martes 12 de noviembre de 2019 - 4:44 PM

“Hay una magia especial al programar”

A propósito del regreso del Teatro Santander, el arquitecto bumangués Juan Camilo Rueda charló con el programador del lugar sobre su trabajo y la construcción de una nueva agenda cultural en la ciudad.
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El 26 de abril de 2019 el Teatro Santander revivió luego de casi 20 años de abandono y hoy este se proyecta como el escenario más importante de la región.

Desde su reapertura, los bumangueses han encontrado una programación con espectáculos de primer nivel y detrás de esta curaduría se encuentra Santiago Gardeazábal, un bogotano fundador de importantes espacios de circulación musical a nivel nacional como El Anónimo y Nova et Vetera.

Ha trabajado además para escenarios tan relevantes como el Teatro León de Greiff y el Teatro Colón en Bogotá. Su trabajo, desde hace años, ha sido fundamental para fomentar el intercambio entre artistas internacionales y colombianos.

Hablamos con él sobre su trayectoria y la importante labor que ha liderado en el Teatro Santander.

Hace muy poco tiempo el teatro Santander era un edificio abandonado, ¿qué mensaje cree usted que recibe la ciudadanía al ver convertido su teatro en una ruina?

“Algunas generaciones escasamente reparaban hace 10 años en que en la esquina de la 33 y la 18 en Bucaramanga, se encontraba El Teatro Santander. Para otras generaciones, naturalmente, estos lugares que habitaron, en los que vivieron y del cual tienen aún recuerdos entrañables, siempre estuvieron vivos. La primera cualidad de la ruina, es no reconocerla como tal, hay que descubrirla. Quizás nunca haber perdido las letras de su nombre en su fachada fue la razón que lo salvó del olvido y lo trajo nuevamente a la vida, a pesar de estar completamente deshecho por dentro. En este caso, la ruina estaba incorporada en el proyecto de la renovación, y siento que era necesario establecer una relación entre lo memorial y lo inmemorial para acceder a ambas generaciones y rescatar el Teatro.”

Ahora, revivirlo da otro claro mensaje. ¿Cómo lo interpreta?

“Se pueden destruir las cosas materiales, se puede destruir una ciudad, romper sus calles, echar abajo sus construcciones, pero la memoria de las personas es más difícil de deshacer. Y si estas personas pueden volver a estos espacios, podrán también revivir las costumbres de las personas que los habitaron, pienso en una especie de urbanismo trans-histórico que nos permite recordar incluso lo que nunca vivimos. Es una extraña perspectiva de reinvención, pero también de cultura que gira sobre sí misma.”

Usted está en permanente movimiento, viaja constantemente y tiene un panorama que le ha permitido interactuar con artistas de primer orden a nivel mundial. ¿Cómo llega usted a Bucaramanga?

“A Bucaramanga llegué invitado por el Instituto de Cultura cuando traje unos artistas de Francia y de Bélgica a presentarse en la capilla del Centro Cultural del Oriente y en una piscina abandonada respectivamente. No eran artistas muy conocidos, pero sí de gran calidad. He aprendido que los grandes artistas son los más curiosos. Entonces es maravilloso hablar de música con un pintor o de literatura o pintura con un compositor. Estoy convencido que la frontera entre las artes es cada vez más tenue y que más allá de diferentes disciplinas se esconde una búsqueda que no debe limitarse ni a un género ni a un arte específico.”

La entrevista fue realizada por Juan Camilo Rueda, arquitecto bumangués con estudios en artes plásticas de la Universidad de los Andes, quien ha seguido muy de cerca la programación del Teatro y la trayectoria de Santiago durante estos 15 años. (Foto: Suministrada/VANGUARDIA).
La entrevista fue realizada por Juan Camilo Rueda, arquitecto bumangués con estudios en artes plásticas de la Universidad de los Andes, quien ha seguido muy de cerca la programación del Teatro y la trayectoria de Santiago durante estos 15 años. (Foto: Suministrada/VANGUARDIA).

El funcionamiento de un teatro es bastante complejo. ¿Cuéntenos de que se trata su labor como curador?

