domingo 27 de febrero de 2022 - 12:00 AM

El “congresista” santandereano que estafó “a media Bucaramanga”

Se hizo pasar por congresista santandereano. Estafó a personas de bajos recursos de Bucaramanga y Piedecuesta. Les ofrecía trabajo en la Refinería de Ecopetrol y apartamentos gratuitos.

Gloria cierra los ojos. Siente que su cabeza va a reventar del dolor. Junta sus manos y saca una súplica a Dios. Llora al ver a su hija de nueve años llorar desconsolada. Mira a su pequeña con ojos de pesadumbre. Como si el miedo fuera un vapor turbio que se cuela de la calle por debajo de la puerta, para que una especie de escalofrío les muerda con su frío cortante. El miedo lo embadurna todo en esa pieza de una casa en arriendo del barrio San Francisco. Madre e hija se abrazan, como buscando el calor de la otra, en esa noche de principios de febrero. No paran de llorar. En esta pobreza, sin trabajo fijo, con todas esas deudas bordándoles los días con elevados intereses, a las dos les esperan meses amargos.

No siempre fue así. Gloria subsiste de hacer aseo en casas ajenas y su familia se sostiene de la venta de empanadas en un ‘chuzo’ que montan en una calle del barrio San Francisco de Bucaramanga. Pagan arriendo y con su esposo se rebuscan la vida para darles un futuro a sus dos hijos de cinco y nueve años. Tenían rachas buenas y semanas malas, pero ninguna como los últimos días de enero pasado.

El “congresista” santandereano que estafó “a media Bucaramanga”

Una de esas mañanas comenzó turbia para ella. Llevaba casi un mes esperando noticias de su tío Jesús Díaz Vera, quien quedó de comunicarse a principios de diciembre, pero por alguna razón no aparecía por ningún lado. Sumaba semanas sin llamarla, o tocar a la puerta de su casa para una visita de forma repentina, como solía hacerlo desde el pasado 11 de agosto, cuando apareció de la nada, luego de años de ausencia, justo cuando su padre se moría en un cuarto de un hospital de Bucaramanga, vencido por un cáncer.

No solo ella esperaba noticias de su tío. Cinco de sus vecinos del barrio San Francisco, quienes también recibirían un apartamento gratis del Gobierno Nacional en Girón como Gloria, ansiaban conocer la fecha para ir a firmar las escrituras. Tal “gangazo” lo obtuvieron gracias a la gestión que dijo haber realizado Jesús Díaz Vera, el tío de Gloria. De hecho, en realidad no era tío de esta mujer. El padre de Gloria fue criado con Jesús y desde pequeña, sin existir parentesco de sangre, ella y sus demás hermanos le llamaron así.

Pese a esa familiaridad, desde hace muchos años no se conocían noticias de Jesús Díaz Vera, hasta que esa mañana llegó a la casa a saludar y contar que su esposa, mamá y hermano habían muerto hace poco tiempo. Apareció con dos cajas, que pidió que se las guardaran por un tiempo. En esa visita contó que era “congresista de la República”. Los siguientes días regresó a la casa. Se quedaba por varias horas. A veces almorzaba allí. A la semana, gracias a una buena labia, empezó a ofrecer puestos en Ecopetrol a la familia, amigos y vecinos de Gloria. Luego ofrecía los mismos trabajos a los amigos de los amigos. Decía que los salarios superaban los tres millones de pesos.

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También dijo que tenía seis cupos de apartamentos gratis. A Gloria le asignó uno de ellos, pero le pidió que le consiguiera a cinco personas más, para igual número de viviendas gratuitas. Gloria lo pensó por varios días. Buscó “amistades”, que ahora la llamaban a cada a rato a preguntar por qué su tío había incumplido la promesa de entregar las escrituras en diciembre pasado, luego de haberles pedido que le entregaran en efectivo 1.800.000 pesos para gastos de notaría. Gloria sentía que se hundía cada vez más en los dolores de las arenas movedizas de la desesperación, hasta que esa mañana turbia, por fin, sonó su teléfono. Era su tío.

- Hola.

- Hola tío. ¿Qué pasó con las escrituras? La gente está que pregunta...

- Dígales a todos que los espero el viernes 28 de enero, a las diez de la mañana en la Notaría Quinta de Bucaramanga para firmar finalmente las escrituras de los apartamentos.

- ¿Sí tío?

- Sí...

- Muchas gracias. Yo les digo y nos vemos allá. Que Dios me lo cuide, chao...

Gloria saltó de la emoción. Agradeció a Dios porque finalmente no solo aparecía su tío, sino que confirmaba la noticia que tendría una casa. Les contó la buena nueva a sus vecinos. Lo compartió con su esposo y se lo dijo a su hija de nueve años, a quien abrazó con fuerza. La niña, sin entender bien de las cosas de los adultos le hizo una pregunta, que ella tenía atravesada desde hace mucho tiempo.

