domingo 24 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Del calor santandereano a los -43 ° del Polo Norte

Un administrador de empresas de Barrancabermeja pasó seis meses en un pequeño pueblo, al Norte de Canadá, considerado uno de los lugares habitados más fríos del planeta. ¿La temperatura promedio? -16 ° centígrados. Así se sobrevive en el círculo polar ártico.
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Hace 22 años salió de Bucaramanga, pero todavía salen de su boca palabras como ‘chino’ para referirse a niño, ‘chicharrón’ en vez de problema o ‘sancocho’ por mezcla. Y es que Orlando Arciniegas Lucena pudo salir de Santander, pero Santander definitivamente nunca salió de él.

“En mi casa en Canadá se habla en español. De las puertas para adentro de nuestra casa es como nuestra pequeña Colombia. Hacemos café, sancocho y nuestros niños fueron creciendo así”, cuenta Arciniegas.

Este administrador de empresas, experto en seguridad alimentaria, manejo de alimentos y seguridad industrial, nació en Barrancabermeja, vivió en Bucaramanga desde su adolescencia, conoció a su esposa en Cúcuta y decidieron, como pareja, migrar a Estados Unidos al finalizar los años 90.

“Llegué a ese país a trabajar en temas de distribución de alimentos en los llamados ‘warehouse’ (depósitos). Comencé de cero y poco a poco fui ascendiendo, gracias también a que mi manejo del inglés mejoraba. Luego viajé a Toronto (Canadá), ya con trabajo, y comencé a tener experiencia en manejo de alimentos y seguridad industrial”, explica.

Para este santandereano de 54 años las vueltas que le ha dado la vida, como migrante, fueron claves para lograr desarrollarse como profesional y terminar visitando el ártico.

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Ya establecido en Alberta, Canadá, fue contactado por una empresa dueña de los supermercados que están ubicados en el ártico, para que pudiera ayudar en el proceso de renovación de dichas tiendas.

“Entonces toda mi experiencia me llevó al punto de ser el idóneo para encargarme de ese trabajo. Y así fue como llegué a un pequeño asentamiento cerca al polo norte magnético, rediseñando la tienda y los procesos”, afirma.

Arciniegas estuvo en este punto del círculo polar ártico para mejorar también el sistema de rotación de los inventarios de alimentos, pues todos los productos que llegan a este punto del mundo solo lo hacen una vez al año, en avión o en barco.

Frío que quema

Durante febrero, marzo y abril de 2021, Orlando Arciniegas cumplió su primera rotación en Resolute Bay, un pueblo fundado en 1947 y habitado por una comunidad nativa de esta región ártica llamada Inuit. En mayo el santandereano volvió a Alberta con su familia y regresó de nuevo al Ártico entre junio y septiembre.En Resolute Bay, la comunidad no ve el sol durante meses y luego el sol no se pone durante varias semanas. Por esto, en lenguaje nativo, el sitio es llamado ‘lugar sin amanecer’.

Tiene como 200 habitantes y cerca de 40 casas. Los Inuit son quienes han vivido en el Ártico por generaciones.

“Hay dos hoteles, aunque no lo crea, y un aeropuerto muy grande. Allá se ubican dos edificios, que son como unos campamentos, donde opera el gobierno de Canadá y donde se hacen estudios o análisis científicos, revisando la fauna de la zona y el deshielo. En ese punto van los militares de Canadá a hacer el curso de supervivencia en temperaturas extremas”.

Afuera, en las calles de Resolute, el frío y la nieve se combinan con vientos entre los 100 y los 150 kilómetros por hora. Por esto, si piensa salir de los edificios tiene que ponerse cerca de tres capas de ropa térmica especializada.

En este pueblo, a 150 km del Polo Norte Magnético, van los militares de Canadá a hacer el curso de supervivencia en temperaturas extremas.

La primera capa “es una ropa que viene muy pegada al cuerpo, con un material especial que regula el calor del cuerpo y lo mantiene. La segunda capa es un pantalón de algodón, un saco y encima va una chaqueta llamada parca que aguanta temperaturas de hasta -60 grados centígrados”.

Luego vienen las medias térmicas que mantienen el calor y mantienen el pie seco. Lo último son unas botas especiales y usar doble guante.

“Yo trabajo adentro de los edificios, pero tenemos que salir dos o tres veces en el día y no importa cómo estén las condiciones de clima. Debemos ponernos todo el equipo y la cara debe estar lo más cubierta posible. Si tu cuerpo no está cubierto, te arriesgas a los frostbite (congelamiento de piel y tejidos)”, explica Arciniegas.

Aunque el barómetro marcaba -39 grados centígrados, recuerda Orlando Arciniegas, el viento lograba que la sensación térmica ascendiera a los -43 grados.

Es precisamente cuando está a temperaturas mínimas de -16 grados centígrados que este barranqueño recuerda con nostalgia el calor de un sancocho o un chocolate caliente con arepa.

“Tuve la oportunidad que jamás había pensado yo en mi vida, de estar tan al norte, imagínense si usted lo ve en el mapa, es una isla muy pequeña. Me llena de orgullo saber que uno puede estar a la altura de cualquiera de estos profesionales del mundo, es solamente el hecho de meterle uno las ganas, la verraquera. Me siento como un santandereano verraco, que puede ir a donde sea y estar a la altura de cualquiera”, expresa.

Aunque extraña el calor de Santander, no visita su tierra desde hace tres años para evitar ‘dolores’ de cabeza con el tema de COVID. Añora un bagre frito con yuca y bollo limpio de su natal Barrancabermeja, una oblea florideña, un plato de pepitoria y hasta un pedazo de queso con bocadillo.

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Daniela Puentes Rueda

Periodista egresada de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Miembro del equipo digital de Vanguardia desde 2014 y de la Unidad Investigativa desde 2018.

Desde estos espacios ha participado en trabajos premiados en Santander y Colombia.

Desde 2019 hace parte de la red nacional de chequeadores con NoSeaPingo, de Vanguardia.

@bridgesdani

dpuentes@vanguardia.com

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