miércoles 22 de diciembre de 2021 - 12:00 PM

Cuando el cine ‘rojo’ se tomó los teatros de Bucaramanga

En la década de los 80 la crisis de los teatros en el centro de la ciudad fue abrumadora, por lo que los propietarios optaron por ofrecer películas porno en sus taquillas. Esta es la historia de cómo, durante cerca de 20 años, el contenido para mayores fue un éxito en las salas de Bucaramanga.

El cine ha sido uno de los centros de entretenimiento más apetecidos desde que abrió el primer teatro en Bucaramanga. Sin embargo, la crisis económica que acechó el negocio en los 80, provocó que en las carteleras se situara una programación para adultos, más taquillera que el resto de películas que llegaron a transmitirse en las diferentes salas de la ciudad.

Desde ese momento hasta inicios del 2000, el cine porno fue un sostén para los teatros que entraron en crisis por la transformación digital y la llegada de nuevas formas de ocio. Los teatros Rosedal y Unión, tuvieron un cambio drástico en sus carteleras, al igual que el tipo de público que iba principalmente los fines de semana.

El cine ‘rojo’ se tomó los estos dos teatros de los 12 que proyectaban películas en la ciudad, que llegaron a ser reconocidos por tener este tipo de filmes.

La clase popular de Bucaramanga que traía consigo represiones sexuales al no poder desahogarse de esta manera en otros espacios, asistía a las salas donde los gemidos retumbaban en los amplificadores y las escenas explícitas no eran censuradas.

En su mayoría eran los hombres los que adquirían su boleta y aprovechaban el espacio para una buena sesión de masturbación. Miguel Vergel cuenta que incluso las trabajadoras sexuales se ubicaban cerca de los teatros para ofrecer sus servicios y dar compañía a quienes asistían solos.

Emilio Arenas, sociólogo e investigador, recuerda que las salas no tenían un alto flujo de clientela entre semana, lo que dio pie a que muchas parejas usaran estos teatros para tener intimidad.

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Por otro lado, Arenas cuenta que la existencia de dichos establecimientos era completamente normal dentro de una sociedad mayormente católica, que consideraba que la pornografía era inmoral.

Incluso, Diego Ruíz, director de la Corporación CONPAZES, dice que estos teatros fueron un punto importante para la socialización de personas homosexuales que ante el conservadurismo de Bucaramanga, no podían exponerse. Esto llegó a convertirse en un símbolo de libertad para quienes tenían sed de mostrarse tal y como eran.

“En las entradas ponían posters con las actrices del momento y las carteleras de las películas recientes”, recuerda Ruíz.

El sociólogo afirma también que debido al tema de este cine, surgieron chistes de mal gusto. “A uno le decían, “¡ey! lo vi saliendo del Unión, por ahí estaba con una muchacha” y ya era molesto”.

Pero, ¿cómo nació el cine ‘rojo’? Hay que devolverse un poco en la historia para poder entender el mundo del entretenimiento audiovisual en la ciudad.

La alta sociedad bumanguesa, luego de la guerra de los mil días, se asentó en las inmediaciones del parque Centenario, donde iniciaron una expansión exclusiva para ellos. Entre sus propiedades estaban el Club del Comercio, el Colegio San Pedro Claver y el Teatro Santander.

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Pero la clase media quiso asistir también a los teatros, por lo que la competencia de estos espacios salió a flote, como el Rosedal, el Garnica, el Sotomayor o el Unión. Fueron 12 los que prestaron un servicio de teatro convencional y luego proyectaron filmes desde la década de los 40. La burguesía se trasladó a Cabecera del Llano y, por ende, se construyeron nuevos teatros para ellos. En ese momento el Centro de Bucaramanga empezó una transformación comercial más popular.

El flujo de comercio que se empezó a adecuar alrededor del parque Centenario provocó el cambio de uso que se le daba a la zona: las personas ya no asistían al sector a ver teatro, por lo que el mercado entró en decadencia.

Las películas nuevas, procedentes de Estados Unidos y demás países con una industria cinematográfica mejor constituida, se programaron en los teatros de mayor categoría.

Es por ello que el cine barato, especialmente mexicano, hizo de las suyas para establecer un público más específico. Pero seguía siendo insuficiente. La llegada de la televisión y el VHS también causó que la gente dejara de asistir a las salas de cine.

Pero los propietarios de estos teatros no iban a permitir la quiebra de sus negocios. De acuerdo con Arenas, uno de los primeros en aprovechar la pornografía para aumentar ganancias y clientela, fue el Teatro Unión, ubicado en la carrera 17 con la calle 45. Posteriormente, el Rosedal, que se instaló en la calle 34 entre carreras 18 y 19. El Teatro Libertador, de la carrera 15 entre 22 y 23, proyectó una que otra película porno, donde también habían shows de strip-tease.

El Sotomayor, por su parte, también presentó películas mexicanas y tras ser vendido a un señor de apellido Pava, cayó en el porno. Este teatro, por el prejuicio que tenía, tuvo que cambiar su nombre a ‘Teatro Municipal’ pero quebró en los 90.

Cuando el cine ‘rojo’ se tomó los teatros de Bucaramanga

Y fue efectivo. Este tipo de contenido llamó la atención de los ciudadanos que aprovecharon para tener intimidad con sus parejas ante la escasez de moteles que había en la ciudad. Además, coincidió con la alta llegada de trabajadoras sexuales a estos barrios.

El estruendo de la música de los bares y cantinas, y el establecimiento de un par de ‘hoteluchos’ hizo que la concurrencia aumentara, pero no necesariamente a ver películas. Otras actividades opacaron el negocio, dice Arenas. La zona era completamente popular.

Por otro lado, la inseguridad de la zona, los habitantes de calle y la delincuencia se tomaron estos sectores. La gente temía caminar por estos lugares pues podían ser atracados.

El sociólogo Arenas cuenta que el cine ‘rojo’ funcionó hasta pasados los 2000, pues además de los robos, dejó de ser un servicio taquillero. Ya era fácil acceder a la pornografía a través de internet y en la ciudad se situaron decenas de moteles. El último en cerrar su taquilla fue el Teatro Rosedal, en 2009.

Incluso, en la actualidad, ni siquiera se conserva la infraestructura de algunos de estos teatros. Por ejemplo, a las afueras del Unión funcionó un par de años un ‘tomadero’, y posteriormente fue demolida toda la edificación para construir una estación de servicio de Esso.

Cuando el cine ‘rojo’ se tomó los teatros de Bucaramanga

El Rosedal hoy en día mantiene su fachada pero se convirtió en el Hotel Castillo Real.

Cuando el cine ‘rojo’ se tomó los teatros de Bucaramanga


Así fue como una programación, que hoy en día sigue siendo un tabú, funcionó sin problema alguno en puntos altamente concurridos por los bumangueses, que se fue para no regresar.


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María Lucía Bayona

Periodista egresada de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Miembro del equipo web de Vanguardia desde el 2021 con el cubrimiento de temas de actualidad y formatos audiovisuales.

@velvetmals

mbayona@vanguardia.co

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