lunes 21 de septiembre de 2009 - 10:10 AM

Falleció Silvia Galvis Ramírez

Nació en Bucaramanga el 24 de noviembre de 1945. Fue la tercera hija de Alejandro Galvis Galvis y Alicia Ramírez de Galvis. Estudió y se graduó de bachiller en el Colegio de La Presentación.

Fue destacada estudiante en la secundaria. Cursó estudios superiores de Ciencia Política en la Universidad de los Andes y posteriormente realizó estudios de idiomas en Estados Unidos y Alemania. Durante un largo lapso estuvo radicada en Bogotá y frecuentemente viajaba a Washington, Estados Unidos, en donde la Biblioteca del Congreso de ese país era su más confiable fuente de investigación para posteriormente escribir sus libros.

Inició su vinculación a Vanguardia Liberal como periodista en 1980, creando el departamento investigativo, trabajo que asumió con total entereza, como que le apasionaba luchar contra la corrupción reinante en el país. Fueron sus primeros colaboradores los doctores Eduardo Durán Gómez y José Luis Ramírez León con quienes desarrolló un trabajo sobresaliente, que le valió recibir una mención especial por periodismo investigativo del Premio Nacional  Simón Bolívar el 13 de noviembre de 1982. Desde 1979 mantenía su columna 'Vía Libre' que fue la más leída del diario en su época y en la cual con gran valentía y sin tapujos, ni censura llamaba a las cosas por su nombre y sin ninguna claudicación enfrentó siempre todos los problemas de corrupción, de protección de los derechos humanos y de defensa de la comunidad santandereana.

Por su columna crítica, mordaz en ocasiones, que escribía dos veces por semana en Vanguardia Liberal se hizo acreedora al premio Simón Bolívar a la mejor columnista del país en 1987, galardón que recibió de manos del escritor venezolano Arturo Uslar Pietri. Fue, además, columnista de El Espectador y de la revista Cambio durante varios años. Posteriormente, asumió la dirección de Vanguardia Liberal luego del atentado terrorista contra el periódico en 1989. Desde hacía varios años nuevamente había fijado su residencia en Bucaramanga.

Como escritora e historiadora le deja a Colombia y América Latina una extensa obra en la que destaca su pluma y su capacidad como investigadora. Algunas de sus obras son:

¡Viva Cristo Rey! (1991). Vida mía (1994). Sabor a mí (1995). Los García Márquez (1996). De la caída de un ángel puro por culpa de un beso apasionado (1997). De parte de los infieles (2001). Soledad, conspiraciones y suspiros (2002). La mujer que sabía demasiado (2006).  

Además, un manuscrito titulado ‘Un mal asunto’, en el que reconstruye el asesinato de Marta Catalina Daniels, ordenado por su propia hermana, que está a la espera de ser publicado.   

Y en coautoría con Alberto Donadío, Colombia Nazi (1939- 1945), escrito en 1986 y El Jefe Supremo (1988).

Silvia Galvis Ramírez deja dos hijos, Alejandra y Sebastián, director de Vanguardia Liberal desde el primero de enero de 1996, de su primer matrimonio con el ingeniero Gerhard K. Hiller Brauer y tres nietos, Mariana, Sofía y Sebastián Hiller Zafra, quienes eran su adoración y felicidad para sus días de retiro. Ella aseguró en alguna ocasión que su papel de abuela era el mejor que había desempeñado en su vida.

En  segundas nupcias se casó con Alberto Donadío Copello, quien con Daniel Samper y Gerardo Reyes, dirigieron la unidad investigativa de El Tiempo por mucho tiempo. Durante 26 años con Alberto, periodista nortesantandereano, fueron inseparables compañeros y con una afinidad única por la investigación y la producción de libros sobre temas relevantes de la historia nacional y los distintos personajes del país.   

En 2007, Silvia lideró y fue una de las firmantes de la carta de los artistas e intelectuales por la paz de Colombia, para presionar el fin de la guerra mediante una solución política negociada.  

Ante su partida queremos hacer llegar nuestro profundo sentimiento de pesar a su esposo, Alberto Donadío, a sus hijos, Sebastián y Alejandra, nietos Mariana, Sofía y Sebastián, y a sus hermanos Hortensia, Alejandro y Virgilio Galvis Ramírez.


La Silvia que yo conocí


Eduardo Muñoz Serpa / Vanguardia Liberal

Para los que a comienzos de los años 60 del siglo XX entramos a la adolescencia en la Bucaramanga de Cabecera del Llano, cuando la ciudad luchaba por copar la parte oriental de la meseta, quienes estudiaban en el Colegio de La Presentación eran parte de nuestras vidas pues un porcentaje grande de nuestras amigas y familiares eran alumnas de tal plantel. Por eso desde entonces nos familiarizamos con la vida y los logros de Silvia Galvis y fuimos testigos de cómo no hubo medalla de alumna sobresaliente de su curso que no hubiera lucido en su pecho.

Silvia fue una mujer de personalidad definida, modesta y de carácter altivo desde la adolescencia. Su madre, Alicia Ramírez de Galvis, le compraba  adornos y prendas de vestir muy finos, pero ella, alérgica a todo lo que fuera oropel, le fascinaba vestir de blanco y no usar adornos ni nada que la hiciera resaltar frente a las demás.

