jueves 13 de febrero de 2020 - 12:00 AM

¡Estudiar! Un aliciente para los niños con cáncer

Para los niños diagnosticados con cáncer ir a clases es imposible, debido a los tratamientos que se requieren para la enfermedad, sin embargo, en muchas instituciones existen aulas hospitalarias, grandes aliadas para seguir el ritmo académico.
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Lo más gratificante es que los niños se olvidan por un momento que tienen la enfermedad y pueden hacer otras cosas, como si estuvieran fuera del hospital”.

Así describe Lina Juliana Domínguez, psicóloga y docente del Aula Hospitalaria del Hospital Internacional de Colombia, HIC, su experiencia como profesora de los 13 niños, que hoy se encuentran en el área de hemato - oncología pediátrica de la institución.

Pacientes entre uno y 16 años que gracias a la ‘profe’ y a las diferentes actividades que realizan en el aula hospitalaria, se olvidan por un momento de la enfermedad que padecen y continúan en su proceso de aprendizaje.

Ese precisamente es el objetivo, brindarles espacios en donde puedan continuar con sus actividades escolares además de desarrollar tareas lúdicas.

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Todo cambia

Cuando el cáncer aparece cambian las rutinas, hospitalizaciones, tratamientos y visitas al médico se convierten en el día a día. En el caso de los niños, la interrupción de las clases es uno de los primeros cambios.

Debido a que los tratamientos para combatir la enfermedad los obligan a permanecer largos periodos en hospitalización, asistir al colegio se convierte en algo imposible.

La deserción escolar, retrasarse y hasta repetir el año son la constante, a tal punto que estudiar deja de ser una prioridad.

Ante este panorama, las aulas hospitalarias y pedagogas dentro del área de hospitalización se consideran grandes aliadas para que los niños no pierdan el ritmo académico y por el contrario, estudiar se convierte en una motivación.

“Compartir con otros niños fortalece habilidades de liderazgo, comunicación, solución de problemas y relaciones interpersonales, competencias que ayudan a su bienestar emocional y en la medida que su bienestar emocional es óptimo hay mayor adherencia al tratamiento, incluso van a tener una actitud positiva frente a la enfermedad”, manifiesta Lina Juliana Domínguez, psicóloga y Docente del Aula Hospitalaria del HIC.

Además, menciona que se evita la deserción escolar logrando que al regresar a casa puedan continuar con su proceso de aprendizaje, sin haber sentido un cambio tan drástico.

Salir de la rutina

En el aula escolar, se respira compañerismo, alegría, cariño e ilusión. Cada mañana acuden a clase los menores hospitalizados en busca de no perder su ritmo académico ni el vínculo con la vida que tenían afuera, antes de ingresar por su enfermedad.

“Cuando ingresan es como si estuvieran en otro espacio. Los papás me han dicho que sienten tranquilidad y estar pendientes de los procedimientos, no es la prioridad”, relata la docente.

De acuerdo al diagnóstico hay muchos pacientes que no pueden salir de las habitaciones, sin embargo, la ‘profe’ les lleva sus tareas.

“Aquí nadie se queda sin aprender. Dependiendo de la edad y de su estado de salud hacen los trabajos”.

Los bebés siempre juegan, a los niños menores de cinco años se les enseñan cosas básicas como vocales, números y colores. A los más grandes, de acuerdo al grado de escolaridad, se les hace un diagnóstico previo, un plan de trabajo y se miran cuáles son las fortalezas y las debilidades.

$!¡Estudiar! Un aliciente para los niños con cáncer

Gladiadores contra el cáncer

Madelin Quintero, tiene seis años y desde el 10 de enero está hospitalizada a causa de una Leucemia Linfoide Aguda.

La pequeña, proveniente de Ocaña tuvo que dejar su colegio, sus compañeros, su familia y su día a día para enfocarse en salir de la enfermedad.

En el proceso, conoció a Lina Juliana, la docente que todos los días, desde temprano pasa por su habitación para invitarla a estudiar, pintar o jugar.

Hay días en que la energía de Madelin está al 100 % y lo primero que quiere hacer al levantarse es compartir con sus compañeros de batalla, pero hay otros, como ayer, en que solo quiere quedarse en cama.

Su mamá, Yudelid Salcedo asegura que Madelin va todos los días al aula a estudiar. Su actividad favorita es colorear.

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“Yo quiero que siga estudiando y ella también. Tener el aula es muy importante porque los niños se entretienen, juegan, estudian y dejan de estar todo el tiempo encerrados. Estos ratos de diversión les hacen bien”, dijo.

Thiago Gaibao es otro pequeño que lucha por ganarle la batalla al cáncer, desde octubre fue diagnosticado al igual que Madelin con Leucemia Linfoide Aguda.

Jessica Gaibao, su mamá recuerda que al principio al menor de tres años no le gustaba levantarse de la cama, incluso los médicos le llamaban la atención.

Una vez inaugurada el aula hospitalaria solo pensaba en pasar su tiempo jugando allí, como cuando estaba en casa.

Ahora, Thiago no puede salir debido a su condición médica, que no le impide continuar con sus tareas y el proceso que llevaba antes de estar aislado.

Los signos de alarma

Adriana Lucía Castillo, pediatra de la Unidad de Hemato Oncología del HIC señala que lo más importante en el cáncer infantil es aprender a reconocer los signos de alarma, pues un reconocimiento, diagnóstico y tratamiento oportuno de los niños marca la diferencia en la sobrevida.

“Dolor excesivo en huesos o en articulaciones, sangrado por las encías sin explicación, dolor de cabeza intenso sin causa, vómito persistente, alteraciones en la marcha, fiebre sin causa conocida por más de una semana, palidez, cansancio y fatiga excesivos, aparición de morados o puntos rojos, ganglios en el cuello o masas en las extremidades y abdomen deben alertar a los padres y ser causa de consulta médica”.

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