domingo 16 de agosto de 2020 - 12:00 AM

La codicia de un asesino en Bucaramanga

Qué hay detrás del crimen de una mujer en Bucaramanga por $2.000 millones. Esta historia consternó al país y lo puso a pensar en qué es capaz de hacer una persona por conseguir dinero fácil. Siga este domingo, a las 10:00 a.m. un capítulo más de Expedientes de Prensa.
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Cuando cruzó la puerta esposado, no lo miró. No quiso levantar la cara. Él hombre de 70 años, impávido, sí lo observó. Estaba sentado en las butacas de atrás. Sobrino y tío volvían a estar juntos.

Nadie estaba preparado para escuchar lo que se diría allí. Una baranda de madera oscura los separaba en la sala.

Permanecían distantes a tan solo un par de metros. El fiscal, el abogado y el juez intervinieron.

Luis José Mantilla Castro, el sobrino, solo se pasaba las manos por la cabeza. Las ajustaba contra su rostro. Las restregaba. Era una pesadilla. Respiraba con tensión.

No respondió preguntas. Durante la audiencia no dijo más que lo necesario. No aceptó los cargos. No obstante, este hombre, que para entonces tenía 39 años, se acercó al micrófono, una vez más, para agregar algo.

- Me entregué para ponerme en paz con la justicia, la sociedad y con Dios.

Su tío, sentado atrás, no dijo nada. Definitivamente no cruzaron miradas. Luis José no prestó la cara. El dolor no le daba tregua. No hubo recriminaciones. La rabia que acechaba por el crimen tampoco se apaciguó. Esta es una historia sobre la ambición y la codicia. Dicen que la ambición está hecha del mismo material con el que se tejen los sueños. Pero tiene una cara más oscura, un pozo profundo llamado codicia. Aseguran que es similar a montar un caballo salvaje. Al principio se cree que se puede controlar, pero luego patea tan fuerte que arroja hasta el mismísimo infierno. En ese infierno estaba justo Luis José Mantilla Castro cuando abandonó la sala del Centro de Servicios Judiciales de Bucaramanga. Era el 12 de septiembre de 2013. Transcurrían seis meses del disparo en la cabeza.

Un anillo

María Antonia Parra Rivera, de 90 años, salió como era su costumbre a caminar. Era una rutina que llevaba de forma periódica. Sus vecinos la identificaban y la saludaban ocasionalmente. La acompañaba su hijo de 70 años. Siempre a la misma hora. Siempre el mismo recorrido.

Ese sábado no fue distinto. Era 23 de marzo de 2013. En la ciudad no se hablaba de otra cosa que el triunfo 5-0 de Colombia frente a Bolivia en las Eliminatorias al Mundial de Brasil. Pero esa tarde la ciudad se acostaría con una convulsiva noticia. Abrebocas de una tragedia que llenó titulares de medios de comunicación en el país. Indignación, palabra que se utilizó para describir lo ocurrido.

La mujer caminaba por la esquina de la calle 44 con carrera 27A, a pocos metros de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. El reloj marcaba las 4:30 p.m. Los dos adultos mayores fueron sorprendidos por un hombre. Portaba un arma de fuego. Apuntó directamente a María Antonia Parra Rivera y gritó:

- ¡Entrégueme el anillo!

Deudas y más deudas

Luis José Mantilla Castro es abogado de profesión. Ocupó cargos como concejal y secretario de Gobierno del municipio de Los Patios, en Norte de Santander. La crisis financiera que para finales de 2012 afrontó Mantilla Castro, quien para entonces adeudaba cerca de $100 millones, lo llevó a buscar en esta localidad dinero fácil con dos sicarios. Allí comenzó esta historia. El destino de un encierro por 17 años y el eterno remordimiento, que lo tomará de las manos hasta el día de su muerte.

