martes 04 de junio de 2019 - 12:00 AM

¿Educación inclusiva en Bucaramanga?

A raíz de la polémica que se ha generado por la integración del Instituto de Problemas de Aprendizaje, IPA con el Colegio Politécnico, en cumplimiento al decreto 1421, que reglamenta la atención educativa a la población con discapacidad, Vanguardia consultó diversas posiciones frente al modelo de inclusión.

Según el Artículo 13 de la Constitución Política: “Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación. El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados”.

Así las cosas, el modelo de educación inclusiva en Colombia, debería cumplir con las expectativas de padres y alumnos con necesidades especiales, quienes no tendrían motivos para oponerse.

De acuerdo con Mónica Cortés, directora Ejecutiva de Asdown Colombia, la inclusión ofrece múltiples beneficios.

“Los niños con discapacidad están mejor preparados para la vida en comunidad, el entorno escolar les provee mejores oportunidades para aprender, están expuestos a una gran cantidad de estímulos y de personas, además de que los estudiantes sin discapacidad aprenden a aceptar las diferencias y a dar apoyo a otros”, explica.

A pesar de ello, muchos padres dicen que la realidad es otra, pues aún temen que sus hijos con necesidades especiales sean vulnerados por el modelo de educación incluyente, que según ellos, los maltrata y excluye.

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“Se necesitan garantías para que la educación sea inclusiva”

Al consultar a Carmen Alicia Ortiz, docente del Instituto Politécnico, manifiesta que “la educación inclusiva es una necesidad, no solo en Colombia sino en el mundo, pero indiscutiblemente se necesitan unas condiciones adecuadas para prestar atención a los niños con necesidades especiales. Frente al proceso de fusión del IPA con el colegio Politécnico, no se consideraron las particularidades de cada uno de los niños inmersos en ese proceso. Están violentando toda condición humana debido a que en este momento el Politécnico no cuenta con los materiales adecuados, las herramientas metodológicas y los procesos pertinentes para los maestros. No estamos preparados para asumir un reto tan importante como este”.

Por su parte, Mauricio Martínez, secretario de Comunicaciones del Sindicato de Educadores de Santander, SES señala que “no nos oponemos a la inclusión, pero inclusión no es amontonar estudiantes. Se debe contar con un proceso bien hecho, garantizar los recursos, orientar a la comunidad educativa receptora y que los maestros cuenten con la experiencia y las herramientas en este tipo de educación. En todo este proceso van a terminar perjudicados tanto los niños en condición de discapacidad como aquellos que no la tienen”.

Nadia Delgado, madre de niña con Síndrome de Asperger, desde su experiencia sienta su posición.

“La educación inclusiva no existe. Mi hija tiene cinco años, desde los dos estudió en colegio privado regular y nunca avanzó, la rechazaban, la sacaban del salón, no tenía amigos, la golpeaban... Cuando ingres al IPA cambió totalmente, empezó a ser otra niña, pero con la fusión se estancó de nuevo. Ahora estamos viendo que si el niño con necesidades especiales no aprende a convivir con niños regulares y no avanza a la velocidad de los demás lo envían para la casa, porque por uno o dos niños no se van a atrasar 40. Es más fácil para esta clase de instituciones “inclusivas” desescolarizar al estudiante, que aprenda en la casa y que los papás vayan al colegio cada ocho días por tareas. Lo están excluyendo académica y socialmente”.

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Para Argemiro Villamizar Gamboa, docente del Instituto Politécnico las fusiones no tienen garantías. “Estoy de acuerdo con la educación inclusiva, pero no con las fusiones y menos si no cumplen con los requerimientos mínimos de humanismo. La Corte Constitucional en la Sentencia 051 de 2011 habla de sí a la educación inclusiva y plantea el desacuerdo con las fusiones o agregaciones. El proceso de inclusión debe realizarse como lo contempla la norma, distribuyendo a las personas con facultades especiales en colegios regulares, instituciones que cuenten con la infraestructura y factibilidad técnica y física requerida para atenderlos de manera óptima y con calidad”.

Diana Rico, tiene un niño con Síndrome de TDH, atención dispersa. Ella asegura que los niños con necesidades especiales deben tener una educación diferencial.

“Si los niños tienen capacidades especiales, necesitan una educación especial. ¿Por qué no pueden invertir en un colegio para ellos? Nosotros no estamos en contra de la inclusión por capricho, sino porque nuestros hijos necesitan una educación que esté acorde a sus necesidades”, señala.

“La inclusión es todo, una vida en la comunidad”

Doris González, tiene una hija con Síndrome de Williams, a ella le ha funcionado la convivencia de su hija con otras personas que no presentan dificultades físicas o cognitivas.

“A mi hija la he mantenido siempre con las personas normales y esa decisión me ha ayudado mucho. Mantener a los niños en condición de discapacidad con personas normales es una ayuda mutua. Los niños son muy captadores, si un niño con alguna dificultad está con otro igual a él ¿Qué va a aprender? ¿Qué le va a enseñar? Desde mi experiencia puedo decir que he tenido buenos resultados a pesar de las dificultades de la niña”.

Para Mónica Cortés, directora Ejecutiva de Asdown Colombia, “estamos en un cambio completamente paradigmático de pasar de ver a la persona como un sujeto, que necesitaba asistencia, a un modelo donde ellos son los propios actores de sus vidas, que necesitan vivir en la comunidad, poder elegir dónde y con quién vivir. Obviamente uno de los puntos es el bienestar y la salud, pero no es lo único, ellos necesitan educación, empleo y trascender a una vida digna en la comunidad”.

Juan David Pérez, es una persona en condición de discapacidad que ha vivido las dificultades de la inclusión al momento de prepararse académicamente, pero que ha sabido salir adelante.

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“Mi proceso al principio fue un poco complicado. En Barrancabermeja no pude estudiar por mi discapacidad visual. Fue en Piedecuesta donde tuve apoyo para lograr la igualdad académica, poder graduarme e ingresar a la universidad. La educación inclusiva beneficia mucho porque le da independencia a la persona con discapacidad, le da las herramientas para crecer como persona y como profesional. Una educación incluyente hace que la sociedad cada día sea más humana y practique la igualdad”.

Finalmente, Sara Benavides, coordinadora Nacional de Formación Docente de la Fundación Progresa señala que “la educación inclusiva es posible para todos, a veces se piensa que solo es viable con algunas personas, pero para que sea inclusiva tiene que recibir a todos. En Colombia tenemos un antecedente muy largo en este modelo de educación. Si nos comparamos con otros países, no estamos en niveles bajos del ránking latinoamericano, al contrario nos encontramos en niveles altos. Tenemos muchos profesionales que manejan el tema, asumamos el reto sin miedo, conozcamos al estudiante. Tenemos muchas estrategias en términos de qué tenemos qué hacer y mucha metodología que nos dice cómo lo tenemos que hacer, el tema es qué tipo de profesor queremos ser. No hemos entendido que con cambiar la forma como me relaciono con la persona a la que le estoy enseñando, transformo toda la práctica educativa. La educación es un derecho y los derechos no se negocian”.

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