domingo 02 de octubre de 2022 - 12:00 AM

Edificio neoclásico del Club del Comercio de Bucaramanga llegó a sus cien años

El 20 de septiembre de 1922 se realizó el traslado efectivo de los socios del Club del Comercio desde su última sede arrendada hasta la que hoy es su actual sede propia, entre las calles 35 y 36 con carreras 20 y 21.

Se trata de un edificio neoclásico, diseñado y construido por Pietro Colombo Monticoni, y que fuera financiado con un préstamo del Banco Hipotecario de la Mutualidad, bajo la dirección del ingeniero ganador del proyecto y del maestro Andrés Gallardo.

Después de un siglo de existencia, el edificio del Club del Comercio es hoy un ícono de Bucaramanga, orgullo de sus habitantes, recientemente declarado por el Ministerio de Cultura de Colombia como ‘Bien Inmueble de Interés Cultural del Orden Nacional’.

Su historia hace parte integral de la de la sociedad bumanguesa, de sus vicisitudes y de sus realizaciones, como pronto podrá leerse en el libro “Decano de los clubes sociales de Colombia” que prepara, por delegación de su Junta Directiva, el historiador Armando Martínez Garnica.

Si bien han sido muchas las reformas introducidas a su arquitectura original en cien años, aún mantiene su presencia neoclásica original y su imponencia frente al Parque de Santander y al lado de la Sagrada Familia.

Según Carlos Alberto Gómez Gómez, presidente de la Junta Directiva del Club, “los ciudadanos deberían hacer una pausa para contemplar este inmueble que, al examinarlo, percibirán la impronta de una de las tradiciones de la ciudad”.

El Club del Comercio celebra así mismo 150 años desde su origen como Liceo de Soto en 1872, el emprendimiento institucional privado más antiguo de cuantos sobreviven en Bucaramanga hasta nuestros días, que dio origen al Club de Soto formalmente constituido el 1º de mayo de 1873, transformado en 1877 a Club del Comercio.

Esta institución ha sido testigo de excepción del anhelo de progreso y de sociabilidad de sus gentes, de refinamiento del gusto y de la distinción social.

Tanto el centenario del edificio neoclásico como el sesquicentenario del origen del Club del Comercio coinciden con la celebración de los cuatro siglos de existencia del poblamiento de Bucaramanga, motivo de especial celebración para los bumangueses.

EVOCANDO EL AYER DEL CLUB

La historia cuenta que un grupo prestigioso de ciudadanos, por allá en el año 1872, decidió constituir una corporación que inicialmente se conoció como ‘Liceo de Soto’. La propuesta fue de Nepomuceno Serrano Serrano, quien en ese entonces se desempeñaba como Director de la Escuela Elemental de Varones de Bucaramanga.

Si bien la vida de dicho Liceo fue ‘corta’, es preciso recordar que él fue la semilla que germinó en el Club que hoy conocemos. Tras una cena de amigos, celebrada en la casa de un inmigrante italiano, José Delfino, en marzo de 1873, los integrantes del extinto Liceo plantearon la organización de un centro de reunión para estrechar las relaciones sociales y de paso compartir los intereses comerciales y otros temas de interés público.

Era la época en la que Bucaramanga, capital de la citada Provincia de Soto, comenzaba a ser el centro comercial de la región y, por ende, se convertía en un ‘imán’ para prósperos comerciantes de la región, del país y del extranjero. Así las cosas, nacería el ‘Club de Soto’, tal y como se le llamó en sus inicios a este representativo lugar. Fue el segundo club social de Colombia, pues en 1871 ya se había creado el de Manizales, Caldas.

Edificio neoclásico del Club del Comercio de Bucaramanga llegó a sus cien años

Inicialmente el Club estaba en una casa de la calle 37 con carrera 13, de propiedad del señor Nicolás Orozco, a la que asistían los socios. Allí encontraban un predio amoblado con salas de sano esparcimiento, billar, comedor y sitios de bebidas.

El primer presidente fue el abogado y comerciante Ruperto Arenas y, por supuesto, la junta directiva la conformaron otras personas prestigiosas de la ciudad y de sitios vecinos. Fue solo hasta 1877, tras el impacto de la bonanza económica, que el Club pasó a conocerse como ‘Club del Comercio’.

Edificio neoclásico del Club del Comercio de Bucaramanga llegó a sus cien años

Una curiosidad del otrora club era que para ingresar a él era necesario ser varón y, por supuesto, mayor de edad. Y su aprobación era sometida en las urnas, tal y como ocurren en los procesos electorales de hoy en día. Los extranjeros tuvieron gran participación en el club, al punto de que siete de los presidentes con los que contó la institución en ese entonces eran alemanes, incluso al frente de él estuvo un danés.

El tema además no sería solo un asunto social. El Club siempre tuvo un talante intelectual; de hecho, en sus inicios se habilitó en sus salas lo que se conoció como el ‘Gabinete de la Lectura’, lo que hizo que muchos socios estuvieran conectados con los periódicos, las revistas y, por supuesto, con la producción literaria de la época.

Hay que resaltar que el Club del Comercio creció con la historia de Bucaramanga, toda vez que fue un escenario en donde se comentaban los procesos políticos y económicos, así como la visión de ciudad que tenían los miembros de este distintivo establecimiento.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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