- Mami y ¿tendría una pieza solo para mí y mis ositos?

- Sí, mi amor. Y vamos a hacer muchas cosas en nuestra casita propia...- La niña inocente sonrío.

A buscar dinero prestado

Los dueños de la casa donde vive en arriendo Gloria contrataron en enero pasado a Julio Arias, de 57 años, trabajador en construcción, electricista, albañil, fontanero, todero de la vida en el rebusque honrado. Su labor consistía en cambiar un techo deteriorado del inmueble.

En esta casa le presentaron a Jesús Díaz Vera. Julio recuerda que lo escuchó llorar cuando contaba que su esposa, hermano y mamá había fallecido recientemente. Además, narraba que tenía problemas de visión y del corazón. Gloria se lo presentó una mañana cualquiera.

- Ella me dijo que este 28 de enero el tío le iba a dar un apartamento del Gobierno. Ella me propuso que le pidiera ayuda para mi casa. Yo tengo un rancho en madera en el Norte, que se me está cayendo. Ella lo dijo por ayudarme, porque sé que es una buena persona. En esas fue que el señor me buscó. Yo estaba trabajando. Se me presentó como un “congresista de regalías”.

Luego de saludarlo muy amablemente, Jesús Díaz Vera le hizo una oferta que lo puso a pensar.

- Julio por ahí escuché que está que se le cae la casa. Yo le puedo regalar 1.200 bloques (ladrillos) y unos bultos de cemento. Yo se los doy gratis...

El “congresista” santandereano que estafó “a media Bucaramanga”

Julio hizo la cotización y al día siguiente, cuando se lo encontró nuevamente, le dijo que ladrillos y cemento salían por cerca de 1.200.000 pesos. Él le respondió que iba a realizar la gestión. Julio siguió trabajando en el techo con un hermano y un sobrino. Al sobrino, de 21 años, Jesús le habló que tenía 12 cupos para trabajar en la Refinería de Ecopetrol en Cartagena. Le preguntó si estaba interesado.

- Luego me ofreció uno de esos 12 cupos para mi hija. Ella tiene 27 años, gana el mínimo en una empresa. Me dijo que ella podía trabajar para Ecopetrol. Lo único era que debía pagar una póliza de dos millones de pesos y se ganaría un sueldo de ocho millones de pesos como secretaria. Nos aseguró que allá las personas de los tintos ganan tres millones de pesos al mes.

Julio habló con su hija esa misma noche. Ella reunió los documentos y le envió su hoja de vida a Jesús Díaz Vera, e incluso redactó la carta de renuncia a la empresa donde estaba, aunque por prudencia no la presentó.

- Saqué prestados los dos millones de pesos al 10% mensual. Por cada mes que demore en pagar debo dar doscientos mil pesos de intereses. Le entregué el dinero como a los tres días a ese señor. Yo me dije, con un sueldo de ocho millones de pesos, salimos rápido de esa deuda.

El día que le entregó el dinero en efectivo, Julio le hizo la pregunta que el sentido común ordenaba.

- Aquí tiene el dinero don Jesús. Pero una cosa, ¿es seguro?, como sabemos del puesto para mi hija...

- Claro que sí. Usted cree que soy un estafador. Ese puesto ya es de su hija. Si quiere averigüe por los medios de comunicación. Yo soy el doctor Jesús Díaz Vera, soy congresista...

- Doctor, uno pregunta porque no hay un documento, una letra, un recibo, un papel...

- Tranquilo Julio, no se preocupe... – Se lo dijo con voz paternal.

Justo en ese momento Jesús Díaz Vera recibe una llamada o al menos tomó su teléfono para hacer que contesta. Julio escuchó que supuestamente lo llamaba un “doctora encargada de la seguridad en Bogotá” para acordar, según decía el hombre en voz alta, la entrega de una pistola de nueve milímetros, ocho proveedores, dos chalecos antibalas y dos camionetas blindadas. Julio confesaría después que se impresionó al oír esa supuesta conversación, que le dio más credibilidad al “congresista de regalías”. Una vez colgó, Julio le entregó un millón de pesos más. Jesús le ofreció vincularlo en la Refinería de Cartagena para arreglar unos tanques, en un contrato de 5.800.000 pesos. Le aseguró que el próximo 23 de febrero tendría que ir a firmar el contrato.

- Yo le creí, porque necesitaba el dinero. Ese día le di tres millones de pesos. Supuestamente el 15 de febrero contrataban a mi hija y el 22 de febrero yo empezaba a trabajar en Cartagena...

- Empezó hablar de Ecopetrol y de los contactos que tenía. Esa noche no me dijo nada del trabajo. Me hizo bajar para nada. A las nueve de la noche me devolví para la casa. Había otras personas con él y se la pasaba diciendo sobre los contactos que tenía con el Presidente de Ecopetrol y 500 votos que le iban a conseguir para unas elecciones...

