lunes 18 de noviembre de 2019 - 9:31 AM

Escuela Taller para Ciegos, una razón más para iluminar vidas

Esta institución funciona en Bucaramanga como escuela para el desarrollo de habilidades en orientación y movilidad, estimulación, música, informática y tareas de la vida diaria. Allí, personas ciegas de nacimiento o que han perdido la visión por alguna circunstancia, encuentran otra posibilidad de encontrar una luz de esperanza a su vida.
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Todas las mañanas, la Escuela Taller para Ciegos, ubicada en el barrio García Rovira de Bucaramanga, se prepara para recibir a sus beneficiarios como durante 49 años lo ha hecho. Ahí estuve muy puntual hace unos días, como lo hacen actualmente en dos jornadas 70 personas, de las cuales 40 son menores de edad y 30 adultos.

Una vara larga y ligera, un uniforme de cuadros grises, su maleta y su inmensa sonrisa acompañan a la pequeña María Alejandra cada vez que asiste a la Ecati. En este centro de rehabilitación ella ha podido recibir apoyo integral en diferentes áreas y ha logrado continuar su desarrollo educativo. Es dicharachera, tierna y da la impresión de ser un ángel que despierta los más dulces sentimientos.

Así como ella, muchos jóvenes y niños se reúnen los lunes, miércoles y viernes en una casona antigua en la cra. 13 #30-33, para iniciar un proceso de rehabilitación que puede tardar varios meses y, en otros casos, algunos años. Esto es complementario a su proceso académico en colegios que ofrecen educación tradicional.

(Foto: Suministrada y autorizada/VANGUARDIA)
(Foto: Suministrada y autorizada/VANGUARDIA)

A las 8:00 a.m. Maleja, como sus compañeros le dicen, realiza su primera clase del día en el área de orientación y movilidad, un espacio diseñado para adquirir destrezas a través de la motricidad en coordinación con los sonidos. Aunque ya maneja su bastón, esto le ayuda a adquirir habilidades en el movimiento de sus manos para poder orientarse y saber a dónde va.

Cada área tiene una duración de 50 minutos.

En cada jornada se desarrollan cinco temas, además de estimulación, música, informática y habilidades de la vida diaria que los niños practican en el descanso junto a sus compañeros. Todo este proceso siempre está supervisado por compañía psicológica para los niños y sus padres, pues son ellos quienes fortalecen estos procesos en sus hogares.

Ahora decido caminar por un gran pasillo de la casa detallando los diferentes salones. Las notas de un piano y una voz dulce desvían mi atención. Me dirijo al salón de música y me encuentro con un pequeño niño tomando sus clases de canto. Su inocencia y aptitud vocal hacen que la melodía de sus canciones atraviese lo más profundo del corazón.

(Foto: Suministrada y autorizada/VANGUARDIA)
(Foto: Suministrada y autorizada/VANGUARDIA)

Carlitos, como muchos le dicen de cariño, llegó a la casa taller muy pequeño y aunque su condición de salud nunca ha sido la más alentadora, en este lugar ha podido desarrollar varios talentos. Canta, escribe braille y con tan solo cinco años integra la agrupación Notas de Luz, donde 14 jóvenes interpretan un amplio repertorio con diferentes instrumentos y voces. Carlitos es el claro ejemplo de que estar ciego no es una discapacidad.

Cuando uno ve a estos niños tratando de realizar las labores que otros niños de su edad sin su condición logran hacer, se

hace notorio que, aun siendo difícil, se puede lograr que cualquier persona realice la actividad que se proponga en su vida”, menciona Hernán Gómez, director de la Escuela Taller para Ciegos.

Siguiendo el recorrido por los grandes salones, llego a la sala de estimulación. La maestra Leidy es la profesora de braille, los enseña a escribir, leer, jugar ajedrez e incluso a realizar cálculos matemáticos. Hace cuatro años se vinculó a la institución, inició como secretaria haciendo unas prácticas para asistencia administrativa, luego estudió el ciclo complementario en la normal y actualmente estudia pedagogía infantil.

(Foto: Suministrada y autorizada/VANGUARDIA)
(Foto: Suministrada y autorizada/VANGUARDIA)

Su mayor parte del tiempo la dedica a la escuela taller y a enseñar lo que ella aprendió alguna vez, pues Leidy hace parte de la institución desde que tiene seis años. Ella fue víctima de un explosivo cuando tenía cinco años, razón por la cual perdió la posibilidad de ver.

A pesar del impacto que tiene la institución y su trayectoria, no cuenta con los mejores elementos y equipos para realizar el proceso de aprendizaje como se debe. Menos de 10 computadores son los que hacen parte del área de informática; algunos deteriorados y otros un poco antiguos conforman el lugar.

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El fin de esta área es preparar a los niños para que desarrollen su aprendizaje en mecanografía por medio del programa Mekanta. Pero la falta de audífonos entorpece un poco el aprendizaje, pues es por medio de un comando de voz que ellos se van orientando para poder seguir todas las indicaciones y poco a poco ir conociendo las funcionalidades del teclado y las del computador.

Momentos para reír

Ahora suena el timbre para la hora de descanso; se escucha la algarabía y la felicidad. Con las meriendas en sus loncheras, algunos con bastones, otros guiándose por la pared y otros con la ayuda de sus manos, se dirigen hasta el patio de la casa.

(Foto: Suministrada y autorizada/VANGUARDIA)
(Foto: Suministrada y autorizada/VANGUARDIA)

Lavan sus manos, se reúnen todos en la cocina alrededor de una mesa grande, se sientan y se disponen a comer. Hablan de los temas de clase, otros cuentan chistes y algunos prefieren no conversar mucho. Este espacio, aunque tal vez es el más divertido para ellos, es uno en los que ponen en práctica las habilidades de la vida diaria. Aprender a comer solos, a lavar el plato que ensucian, a tirar la basura a la caneca y a lavar sus manos después de comer.

Muchos de ellos pasan al patio con el que cuenta la casa, juegan con balones, otros hablan de sus

colegios y algunos de ellos prefieren estar en silencio y esperar el timbre para su próxima clase...

Sí se puede

Sus sueños y la alegría son la prueba fehaciente de que a pesar de las circunstancias cada uno trabaja por lograr su proyecto de vida. En la Escuela Taller para Ciegos es normal escuchar el sonido de instrumentos musicales, pues con la agrupación Notas de Luz conformada por 14 niños y jóvenes videntes, sus integrantes han encontrado en la música una esperanza y una motivación para salir adelante.

Son las clases de música las que mueven su corazón, en ellas han encontrado otras formas de ver la vida. Esta institución, sin ánimo de lucro, busca ser una plataforma de inclusión educativa para todas las personas invidentes, sin embargo, no tener ayuda del Estado ha impedido contar con una mejor planta educativa, con mayor número de equipos e instrumentos musicales.

“El solo hecho de vivir esta situación vale la pena que hayan formas más dignas para que ellos se

desenvuelvan y tengan otras posibilidades y que estén en espacios mejores”, agrega Hernán

Gómez, director de Etaci.

Si desea contratar a la agrupación Notas de Luz puede hacerlo en la carrera 13 # 30-33 o contactarlos a través del 6704579 o al número de teléfono 316 7361163. Recuerde que con acciones pequeñas, muchas personas pueden cambiar la vida.

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