado los malos olores en la ciudad, durante los últimos días.

La Emab dice que no hay aumento de gallinazos

Laura Carolina Valencia, bióloga de la Emab, aseguró que luego de la emergencia la población de gallinazos ha sido monitoreada de manera regular y que no se registra tal aumento que denuncia la comunidad.

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“Cada tres meses hacemos unos conteos dentro del predio de El Carraco y tenemos cuatro puntos de monitoreo de los gallinazos dependiendo de la actividad que realicen, ya sea sobrevuelo, percha o alimentación. Con estos conteos sabemos cuántos gallinazos en promedio hay en esta zona y llevamos un control de los mismos”, indicó la funcionaria.

Según Valencia, en 2009 la población de estas aves era mayor y ha disminuido debido al manejo de los residuos sólidos, por lo que en junio del año pasado se registraba una población de 3.500 y en octubre de este año el censo llegó a los 690 individuos.

“Nosotros hacemos este estudio por las implicaciones que tiene El Carraco con el Aeropuerto y participamos de los comités de peligro aviario donde llevamos los resultados para el plan de manejo de la población de estas aves. Antes El Carrasco era un foco para estas aves, pero con los nuevos planes de manejo de residuos su población ha disminuido”, explicó Valencia.

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Es por eso que la bióloga aseguró que luego del colapso de la celda “se mantiene la misma población” y que trabajan en planes de control como el uso de pólvora, gases e incluso un dron. También señaló que la población de gallinazos se concentra en otras áreas de la ciudad en la cual se hace mala disposición de las basuras.

Importancia de los gallinazos

Los gallinazos son aves carroñeras que pueden vivir hasta diez años, son características por su plumaje negro y cuello y patas largas.

Los machos tienen un peso promedio de 2 kilogramos, mientras que las hembras pesan 500 gramos más. Su tamaño oscila entre los 65 y los 80 centímetros, y al abrir sus alas alcanzan una longitud de hasta 1,60 centímetros.

Además comer carroña, los gallinazos se alimentan de basura y crías recién nacidas que son abandonadas.

Dentro del ecosistema cumplen un papel importante ya que se encargan de reciclar los nutrientes de los residuos sólidos, evitando la propagación de bacterias y vectores que pueden generar daño a la salud pública.

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