“Es justamente interesante pensar en el título. Curador, programador... Un teatro como todo espacio que acoja público es un espacio vivo. Por ende hay contacto más y menos cercano con el espectador. Yo tengo un contacto con el público que podría llamar indirecto. Pienso en el público muchísimo, claro, pero no lo recibo en el Teatro, no lo acompaño a su silla, no le vendo una boleta, no le ayudo a subir o a bajar una escalera. Pero me pasa lo mismo con los artistas, tampoco estoy con ellos todo el tiempo. Es un trabajo solitario que muchas veces no se sale tampoco de una hoja de cálculo y mucho papeleo. Aún así hay una magia especial al programar. Hay un instinto, un diálogo con colegas y programas, hay pistas que se siguen y se ordenan con una especie de instinto especial.”

Ha sido evidente que el teatro a través de su escenario ha querido dar cuenta del momento histórico del país...

“Todo momento es histórico. Sin embargo sIento que tenemos una mayor responsabilidad ahora, que se necesita más de nosotros en medio de estos momentos trascendentales para Colombia y el continente. Siento que se ha llegado a un extremo y que desde nuestras labores tenemos todos que encontrar la forma de hacer pasar un mensaje, un discurso. Las programaciones artísticas o las curadurías no pueden ser la excepción. Es importante que podamos estructurar un panorama del mundo y fortalecer el criterio de nuestros visitantes, exhibiendo espectáculos de calidad, pero también coherentes con nuestra actualidad. Decidir abrir la programación con un grupo como C4 de Venezuela, o traer a la Orquesta Batuta de fronteras son claramente declaraciones que buscan sensibilizar sobre una realidad que nos es próxima, pero que parecemos querer ver con los ojos hinchados de rabia.”

¿Qué particularidad encuentra en los artistas locales?

“Tuve la oportunidad de compartir en Francia el encuentro de dos artistas santandereanos, uno que vivía desde hace varios años fuera del país y se movía por Europa fácilmente y otro al que la idea de salir de su casa le causaba ya una cierta incomodidad pero se movía por Colombia con destreza. Quizás de ahí, podría decir que veo a los artistas locales tan aferrados a sus tradiciones y sus historias locales como a su carácter y su temple a pesar de vivir tan alejados. Ambos perfeccionistas y entregados y ambos focalizados en el desarrollo de una técnica como punto de partida para la creación de un propio género. Ambos muy creativos y siempre orgullosos de su origen.”

¿Como hace el curador para estructurar una propuesta consciente del lugar y momento, que finalmente convoque la mayor cantidad de espectadores?

“No pienso que el objetivo final sea convocar una mayor cantidad de espectadores per se. Aunque parezca que se persiguiera una fórmula mágica o que el resultado final fuese que el evento “funcione”, es pertinente preguntarnos por cuáles son los verdaderos objetivos que perseguimos cuando programamos cada espectáculo y en qué contexto. La sostenibilidad de un Teatro en nuestra sociedad es peligrosa y también peligra... Es peligrosa porque si estamos más pendientes de que produzca resultados contables, perdemos de vista la importancia de la cultura como generador de resultados efímeros como buenos recuerdos, o vivencias formativas y cívicas que aportan a la convivencia en comunidad. Y peligra porque depende de la voluntad política su permanencia y no un nuevo abandono.”

¿Qué le gusta de la ciudad, qué potenciales encuentra en ella?

“Me gusta de Bucaramanga que puede leerse como una ciudad universitaria, pero también vivirse como una ciudad que privilegia y no olvida los oficios. Su potencial más grande es quizás su reto más enorme: ¿Cómo desde su consecuente consolidación como ciudad sostenible va a integrar a nuevos inmigrantes y va a saber utilizar su conocimiento para descubrir nuevamente la riqueza de su tradición? Estoy convencido de que cuestionar las convenciones de su propia cultura es un ejercicio importante para consolidar una identidad. Es por eso que desde el Teatro Santander fomentamos la colaboración a nivel cultural entre países y actores que puedan no solo brindar nuevas posibilidades estéticas, sino sobre todo traer al escenario nuevas formas críticas de mirarnos a nosotros mismos afuera del Teatro.”

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