domingo 09 de diciembre de 2018 - 12:01 AM

El telegrama: El whatsApp de nuestros viejos

Los jóvenes de hoy, sumergidos en tantos avances tecnológicos, pensarán que esta nota está ‘escrita en chino’. Ellos jamás imaginarían que esos mensajes de textos que hoy reciben en sus smartphones, a través del wthasApp y de otras redes sociales, también fueron usados por sus tatarabuelos.

La única diferencia es que para nuestros viejos enviar un whatsApp era algo más demorado. Como no tenían dispositivos, ellos debían ir a una oficina de Telecom y esperar uno o dos días para que el destinatario recibiera sus recados.

Les hablo del telegrama, un servicio de comunicación que consistía en mensajes enviados inicialmente por operadores de telégrafo que usaban el código Morse. Recuerdo que también les decían marconigramas o cablegramas.

La palabra telegrama se deriva de ‘tele’, que significa ‘lejos’, y ‘grama’, ‘escritura’. Sería algo así como: ‘escritura a lo lejos’. La finalidad de dicha sistema era la comunicación o el intercambio de datos a la distancia.

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En Bucaramanga estos ‘míticos’ mensajes de texto comenzaron a ser enviados automáticamente a través de las famosas redes de télex, compuestas por teletipos.

El telegrama era hace más de ochenta años un medio de comunicación muy útil. En ese entonces, tal y como pasa con el twitter, las palabras eran contadas. Así las cosas un telegrama se escribía de forma lacónica, entre otras cosas, porque el cobro se hacía por el número de palabras. O sea que entre más texto, el telegrama era más caro.

Nuestros abuelos, que eran los remitentes, se veían obligados a no usar artículos, preposiciones ni conjunciones. ‘TODAS LAS PALABRAS’ se escribían en mayúsculas y tampoco se les ponían las tildes. Es más, no existían signos de puntuación. Para separar una idea de otra tocaba escribir la palabra ‘PUNTO’.

Aquí, en las oficinas de Telecom de Bucaramanga, ofrecían el servicio del telegrama. En tales dependencias recibían el mensaje y para ello le entregaban al cliente un formato para que lo llenara a mano.

El tema era divertido porque tocaba escribir de manera concisa, eliminando palabras que no representaran ideas concretas y uniendo pronombres enclíticos a verbos conjugados como: “agradézcole”, “felicítole”, etc...

También como ocurre con las redes de hoy, cada ciudadano tenía su propia dirección o nombre telegráfico, que no era otra cosa que las iniciales de sus nombres y apellidos. ¿Quiere un ejemplo? Mi firma podría leerse, en ese entonces, de la siguiente forma: ‘eukiardi’.

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Claro está que ciertas firmas fueron famosas. Una de ellas fue la del Presidente Ramón González Valencia. El estadista colombiano, quien estuvo al frente del gobierno entre 1909 y 1910, firmaba así: ‘Ragonvalia’.

Fue tan popular la marca del telegrama del desaparecido Presidente que incluso un municipio colombiano, situado en Norte de Santander, fue bautizado así: ‘Ragonvalia’.

También la ‘rúbrica telegráfica’ de Gustavo Rojas Pinilla, militar y dictador colombiano, fue superconocida: Él firmaba como ‘Guropin’.

¿Aún existen?

Más allá del auge del Internet, se sigue utilizando este sistema de comunicación: algunos lo usan por afición, pues hay concursos de telegrafía entre los radioaficionados; y otros lo hacen por la ‘rápida comunicación’ a grandes distancias en donde todavía no llega el teléfono convencional o el mismo internet.

En Bucaramanga la telegrafía es utilizada por el sector judicial para que quede constancia del envío y la recepción de notificaciones y citaciones.

La empresa estatal de Servicios Postales, la única que lleva y trae telegramas en el país, lo mantiene como un medio alternativo y continúa ofreciendo este tradicional servicio a personas naturales y jurídicas.

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