Después la reencontré en Bogotá, cuando ella estudiaba Ciencias Políticas en la Universidad de los Andes. Más de una vez tuvimos largas charlas sobre política y literatura ya en las cercanías a los Andes, a la entrada de conferencias y de obras de teatro o en diversas actividades culturales de esa que fue la más fecunda época intelectual de la segunda parte del siglo XX.

Entre Silvia y yo hubo una amistad franca, afectuosa, que se estrechó porque en época de vacaciones ocasionalmente coincidíamos en los corredores y cuartos de labores de la vieja casona de la calle 34  donde se escribía y editaba Vanguardia Liberal, yo llevando ladrillos de textos que por generosidad intelectual del doctor Galvis Galvis me eran publicados ocasionalmente en Lecturas Dominicales y ella, con su enorme lucidez, sin bombo alguno, aprendiendo el oficio que llevaba en su sangre.

Silvia fue ajena a todo lo que fuera relumbrón. Se sentía incómoda a rabiar al tener que hacer actividades de la vida de sociedad y no cambiaba su tranquilidad y el compartir con el pequeño círculo de amigos con los que se identificaba en su visión del mundo por nada que le pudieran ofrecer.
Era feminista, aguda observadora, solidaria, paladeaba la buena literatura, tenía el reloj biológico invertido y hacía de la noche día, por lo que no era de extrañar que invitara a desayunar al filo del medio día o a almorzar mediando la tarde.
A ella y a mí nos identificó mucho algo: degustábamos a plenitud el ser libre pensadores y el producirnos urticaria el boato, las dignidades postizas y el incienso.

Si me preguntaran a quien de mi generación escogería como la mujer de perfil más definido por ser feminista, independiente a rabiar,  inconforme con todo lo que fuera ortodoxia, altiva, modesta, sin titubear diría que Silvia Galvis. En este instante aún veo sus agudos ojos negros y la hermosa sonrisa con que marinaba sus más filosos comentarios. Ojalá retenga esos rasgos de ella por siempre.

reacciones
Consternación nacional


Enrique Santos

Consejero de Contenido de la casa editorial El Tiempo y presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP.
'Conocí a Silvia Galvis, estimé y admiré su trabajo. Su muerte es una pérdida para el periodismo investigativo de Colombia. Silvia deja obras muy significativas en la investigación histórica de episodios importantes de la vida nacional. Lamentamos profundamente su muerte'.

Eduardo Durán
Ex codirector de Vanguardia Liberal


Cinco términos podrían definir a Silvia Galvis: Inteligencia, disciplina, honestidad, carácter y lealtad a sus principios. Formada bajo la sombra tutelar de su padre, Alejandro Galvis Galvis, a quien admiraba profundamente, fue moldeando su acerbo conceptual en la academia con una rigurosa capacitación. Se impuso desde el comienzo de su vida profesional ser una periodista y escritora con un profundo sentido de la responsabilidad, alejada de cualquier pretensión personal y sólo dando cabida a lo que su consciencia le dictara. Así fue como siempre se mostró, sincera, combativa, estudiosa y con una profunda capacidad de raciocinio que la llevaban a señalar las cosas con su nombre, sin temor a ninguna consecuencia. Era una inteligencia de un enorme contenido, en donde el carácter sobraba y la razón hablaba. Su legado queda en cada uno de sus escritos y su enseñanza debe servir al periodismo colombiano, como un ejemplo de responsabilidad y de valor. Tuve el privilegio de trabajar a su lado y de aprender una lección fundamental para mi vida. Su partida causa un enorme dolor y el vacío que deja difícilmente podrá ser llenado.

Horacio Serpa Uribe
Gobernador de Santander


'Expreso a los familiares y allegados a Silvia Galvis Ramírez, al periódico Vanguardia Liberal  y a todos sus lectores y admiradores mi sentimiento de condolecida por su sensible fallecimiento, que nos duele a quienes la conocimos y elogiamos sus importantes valores personales e intelectuales. Silvia fue una importante escritora del país que superó los linderos de Colombia. Fue una gran periodista y así lo demostró cuando fue directa de Vanguardia Liberal. Fue una cronista de primera categoría, una escritora fluida, una excelente historiadora y novelista'.       

Fernando Vargas Mendoza
Alcalde de Bucaramanga


'El arte de buen escribir está de luto. Santander y Colombia perdieron a una de sus mejores escritoras y periodistas. Me solidarizo con la familia Galvis Ramírez y con Vanguardia Liberal'.

Isabel Ortiz
Directora de la Fundación Mujer y Futuro y columnista de Vanguardia Liberal


'Estoy profundamente adolorida con la partida de Silvia Galvis. Nos unía una amistad de más de 20 años. Soy columnista de Vanguardia Liberal porque Silvia me hizo la invitación en 1989. El país perdió a una gran persona comprometida con las causas sociales, a una excelente escritora y a una periodista ejemplar. Sus textos, analíticos, críticos y profundos abordaron los problemas más graves del país. Las nuevas generaciones del periodismo de Santander deben reconocer a Silvia Galvis como un ejemplo a seguir'.

Jairo Puente Brugés
Columnista de Vanguardia Liberal


'Lamento la muerte de Silvia Galvis Ramírez. La conocía hace 30 años y desarrollamos una profunda y sincera amistad. Puedo decir que ella fue mi maestra. Empecé a escribir siguiendo su ejemplo. Sus textos influyeron notablemente en mi redacción. El periodismo del país perdió a una de sus más notables exponentes'.

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