lunes 11 de enero de 2010 - 10:00 AM

Jéssica ya tiene un nuevo rostro

Como lo soñó alguna vez cuando tenía catorce años y estaba enamorada de un muchacho de la cuadra, ahora Jéssica Valencia podrá mirar de frente al joven que le robe el corazón sin esconderle la cara de la pena.

Jamás pensó que podría pasar debido a su condición de extrema pobreza, que prácticamente la condenaba a una vida llena de dolor por una enorme deformidad que padecía su rostro.

El milagro se hizo en Londres a donde se la llevó la fundación Facing the World, una Ong integrada por los mejores cirujanos plásticos de Europa y cuya misión es ayudar a reconstruir rostros deformes de niños de todo el mundo, especialmente de los estratos y países más pobres.

Cuándo pensó Jéssica, una humilde niña de uno de los barrios más pobres de Medellín, llegaría a Londres y allí un selecto grupo de galenos la atenderían como a una princesa y le reconstruirían su rostro, al que una extraña enfermedad se lo estaba destruyendo.

Pero la vida, en muchos casos, es justa y va compensando dolores.

Y Jéssica, como signada por la desgracia, desde pequeña los tuvo todos. Siendo muy niña su familia debió salir desplazada del campo, cuando la violencia arreció su vereda en Dabeiba.

Con la tragedia a cuestas, el clan se refugió luego en el sector de invasión La Mano de Dios, en Medellín, donde vivieron un tiempo hasta que un día -el 6 de marzo de 2003- las llamas consumieron casi todo el barrio y Jéssica y los suyos -la mamá y tres hermanos- de nuevo quedaron en la calle, sin nada, sin rumbo.

Después vino una reubicación y ellos quedaron con casa en la urbanización Nuevo Amanecer, en Altavista, donde residen en la actualidad, con bastantes estrecheces y limitaciones, pero al menos sin la zozobra del desplazamiento y los incendios.

Pero a la par con esos giros de la vida, Jéssica vivía otra tragedia personal. Un tumor que tenía desde muy pequeña se le fue creciendo. Al principio muy lento, pero luego más rápido. Una masa de carne colgaba del lado derecho de su cara, cada vez con más intensidad, hasta que le fue tapando su ojo derecho, hasta que al final lo perdió.

Paradójicamente muy poco hacían los médicos locales por ayudarla. No era para menos, afiliada a un simple Sisbén nivel 1, nadie le iba a dar trato de paciente de primera a una desplazada de Dabeiba.

Entonces, la enfermedad avanzó. Luego de algunos estudios, se pudo determinar de qué se trataba: Jéssica padecía una Neurofibromatosis, conocida científicamente como Von Reicklinghausen, que tendía a destruirle la cara por completo.

Pero no sólo en lo facial, también en la estructura del rostro. A los 14 años ya le había matado un ojo y el hueso de su pómulo izquierdo estaba caído. Y la masa colgaba cada vez más grande al lado derecho de su cara.

Jéssica estaba destruida, sin esperanzas, sin amor y sumida en el olvido. Aún así, nunca dejó de ir a clases, a pesar de uno que otro rechazo de sus compañeritos y víctima de muchas desi-lusiones.


Una luz se encendió

Nada hacía presagiar que podría salvarse, además porque lo raro y complejo de su enfermedad hacía prácticamente imposible que en Medellín pudiera ser atendida adecuadamente. Sencillo: su mal superaba la capacidad médica de la ciudad. Todo era oscuridad.

Y lo fue hasta que un día su historia se hizo pública.

Entonces se encendieron luces. A la casa de Jéssica llegó el cirujano Fernando Henao Zea, que puso su voluntad, pero poco pudo hacer por ella. Su mal lo rebasaba todo.

Y un poco antes de él apareció Margarita Román, una empleada de Empresas Públicas que se puso como empeño luchar hasta donde pudiera para que esta niña no viera frustrada su ilusión de vivir como cualquier adolescente de su edad.

Buscó, hizo contactos, indagó con médicos, y por internet se enteró de la existencia de Facing the World. Sin saber inglés hizo el modo de comunicarse con ellos, les escribió correos y les anexó la historia médica. Y su esfuerzo dio frutos.

'Cuando me respondieron y la aceptaron, fue uno de los días más felices de mi vida', afirma Margarita.

