domingo 19 de mayo de 2019 - 12:00 AM

La Bucaramanga del ayer, ‘congelada en el tiempo’

Si es de los que le gusta darle un vistazo al ayer de Bucaramanga, esta página le va a interesar. Y no es solo porque crea que todo tiempo pasado fue mejor, sino porque en las letras del ayer realizará un viaje anecdótico que lo sumergirá en una singular nostalgia.
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En lo más alto de la pared, detrás de la puerta de entrada de la casa, usted encuentra el cuadro de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, el auténtico.

El anfitrión, el coleccionista bumangués Norberto Emilio González, tal y como lo hacían nuestros abuelos, mantiene la arraigada costumbre de conservar ese marco divino y entronizado. Incluso le ajustó un bombillo rojo en el centro, señal de la fe que ilumina su hogar.

Si bien él es católico y casi que está en medio de un gigantesco santuario, no escribimos hoy sobre ningún lugar religioso. Sin embargo, sí hablamos de un singular templo llamado: ‘Los Cutes’.

Y se llama así justo porque allí se encuentran todos esos chécheres que hicieron parte de la Bucaramanga de los años 50, 60, 70 y 80.

¡En efecto! Al pasar la puerta de esta casa, situada en la calle 51A No. 31-44 de Cabecera, usted ve de frente un museo que mantiene ‘Los Cutes’ de una época que parece congelada en el tiempo.

¡No son trastos inservibles!

Por el contrario, allí todo sirve aún y está en perfectas condiciones, como si no hubieran pasado los años.

Para Norberto Emilio coleccionar esos objetos del ayer se convirtió en una pasión, casi que es una obsesión. Sus piezas invaluables albergan una cantidad increíble de recuerdos.

Monedas, billetes, postales, figuritas, electrodomésticos, revistas e incluso los famosos pasatiempos de nuestra niñez están en repisas.

Diría que hay medio siglo de historias que nos evocan una Bucaramanga algo extinta, pero que aún está en el recuerdo de todo aquel que sobrepase los 40 años de existencia.

Cada artículo antiguo tiene su espacio y su respectiva ráfaga de remembranzas.

De manera particular conmueve el espacio de los viejos cuadernos que llevábamos a la escuela.

Si bien los que no teníamos mayores posibilidades económicas no podíamos aspirar a los ‘modernos’ Jean Book de aros en los años 80, es agradable recordar los sencillos ejemplares de 20, 50, 80 y 100 hojas de Norma; los de Cardenal, los de El Cid y el inolvidable cuaderno de Modelo.

También nos emociona la sección de las historietas: Kalimán, Memín, Sandokán, Tamakún, Martín Valiente, Arandú y El Santo, por mencionar solo algunas, lo harán añorar esa época en la que uno guardaba la plata del recreo para comprar la edición semanal.

Ni hablar del álbum ‘Amor es...’, el de los años 70. Era increíble ver las estampas de un hombre y una mujer, desnudos pero asexuados, hablando de temas tabú de una manera dulce y romántica.

En ‘Los Cutes’ hay un salón especial para la tienda del barrio, en donde se encuentran los productos que más se vendían en estos negocios.

Una particular característica de esta parte del museo es que se conservan esos empaques que a base de papel, cartón y lata envolvieron productos tales como: los fósforos Rey, las pilas Eveready, los jabones Top y Fab, los cigarros Piel Roja, las galletas Saltinas La Rosa, en fin...

Las marcas emblemáticas de alimentos y bebidas se aprecian allí, incluso con las etiquetas de hace varias décadas. Entre ellas, están las gaseosas Hipinto y Pepsi, la mítica Lechera de Nestlé, la leche de tarro Klim y el caldo de gallina Maggi.

Claro está que hay una sección especial para la Coca- Cola. Se ven desde afiches de campañas publicitarias, botellas antiguas y exóticas, vasos, yoyos, tapitas de todas las épocas, objetos conmemorativos de edición limitada, despertadores y un sinfín de elementos de la que es considerada como una de las marcas más populares del mundo.

Otro espacio especial en este museo es el de los electrodomésticos: se ve la histórica máquina de coser Singer, las planchas de carbón, la lavadora Hoover e incluso las secadoras de pelo de las antiguas salas de belleza.

La lista de reliquias de ‘Los Cutes’ es extensa. La verdad, se necesitarían más páginas para mencionarlas a todas. Lo cierto es que en cada una de ellas hay historias que nos transportan por el túnel del tiempo y nos embadurnan de nostalgia; todo gracias a los rastros que ha venido juntando nuestro coleccionista Norberto Emilio González.

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