miércoles 22 de noviembre de 2023 - 11:54 AM

Intolerancia: ¿Por qué en Bucaramanga se siguen solucionando los conflictos a los golpes?

En Bucaramanga, según las estadísticas oficiales, se registran 218 casos de lesiones personales por cada cien mil habitantes.
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El video que dejó ver a dos jóvenes protagonizando una riña con cuchillos por motivos desconocidos en la tarde del pasado martes, en la calle 34 con carrera 15, a un costado de la Plaza Central de Bucaramanga, sacó a la palestra el preocupante aumento de casos de intolerancia en la capital santandereana.

Intolerancia: ¿Por qué en Bucaramanga se siguen solucionando los conflictos a los golpes?

Y es que, por citar otro caso aberrante, el pasado 10 de noviembre, en los alrededores del colegio Villas de San Ignacio, al norte de Bucaramanga, varios jóvenes se enfrentaron con machetes y armas cortopunzantes. Según se detectó en un video, uno de los jóvenes involucrados en la pelea se quitó la camisa del uniforme, que usó como escudo, envolviéndola en el brazo mientras se enfrentaba a su rival.

Lo más preocupante es que esa pelea no fue un hecho aislado, según denunció uno de los vecinos de ese sitio, al tiempo que aseguró que a diario ocurren tales grescas en este popular sector.

La verdad es que diferentes grescas se han suscitado durante los últimos meses entre vecinos, estudiantes y demás ciudadanos en los que, de manera desafortunada, los bumangueses se están acostumbrando a resolver sus conflictos “a cuchillo, a golpes y hasta a tiros”.

En muchas ocasiones, son los alféreces los que son el ‘blanco’ de conductores que reaccionan ante un llamado de atención de los uniformados, cuando cometieron alguna infracción. De hecho, este año seis agentes viales han sido golpeados.

Los enfrentamientos, tanto verbales como físicos, han desencadenado en un penoso promedio de seis casos de lesiones personales por día en el área metropolitana; es decir, en lo que va del año, se han registrado 1.944 casos de violencia, producto de peleas, riñas, agresiones y otros hechos entre ciudadanos que derivaron en lesiones o daños personales. Obviamente esa cifra se queda corta si se tiene en cuenta que no todos los episodios se reportan a las autoridades.

Es más, la lista de lesiones personales, para el caso específico de la capital santandereana, reflejó el año pasado una tasa de 218 casos por cada 100 mil habitantes; mientras que el país registró una tasa de 132 por la misma cantidad de personas.

Un dato más preocupante: se calcula que al menos cuatro de cada diez muertes en el área metropolitana nacen de simples peleas, muchas de ellas desarrolladas durante los fines de semana, lo que deja en evidencia los niveles de agresividad entre algunos bumangueses.

¿Qué es lo que sucede?

Intolerancia: ¿Por qué en Bucaramanga se siguen solucionando los conflictos a los golpes?

Para el analista Ricardo Sepúlveda, “Bucaramanga, tal y como ocurre en otras ciudades, está sumergida en problemas sociales como la migración interna, la diversidad cultural y la falta de oportunidades económicas y, a decir verdad, estos son factores que pueden contribuir a la intolerancia y al conflicto en las calles”.

“En la ciudad se respiran tensiones y resentimientos, los cuales aumentan con los problemas económicos, la discriminación y la exclusión social. Todos estos factores son los caldos de cultivo de la fea costumbre de resolver las diferencias a puñetazos o con armas”, añadió.

Obviamente, a juicio del experto, “la falta de educación y la poca conciencia sobre la importancia de respeto mutuo son determinantes en la aparición de casos de intolerancia en las calles de Bucaramanga. La ausencia de programas educativos y de sensibilización en las instituciones educativas y en la sociedad en general puede contribuir a la reproducción de estereotipos y prejuicios, fomentando así la irritabilidad de la gente”.

Lo peor, a juicio del experto, es que estas agresiones, tanto verbales como físicas, generan lesiones y asesinatos, generando un clima de inseguridad y de miedo”.

A su turno, Yani León, experta en temas urbanos, considera que “lo más preocupante es el airado nivel de reacción de los jóvenes ante las diferencias. Ya sea por conflictos familiares, por temas de fútbol, por domino de territorio o por pasiones desbordadas, entre otras causas, los jóvenes están inmersos en un preocupante clima de agresividad. Las intervenciones para controlar y prevenir estos incidentes hacen parte de los frentes de acción de las autoridades, las cuales parecen hacerse los de la vista gorda”.

Y agregó que, “en Santander, los factores culturales tienen un peso significativo. Nuestra cultura se caracteriza por ser brava, pero en el mal sentido de la palabra, y por la existencia de grupos familiares aislados e individualistas. Esta tradición nos lleva a resolver controversias de manera violenta, recurriendo incluso a los insultos y a los peligrosos afanes que dejan las venganzas”.

Reiteró que los próximos gobiernos del área, así como las instituciones educativas y los propios núcleos familiares, están en mora de fijar estrategias serias de prevención y resolución alternativa y constructiva de conflictos, en colaboración con organizaciones no gubernamentales.

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Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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