lunes 22 de junio de 2009 - 10:00 AM

Íconos locales, ‘congelados’ en la historia

Como testigos mudos de un pasado que se niega a desaparecer entre moles de cemento y piedra, con sentidos extraños para muchos, se ven algunos de los íconos de la capital santandereana, los cuales tiene una gran historia que contar.

En un recorrido hecho por la ciudad, los bumangueses pueden reconocer a varios de los grandes personajes que dejaron huellas o que por sus obras para la humanidad les fue levantado un monumento. Otros íconos son obras de artistas, iglesias y parques que representan grandes acontecimientos. Todos estos símbolos, por fortuna, se mantienen erguidos y dan cuenta de lo que fue la Bucaramanga del ayer.

PARROQUIA DE SAN LAUREANO


Un 1 de enero de 1779 se creó la Parroquia San Laureano. Su nombre de pila exacto es: Chiquinquirá del Real de Minas de San Laureano. El famoso padre Romero fue quien consiguió la campana de la torre parroquial, en 1855. Y un ilustre judío, llamado Gabriel Gómez Cáceres, obsequió el reloj de la torre.

EL OBELISCO DEL PADRE ROMERO


¿Una mentira piadosa?, siembre 10 pepas de café; ¿un mal pensamiento?, siembre 50; y ¿una infidelidad?, ¡a sembrar el bulto completo!

Las anteriores eran tres de las penitencias más ‘duras’ que, desde su confesionario, les imponía el padre Francisco Romero a sus feligreses pecadores.

Así fue que el sacerdote promovió el cultivo del grano, a lo largo del vecindario de la calle 45 de Bucaramanga. Como testimonio y agradecimiento, los bumangueses le rindieron un homenaje al construir sobre esa vía, frente al cementerio central y el otrora hospital de caridad, un parque que por supuesto se llamó así: Francisco Romero.

Su nombre quedó grabado en un gran monumento: el obelisco local.

Vale decir que este es uno de los pocos obeliscos que existen en Colombia y el primero que se construyó en el país. Fue levantado  el 20 de julio de 1910, como celebración del centenario del Grito de Independencia.

Cada uno de sus cuatro lados tiene un significado muy especial. El lado oriental es el tributo que rinde Bucaramanga a los mártires de la independencia; el norte al ilustre presbítero Eloy Valenzuela, amigo y confidente del Libertador; el occidente a los 'sembradores del bien en Santander' y el sur al sacerdote Francisco Romero, quien fue pieza fundamental en el desarrollo de Bucaramanga.

CATEDRAL DE LA SAGRADA FAMILIA


Dicen que la vida en familia es como un largo viaje por mar que nunca acaba y que, por el contrario, siempre tiene muchos puertos para visitar. Hoy, una gran familia bumanguesa, la misma que ha navegado por los océanos de la fe y de la esperanza, tiene bellas cosas por  recordar. Y entre sus recuerdos se teje una historia sagrada, redactada por los fieles de siempre, de esos que han construido su propia familia. Es la historia de la Sagrada Familia, un templo que tiene 112 años al frente de la fe de los católicos de la capital santandereana.

LOS FUNDADORES


Un cruce de caminos, donde se comercializaba con oro; donde los indígenas mandaron por muy poco tiempo, hasta que fueron perdiendo terreno por la acción de los colonizadores; donde los animales de carga paraban a descansar, son los elementos que se unieron para que el Padre Miguel de Trujillo levantara una pequeña casa de paja, que luego fue erigida como una iglesia y que con el paso del tiempo dio vida a lo que hoy es la ‘Ciudad Bonita’. Este momento de la historia, que muchos desconocen, pareciera haberse detenido en la escultura de ‘Los Fundadores’, la cual se encuentra situada a un costado del parque García Rovira.

EL CLAVIJERO


Esta es la escultura de Guillermo Espinoza, algunos escriben su apellido sin la ‘E’. Con ella, el artista local les rinde un homenaje al tiple y al músico José A. Morales. Está situada en el tradicional Parque de los Niños. Este pintor y escultor autodidacta nació en Bucaramanga en 1939.

ESTATUA DE CUSTODIO GARCÍA ROVIRA

Esta es la primera escultura que tuvo Bucaramanga. Le rinde un homenaje a Custodio García Rovira, uno de los héroes de la Independencia. Nació en Bucaramanga y fue fusilado en La Huerta de Jaime, en Bogotá el 8 de agosto de 1816, por orden de Pablo Morillo (español). No sabríamos si él era amigo de las palomas, pero ellas son sus mejores compañeras, tal como se aprecia en esta hermosa imagen, captada en el parque que lleva su nombre. 

 

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