viernes 03 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Cuatro proyectos en Bucaramanga buscan el progreso de la mano con la ecología

¿Se imagina un ladrillo fabricado a partir de residuos sólidos... y qué tal un aislante contra ruidos elaborado con llantas que fueron recicladas? Estas son algunas de las ideas revolucionarias que se desarrollan en Bucaramanga y su área, para generar progreso con una consciencia ecológica y sostenible en materia ambiental.

Aquí lo que falta es apoyo. Talento e ingenio hay de sobra”. Así lo afirman emprendedores en Bucaramanga y su área metropolitana, quienes hoy lideran y desarrollan proyectos que, además de contribuir con el progreso de la región y del país, también aportan un ‘granito de arena’ para la preservación del ecosistema.

La ciudad no es ajena al cambio de mentalidad que se viene presentando en las metrópolis más desarrolladas del mundo: crear empresa o negocio de una forma sostenible en materia ambiental, y sacar provecho de los residuos sólidos y de las energías renovables.

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Tal y como lo realiza un grupo de jóvenes universitarios, quienes a partir de desechos pueden fabricar fertilizantes y hasta ladrillos. Otra magnífica idea es la reciclar llantas que ya perdieron su vida útil, para hacer un aislante de ruido en edificaciones.

Vanguardia le presenta esta y otras ideas revolucionarias de negocio, que pueden dinamizar la economía de Santander, mientras se realiza una labor de cuidado y protección del ambiente.

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Cuatro proyectos en Bucaramanga buscan el progreso de la mano con la ecología

Reciclaje desde el móvil

Íngrid Paola Albis Pérez

ialbis@vanguardia.com

Un proyecto de reciclaje, que surge de una idea innovadora para cambiar el mundo a través de los negocios y la protección al medio ambiente, alcanzó a llegar a la fase regional de la competencia de emprendimiento social Hult Prize. De haber ganado, en una década, generaría más de 16.000 empleos, distribuidos en tres plantas de procesamiento de basuras y seis zonas de reforestación.

Pedro Andrés Salgado Meza de Ingeniería Electrónica, María Claudia Rincón Remolina de Ingeniería Civil, Oscar David Gallo Martínez y Sik-lad Ortiz Peña de Ingeniería Mecánica son los cuatro estudiantes de la Universidad Industrial de Santander, UIS, a cargo de esta iniciativa.

Pedro Andrés Salgado Meza explicó que una parte de RecyWe, como se denomina, consiste en que las ciudadanía, a través de un aplicativo móvil, se vincule. Lo único que deben hacer es separar los residuos orgánicos y el material reciclable de todos los desechos que se generan, cuando esté listo darán aviso por medio del celular.

“Nosotros nos encargamos de recogerlos y transformarlos en compostaje, fertilizantes líquidos y orgánicos, fibras para impresión 3D, ladrillos ecológicos, entre otros productos. Nuestro objetivo es reducir la carga que llega a El Carrasco”, comentó el joven.

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Llantas como aislante de ruido

José Luis Pineda

jpineda@vanguardia.com

La normativa colombiana, en materia de construcción, exige que las nuevas edificaciones deben construirse con aislamiento de ruido, y más si se trata de obras para asuntos relacionados con salud y educación.

Para aislar el sonido en edificios actualmente suele emplearse diversos tipos de membranas, compuestas por plásticos y otros materiales sintéticos que resultan causando contaminación al planeta.

Un proyecto universitario, gestionado por la Universidad de Santander-Udes, pretende desarrollar un aislante contra el ruido para las edificaciones, a partir de llantas que perdieron su vida útil y que fueron desechadas.

La idea consiste en reciclar aquellos neumáticos abandonados o que generen focos de contaminación, para sacar provecho de su materia prima: el látex. Luego de un riguroso proceso de limpieza, este caucho posteriormente sería cortado y triturado en pequeñas partes.

Tras dicho proceso, este material granulado que se recicló se mezclaría con cemento, para finalmente obtener un concreto con capacidades de aislamiento acústico.

Además de darle una nueva ‘vida’ a las llantas desechadas y de evitar que estas se incineren o que terminen en el fondo de reservas de acuíferas, este proyecto también contribuiría a reducir el consumo de plástico como aislante contra el ruido.

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Benjamín, amigo del agua

EUCLIDES KILÔ ARDILA

eardila@vanguardia.com

Si hay alguien que le hace un uso racional al agua es Benjamín Mancera Bravo. Según él, utilizar el agua lluvia para tareas que no requieren de agua potable es una excelente idea para ahorrar la plata del bolsillo y, de paso, cuidar el medio ambiente.

Tras materializar esa idea en su propia casa, en el barrio San Alonso, él no paga más del consumo mínimo que le exige el Acueducto Metropolitano de Bucaramanga. Según sus cuentas, al año se ahorra entre $1 millón 500 mil y $ 2 millones.

Para lograr su propósito diseñó una estrategia que denominó así: Amigo del Agua, ADA. En sus propias palabras, la idea es captar agua lluvia e incluso el líquido que sobra del lavado a mano.

Todo comienza en el techo de su casa: las canaletas y mangueras reciben y distribuyen el agua hasta un estanque, donde se captura, se filtra y almacena. De esta forma la casa de Benjamín cuenta con una gran reserva.

El agua almacenada queda libre de impurezas y, si bien no es apta para beber, sí sirve para limpiar los pisos, regar el jardín, bañarse y para los sanitarios.

En total son seis tuberías conectadas, las cuales permiten la conducción de agua lluvia, agua de la lavadora y agua utilizada para lavar la ropa a mano, hacia un tanque especial. De dicho recipiente se puede extraer el líquido puro, que posteriormente es reutilizado.

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Ecoflame, amigable con el ambiente

Juan Manuel Morales

periodistapie@vanguardia.com

Andrés Sosa es estudiante de octavo semestre de Ingeniería Química de la Universidad Industrial de Santander, UIS. Hace un año comenzó a trabajar en un proyecto para reemplazar el carbón. La idea es generar un producto combustible, amigable con el ambiente y que provenga de elementos reusables.

Bajo esa premisa Sosa, residente en el barrio El Refugio de Piedecuesta, trabaja junto con una compañera para perfeccionar una idea que surgió tras conocer los componentes básicos del aserrín y el cartón. “El cartón y la madera son elementos combustibles, ahí no hay nada innovador. No obstante la aplicación de cales, permiten que las cenizas puedan ser convertidas en abono”, explicó el estudiante UIS.

Las briquetas, como es conocido el combustible sólido, es un producto 100 % ecológico y renovable, catalogado como bio-energía sólida, que viene en forma cilíndrica o de ladrillo y sustituye a la leña y el carbón.

“En estos momentos estamos en la etapa de perfección. Hay que evaluar variables como el tiempo de duración en la hoguera y que no afecta el sabor de los alimentos”, agregó Sosa.

Según los promotores del proyecto, una de las bondades del producto, que más han recalcado los que usan las briquetas es que deja en sabor ahumado, como cocinado con leña.

Dato: 4.8% es el índice de reciclaje en Bucaramanga, según la estadística más reciente del Programa Cómo Vamos.

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