jueves 23 de abril de 2009 - 10:00 AM

Estudiantes van al colegio armados a intimidar

El pasado 16 de abril se cumplieron dos años del peor ataque a una universidad de Estados Unidos, cuando un estudiante de 23 años ingresó con dos armas a la Universidad Estatal de Virginia y mató a 33 personas e hirió a otras 23.

Diez años atrás, dos jóvenes de 18 y 17 años provocaron una masacre similar en el Instituto Colombine matando a 13 personas e hiriendo a otras 24, entre estudiantes y profesores. Aunque Colombia y Bucaramanga no han registrado casos tan extremos en sus aulas, expertos y estudios advierten que los niveles de conflictos en los colegios son muy altos y que bajo contextos especiales, no se descartan tragedias como las de Estados Unidos.

Según el único estudio nacional, basado en preguntas a 53.316 escolares colombianos, el 20% acepta haber intimidado a sus compañeros de clase.

Si estos datos se localizan en la ciudad, podría proyectarse entonces que 21.580 estudiantes de Bucaramanga, de 107.903 que hay entre instituciones públicas y privadas, serían intimidadores en sus contextos escolares.

'Eso es lo que se llama bullying o intimidación escolar. En otras palabras, es la agresión repetida y sistemática que hay entre estudiantes o de estudiantes a profesores, y que si no se trata puede tener graves repercusiones a largo plazo como la agresión física. El estudio nacional es un indicador que puede aplicarse a la realidad de cualquier ciudad del país', afirmó el psicólogo Enrique Chaux, investigador de la Universidad de Los Andes y autoridad en el tema.

Y así lo corroboran los hechos locales. Sólo el pasado 28 de enero, en lo que al parecer fue una riña en las afueras de un colegio público, dos estudiantes resultaron heridos por arma blanca y un bus del servicio público registró daños en los vidrios.

Hace tan sólo una semana, un panfleto causó revuelo en un colegio público de la ciudad, después de que el mensaje amenazara con palabras soeces a los 250 docentes de esa planta educativa.

'Estamos preocupados'

Aunque no hay cifras ni reportes locales específicos sobre la situación, el mismo secretario de Educación de Bucaramanga, Luis Alfonso Montero, reconoce que el panorama de la violencia escolar es crítico.

'A mi despacho han llegado muchas quejas, no sé decirle cuántas, relacionadas con amenazas y cosas que están sucediendo como intentos de violaciones y hasta el cobro de peajes por caminar por determinados lugares de los colegios. Otros andan armados y eso es una situación que debemos resolver', dijo Montero.

Pero más allá de la intención, docentes y académicos aseguran que las soluciones están lejos de las palabras, sobre todo si no hay una política pública que garantice la prevención de los conflictos en los colegios y en las barriadas (ver voz del experto).

Eso explica por qué más del 60% de los 3.640 jóvenes que fueron capturados por cometer delitos entre enero de 2005 y octubre de 2008, tenían un grado de escolaridad en primaria o bachillerato, según datos del Observatorio de Derechos Humanos de la UIS.

'Los conflictos dentro y fuera de los colegios siempre han existido. La diferencia es que en mi época la situación no era tan crítica porque existía otro contexto. Había concepto de familia y las escuelas  tenían el suficiente personal, infraestructura y recursos para hacer cumplir los manuales de convivencia', expresó Emiro Antonio Díaz, trabajador de un colegio.

Según Díaz, la actual política de ampliar la cobertura educativa ha pasado por alto otras inversiones: 'En el colegio pasamos de tener 1.500 jóvenes a 7.000. Es muy bueno que muchos más puedan estudiar. El problema es que el Gobierno no invierte en más docentes, no amplía la capacidad ni atiende con programas los problemas que puedan tener estos muchachos'.

Violencia fuerte, de puertas afuera

Para nadie es un secreto que dentro de los colegios convergen una serie de problemas relacionados con el porte de armas blancas, drogas ilegales, alcohol y la intimidación hacia los más vulnerables, según los rectores consultados por esta Redacción.

Sin embargo, ellos coinciden en que la agresión física por lo general se presenta en las afueras del colegio, donde el ‘territorio’ podría estar libre de sanciones.

'Cuando termina la jornada, los estudiantes se cogen a los puños y al siguiente día es el padre del afectado quien viene a cobrarle cuentas al niño agresor. Algunos de estos casos han sido llevados incluso a la Fiscalía', comentó una rectora de un colegio.

Otra educadora apuntó: 'La situación se nos sale de las manos, incluso de puertas para adentro. Hemos encontrado armas cortantes y droga. No sabemos qué hacer porque eso viene desde la casa. Es que ni siquiera tenemos un psicólogo para tratarlos'.

En qué van los estudios locales

En Bucaramanga un estudio preliminar realizado por estudiantes de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, Unab, advierte a partir de muestras con estudiantes de tres grupos de secundaria, que este tipo de violencia se da por tres tipos de creencias: la imposición sobre los otros, la agresión como medio de justicia y a su vez el rechazo a la forma de violencia entre iguales.

Hoy, Édgar Alejo Castillo y Henry Augusto Salazar, psicólogos y docentes de la Unab, desarrollan dos estudios paralelos para indagar sobre el panorama de la violencia escolar en Bucaramanga y San Gil. La muestra sería de 3.500 estudiantes y los resultados se publicarían a finales del próximo año.

'Por ahora sabemos con base en datos nacionales, que al menos el 30% de los estudiantes de Bucaramanga podría estar vinculado a casos de violencia escolar, siendo agresores, víctimas o espectadores', apuntó Salazar. Eso significa que más de 30.000 estudiantes de Bucaramanga estarían vinculados con algún conflicto en las aulas.

LA VOZ DEL EXPERTO
'El tema se desbordó desde hace mucho'

Julio Acelas, director del Observatorio de Derechos Humanos, asegura que el panorama de la violencia es crítico, no hay una contabilidad específica de hechos y los colegios perdieron el control.

 'La institución educativa muy a pesar de que se metió desde hace rato en los manuales de convivencia está lejos de prevenir y controlar los conflictos de los muchachos. No tienen los recursos, el personal ni los programas para atender estos casos que tienen un origen en sus familias y en sus respectivas barriadas'.

Vea además en la edición impresa

  • 100% de los jóvenes presencia agresión

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