martes 29 de septiembre de 2009 - 10:00 AM

El machismo aún hace crecer la brecha de género

En la cúspide de su etapa productiva, las mujeres en Santander están dedicadas a los 'oficios domésticos' y a cuidar de los hijos, lo que significa que no tienen autonomía económica. Además, el dinero de aquellas que hacen parte de la fuerza laboral termina siendo administrado por los hombres, quienes deciden qué se come o qué se compra en el hogar.

Y ni qué decir del maltrato al que son sometidas, en su mayoría mujeres jóvenes, que no saben diferenciar entre lo qué es violencia de pareja y violencia intrafamiliar. Eso sin contar que, aunque se educan y trabajan más, las mujeres tienen menos posibilidades de escalar posiciones jerárquicas dentro de una empresa o de devengar mejores salarios; y en el contexto de la sexualidad, para ellas no resulta fácil negociar aspectos como el uso del preservativo o los métodos de planificación.

Estas son algunas características de la situación de desigualdad, discriminación y exclusión que vive la mujer en el departamento, de acuerdo con las conclusiones que arrojó el 'Diagnóstico Brechas de Género de Santander', que elaboró la Fundación Mujer y Futuro.

El estudio, hecho público ayer en Bucaramanga, es un análisis acerca de la relación de género y de derechos en los ámbitos educativo, de salud sexual y reproductiva, de ingresos y pobreza, participación política y de violencia.

A juicio de Ana Nury Gutiérrez, Coordinadora de la investigación, el enfoque está dirigido a que la igualdad de las mujeres sea 'un medio para alcanzar un fin'.

Lo que en otras palabras significa, según ella, que 'sin igualdad de mujeres no se puede universalizar la educación; no se puede erradicar la pobreza y el hambre; no se puede detener la pandemia del VIH; no se puede mejorar la salud de los niños o reducir la mortalidad infantil'.

Aunque la investigadora señala que el departamento ha avanzado en ganar espacios de participación e igualdad, aún hay mucho camino por recorrer y batallas por librar en cuanto a las brechas de géneros.

En ese orden de ideas, insiste en que el estudio es el antecedente necesario pero no suficiente para la formulación de una Política Pública de Equidad y Género en Santander, entendiéndose que hay que demostrar las desigualdades existentes para justificar dicha política y saber hacia dónde orientarla.

movilizan votos pero sin protagonismo político

Aunque son las que más votan, la investigación dejó en claro que su participación política tiene una indiscutible marca de brecha: hacen el trabajo base en las campañas políticas, las que movilizan electorado, pero también las que ejercen formas de poder en sus comunidades pero hasta allí llegan.

Por citar un ejemplo, cuando tienen que elegir para llegar al Concejo, Asamblea o corporaciones públicas de mayor rango, la población femenina elegí hombres, ya sea porque no hay suficientes candidatas mujeres, éstas no convencen, o todas las anteriores reunidas.

En cuanto a la oferta institucional de los Gobiernos Locales y Departamental, si bien está enfocada a las mujeres cabeza de hogar, las niñas y jóvenes, o el adulto mayor, los programas y proyectos oficiales de empoderamiento de género son escasos o nulos. Lo anterior se traduce en iniciativas que den autonomía económica, que formen para la participación política y para la toma de decisiones por sí solas, según la investigadora de la Fundación Mujer y Futuro.

entre el hogar y el trabajo informal

Al señalar uno de los datos más elocuentes del estudio, la Coordinadora del mismo, Ana Nury Gutiérrez, destaca que se demostró que las mujeres santandereanas están dedicadas a lo que el DANE llama 'oficios domésticos': el 64% de ellas entre los 25 y los 34 años de edad es ama de casa, mientras el 81% de los hombres trabaja.

De lo anterior se deduce que ese significativo porcentaje de mujeres no posee ingresos propios y depende de su esposo o pareja, es decir no tiene autonomía económica, física e inclusive, política, pues hasta le dicen por quién votar.

Adicionalmente la informalidad las afecta más a ellas que a ellos. El 52% de las mujeres hace parte de la fuerza laboral informal en el departamento frente al 48% del sexo opuesto.

'El problema es que se trata de un empleo precario, corto, sin vinculación a la salud, sin aportes para la tercera edad digna llamada la pensión', opina Gutiérrez, que plantea cuál será la calidad de vida de estas mujeres cuando envejezcan, y dado sus ingresos precarios tienen que escoger entre comer o pagar pensión.

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