Esa noche, antes de la llegada de Julio a esa tienda del barrio San Francisco, Pedro, sobrino de Julio, y quien le ayudó en la reparación del techo, le entregó dos millones de pesos a Jesús. A este joven le ofreció un cargo en la Refinería de Ecopetrol en Cartagena, en oficios generales, con un sueldo de seis millones de pesos.

- El dinero era para una póliza del trabajo. Yo me había comprado una moto con unos ahorros de trabajos varios que he tenido. Ante esa oferta la empeñé por ese valor, más un interés mensual del 10%. Le entregué el dinero en una tienda y me dijo que fijo tenía el trabajo para febrero...

“Vengan mañana por la plata”

El 25 de enero pasado, tres días antes de la cita programada en la Notaría Quinta de Bucaramanga, Jesús Díaz Vera llamó nuevamente vía telefónica a Gloria. Le aseguró que algo quedó mal con las escrituras, y que debían esperarlo una semana más. Cuando Gloria transmitió el mensaje, el sentimiento de desesperanza se tornó en desconfianza. Estas personas, viviendo de la informalidad o con salarios mínimos, habían tramitado préstamos del ‘gota a gota’, otros empeñaron lo poco que tenían para conseguir ese apartamento.

- Tranquila, dígales que me aguanten una semana. Yo les cumplo...

La semana pasó. Llegó el plazo y Jesús no contestaba el celular. Cada familia le llamaba insistentemente, sin obtener respuesta. En una calle de San Francisco las personas se reunieron en busca de soluciones. Nadie daba respuesta del paradero de Jesús.

- Estaba haciendo aseo a una casa cuando esa gente me llamó. Les dije que mi tío tampoco me contestaba. Que no sabía dónde estaba. Me acusaron de cómplice. Yo les dije que no. Por Dios Santísimo, yo también le entregué dinero.

Esa mañana, a través de un conocido, ubicaron el lugar donde se hospedaba el “congresista de las regalías”. Se trataba de un hotel localizado en la carrera 21 con calle 31, cerca al parque Antonia Santos. Todos llegaron allí, con tan buena suerte, que lo encontraron. Lo rodearon. Lo empujaron. Le exigieron que devolviera el dinero.

- Me voy a ganar 35 millones de pesos. No necesito tumbarle a nadie. Yo le dije a Gloria que mañana salían las escrituras...- Pero alguien activó un mensaje de voz por WhatsApp, donde ella lo desmentía totalmente.

- Si no quieren las casas, bueno, mañana vengan por la plata y se las devuelvo.

Luego se presentó un enfrentamiento. La Policía llegó por el desorden en la vía y en un momento el “congresista” logró salir y tomar un taxi. Todo fue confusión, logró escapar. Desde entonces no se conoce el paradero de Jesús Díaz Vera. Ese mismo día abandonó el hotel. Hay gente que dice que lo han visto por Barrancabermeja. La cifra de personas que le entregaron dinero es inexacta. Se habla que serían más de 50 en el barrio San Francisco, el Norte y Piedecuesta. Tal vez el doble de la cifra. Según la Fiscalía General de la Nación, este sujeto tiene solo cinco denuncias por estafa. Tres en Barrancabermeja y dos de Bucaramanga.

La semana pasada Gloria se acordó de las cajas que dejó Jesús Díaz Vera. Al abrirlas encontró en la primera las cenizas del hermano del tío. La otra estaba llena de hojas de vida. Más de 50, de psicólogos, ingenieros, abogados, secretarias y obreros de La Guajira, Cundinamarca, Cesar y Santander.

- Llamé a algunos teléfonos y me contestaban lo mismo. Que fueron engañados. Mi tío es un estafador. Nos robó, nos dañó la vida...

Cuando Gloria le contó a su hija que no tendrían una casa propia, la niña no paraba de llorar. Como si el miedo fuera un vapor turbio que se cuela de la calle por debajo de la puerta, una especie de escalofrío las mordió con su frío intenso esa noche. El miedo lo embadurnó todo. Madre e hija se abrazaron desconsoladas. En esta pobreza, sin trabajo fijo, con todas esas deudas bordándoles los días, a las dos les esperan meses amargos.

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Juan Carlos Gutiérrez Tibamoso

Periodista egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Creo en el poder de la palabra. En escuchar a las personas. Soy cronista, de los que están convencidos que siempre se escribe, no solo cuando se está frente a un teclado y una pantalla. Me gusta narrar historias sometido al indescifrable poder de ellas. La fuerza de lo real. Hago podcast, donde junto voces para relatar esa realidad. Estoy convencido que siempre existimos, mientras alguien nos lea.

@juancarl00s

cgutierrez@vanguardia.com

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