Lo que vino luego fue muchos intercambios de mensajes y después el milagro: Jéssica viajaría a Londres con su madre Gloria Valencia, ambas con todos los gastos pagos, incluidos tiquetes de avión de ida y regreso, estadía y manutención para ambas y atención clínica en uno de los mejores centros médicos de esa ciudad.

Inicialmente el viaje estaba proyectado para seis meses, pero la estadía se prolongó a 14. El caso de Jéssica era demasiado complejo y requirió más tiempo. Ella y su mamá se fueron a Inglaterra el 28 de octubre de 2008 y regresaron a finales de diciembre de 2009.

Volvieron felices, llenas de esperanzas. Su madre, una campesina tímida, hablando un poco de inglés, y Jéssica plena de sueños, de esperanzas, pero lo más importante, con un rostro, una cara que le permitirá soñar, maquillarse, como a ella le gusta, y llevar una vida normal, educarse y ser profesional.

'Nunca soñé que esto me podría pasar, no sé qué decir, estoy feliz, gracias a ustedes y a doña Margarita, que fue mi ángel', dice Jéssica, que aún sigue casi igual de tímida que cuando partió a Londres. ¡Es que eso va con ella, va por dentro! Margarita la observa y casi no lo cree. Y en su mente se combinan dos sentimientos que le hacen brotar lágrimas: 'La alegría de verla a ella así y la tristeza por la muerte reciente de mi mamá, Luz Marina Ocampo, que también me ayudó mucho con ella, sé que se habría puesto muy feliz al verla'.

Diana Cardona, la hermana mayor de Jéssica, siente una profunda emoción con el nuevo rostro de la jovencita, que ya tiene 17 años: 'Yo ya la veo con muchas ganas de vivir, de salir adelante, se ve más animada, antes era toda depresión, son cosas difíciles de decir en palabras', expresa.

Y recuerda que, 'cuando le sacaron el ojo, me pegué una llorada...'.

Ya no hay que hacerlo más Diana. Ahora Jéssica tiene rostro. Puede soñar. Puede contar que durante 14 meses fue, en Londres, la princesa Jéssica, porque así le decían los médicos de Facing the World. Y puede hacer lo que hacen todas las adolescentes: enamorarse, reír, vivir a plenitud su juventud.


Facing de World

Esta entidad fue creada en 2003 por Norman Waterhouse y Martin Hirigoyen Kelly, dos cirujanos plásticos craneofaciales en el Hospital Chelsea & Westminster. Ellos deciden llevar a los niños al Reino Unido para la cirugía, en lugar de intentar realizar las operaciones con la limitada infraestructura de otros países. Esto permitió también aprovechar los conocimientos de otros aficionados profesionales médicos del Reino Unido. En 2004 se establece una oficina cerca de los hospitales de Londres, donde se realizan la mayoría de las cirugías. La convocatoria para recibir ayuda fue lanzada públicamente el 15 de febrero de 2003 en un fondo de caridad de recaudación con el estreno de la película ‘Solaris’, atendidos por George Clooney y sus co-estrellas.

La organización ofrece un tratamiento para los niños de países pobres que tienen graves desfiguraciones faciales, que tienen importantes problemas funcionales o puedan causar en lo más profundo trauma emocional y psicológico como consecuencia de la estigmatización de la comunidad.

Los niños son evaluados en su propio país, por lo que los doctores pueden determinar si el individuo podría ser ayudado por la cirugía y qué tipo de atención especializada será requerida. Si la evaluación es positiva se hacen los arreglos para llevar al niño a Londres donde recibe tratamiento. El equipo médico dona sus servicios y la caridad se basa en la recaudación de fondos y donaciones para financiar el resto de los gastos médicos, de viaje y alojamiento para el niño y un tutor.

 

lista

Algunos casos tratados:

•    Arianto, un niño de Yakarta: sufrió gigantismo de un lado de la cara causado por neurofibromatosis.

•    Ney, un niño de Camboya: nació con encefalocele (su cerebro salía a la cara a través de un defecto en el cráneo).

•    Zaynab, una niña de ocho meses de edad, de Gaza: tenía paladar hendido y labio leporino.

•    Eyerusalem de Addis Abeba: tenía una malformación vascular.

 

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