domingo 24 de marzo de 2019 - 12:00 AM

Los candelabros del ayer se resisten a perder su brillo

Estamos desempolvando el baúl de los recuerdos para rememorar la historia de la capital santandereana. Recuerden que en el ayer se descubren esos ‘pilares’ que nos acompañan hoy y que, con seguridad, regirán nuestro futuro.

Dicen que si alguien intentara comprar los candelabros del Parque Santander le valdrían todo el oro del mundo.

¡Y no es para menos!

Tales focos, antes llamados ‘candeleros’, están ad portas de cumplir cien años iluminando a las carrera 19 y 20, entre calles 35 y 36.

Ellos hoy significan tradición, aunque están impregnados e inmersos en la cotidianidad del ‘ciudadano de a pie’ que pasa por estos lados del centro de Bucaramanga.

Estos ‘bombillos’ fueron importados de Francia por la firma Pallié Hermanos, gracias a la insistencia de un hombre cívico que amaba a Bucaramanga y que no ahorraba esfuerzo alguno para verla cada día más bonita: el señor Alfonso Silva Silva.

Los ‘faros’ se hicieron bajo una técnica francesa conocida como ‘Art Nouveau’. Sus caperuzas eran de vidrio esmerilado y las pantallas fueron ‘bordadas’ en cobre repujado.

La llegada de ellos a la Ciudad de los Parques no fue gratuita. Vinieron a complementar la majestuosa campaña que ‘erigió’ la famosa Plaza, llamada antes “Belén”, y después bautizada con el nombre de nuestro más importante prócer; es decir, Santander.

De hecho, los bombillos y sus diseños llegaron casi que a la par con la estatua del hombre de las leyes, que hoy persiste en el mismo sitio.

En ese entonces se contrato al escultor Francés Raúl Verlet para levantarla y también se contó con la participación del arquitecto Pedro Monticoni, quien se ganó el primer concurso de méritos para el diseño del Club del Comercio.

Cuentan que cuando se trajeron a esta ciudad, los candelabros aparecieron ligeramente averiados. Fue necesario desarmar uno de ellos para tomar sus partes como moldes y hacer fundir en hierro las piezas necesarias y así recuperarlas.

En el caso de una de las pantallas fue clave tomar el molde en un trozo de madera que pesaba más de cuatro arrobas.

Se llevó a la fábrica de ollas de aluminio de Prieto Hermanos, en Girón, para allí ser formada en una lámina especial de este material, la cual debió ser tratada en cobre y luego oxidada en el taller de niquelado conocido como Talleres Darco.

Estos focos han sido una especie de testigos mudos de las visitas de grandes Presidentes, de intelectuales y demás políticos que levantaron tribuna en medio de la espesa vegetación, cuando los árboles aún ‘besaban’ a la Catedral de la Sagrada Familia.

Los candelabros también tuvieron un gran auge cuando, en 1941, nació el Hotel Bucarica, que contó también con varios de esos faroles.

Tiempos difíciles

Uno de los momentos más complicados que afrontaron los candelabros se dio en la década de los años 70, justo cuando a un jefe del gobierno local, algo despistado, se le dio por recogerlos y los sacó de tajo. Es más, los dejó arrumados en la Alcaldía.

Años más tarde, ellos fueron recuperados gracias a la gestión de Alberto Montoya Puyana, primer alcalde de Bucaramanga elegido por voto popular, quien en 1989 los desempolvó del ‘Cuarto de San Alejo’ en el que estaban.

Tras la conformación de la Corporación ‘Paseo del Comercio’ y de la mano de la Empresa Electrificadora de Santander, los candelabros regresaron a su sede inicial: el Parque Santander y el Hotel Bucarica, hoy sede de la UIS.

Estas reliquias volvieron a sufrir los estragos de la desidia. En 1996, otra vez sufrieron las inclemencias del olvido y estuvieron a punto de perder su brillo.

Pero estas luminarias, consideradas como unas joyas de alta calidad, se niegan a apagarse.

Y pese a que aún sobresalen por su corte elegante y su altura, necesitan con urgencia mantenimiento.

Aunque hay mucha gente interesada en rescatar los candelabros, ninguna acción oficial le ha dado la ‘manita respectiva’.

La Sección de Parques y Locativas de la Alcaldía, por ahora, parece estar dispuesta a practicarles la necropsia y darles paso a farolas más pequeñas y de dudosa calidad artística.

La sección de la Bucaramanga del ayer, en un último y desesperado intento por recuperarlos, decidió dedicarles hoy este espacio para llamar la atención de toda la ciudadanía.

No estaría de más que algún artesano u ornamentador bumangués se le midiera al asunto, ya que el sector oficial no lo está; al menos no durante este gobierno local.

Si no se aplican los correctivos del caso, será mejor prepararnos para un entierro de tercera de lo que fueran las más bellas joyas que parque alguno tuvieran en Colombia.

Porque, hay que decirlo, los candelabros ‘agonizan’. Ya es hora de emprender una campaña de restauración de estos ‘tesoros’ de la ciudad, de los que se dijo algún día, que eran los más bellos de nuestro país.

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