“En enero (2013) me reuní con Geovanny Lisandro Castro Rincón, en el municipio de Los Patios, Norte de Santander, y me dijo que me cobraba $6 millones por matarla. Entonces le conté dónde vivía ella, y el restaurante y el Spa al que asistía con frecuencia en el barrio Sotomayor. De ahí viajé a Neiva y me comunicaba con Geovanny por teléfono”. La declaración la hizo Mantilla Castro durante su confesión a la Fiscalía, y que le sirvió para una rebaja del 50% de su condena.

La codicia de un asesino en Bucaramanga

Concretado el crimen dos sujetos viajaron desde Cúcuta a Bucaramanga para realizar los trabajos de seguimiento y establecer las rutinas de María Antonia. Los hombres se hospedaron durante un mes en un hotel localizado en el sector de la carrera 15 con calle 56, en Bucaramanga, y por varias semanas siguieron de cerca a la víctima hasta determinar con certeza su rutina.

Ellos no cometerían el homicidio. Buscarían a dos sicarios. Pero lo primero que harían sería adquirir una motocicleta para ejecutar el crimen. Compraron una moto por $400 mil en inmediaciones al sector del ‘Mercado de las pulgas’. Allí mismo contactarían a quien sería el ‘gatillero’.

Para que se transportaran los sicarios que iban a ejecutar el crimen, los dos hombres que llegaron desde Cúcuta compraron una moto por $400 mil, en inmediaciones al ‘Mercado de las pulgas’.

La huida que dejó pistas

- ¡Entrégueme el anillo!

El hombre reclamaba con su arma un anillo de oro blanco y diamantes que portaba siempre María Antonia Parra Rivera, avaluado en $30 millones. Por sus edades, ni madre o hijo opusieron resistencia. No obstante, el sujeto disparó a la cabeza de la mujer.

El sicario corrió hasta la carrera 27A, donde lo esperaba su cómplice en una motocicleta de color rojo y placa FAQ-81B. Escaparon rumbo sur. Solo avanzaron un par de cuadras porque decidieron abandonar la moto, aún encendida, en la calle 50, en inmediaciones al parque Turbay. En la zona se encontraron dos cascos y dos camisas que los sicarios se quitaron para confundir a la Policía.

Testigos aseguraron que el conductor de la moto caminó hasta la carrera 27 y se ubicó en la parada del Metrolínea, donde se subió a un articulado. El parrillero llegó a la Avenida González Valencia y tomó un taxi.

La historia de una mujer asesinada en un intento de robar un anillo conmocionó a la ciudad. Alertó sobre los altos niveles de inseguridad que se registraban en el área metropolitana de Bucaramanga. Sin embargo, los investigadores de la Policía tenían otra tesis. Si se trató de un atraco, ¿por qué los delincuentes no se llevaron el anillo? Esa fue la primera pista para sospechar que detrás de este crimen no había un hurto. Cuando se conoció la verdad y el actor intelectual del homicidio, no solo la familia de la víctima, sino toda Bucaramanga, se sorprendió.

Falso sicario

Una vez con la motocicleta, que guardaron en un parqueadero del centro, los sujetos regresaron al ‘Mercado de las pulgas’ y tras hacer varios contactos lograron entrevistarse con un supuesto sicario con experiencia, que les cobraba $5 millones por asesinar a la mujer.

“Me citaron al Parque Turbay. Llegué con un amigo y les dije que él era el que iba a manejar la moto. Uno de ellos sacó un celular y me mostró la foto de la señora. También me mostró la foto del hijo de la señora y me dijo que a él no le podía pasar nada. Ese mismo día me llevaron al edificio en el que vivía el objetivo”, relató el supuesto sicario, quien fue contactado como testigo protegido por la Fiscalía.

Los sujetos le entregaron al falso sicario $2 millones y le advirtieron que tenía tres días para asesinar a María Antonia Parra Rivera. Sin embargo, el plazo se cumplió y el crimen no se ejecutó.

Los intermediarios del crimen fueron estafados. Debieron entonces contactar en el Valle del Cauca a un sicario. Esta vez verificaron su historial. Además, prometieron a Luis José Mantilla Castro, no volver a fallar.

$!La codicia de un asesino en Bucaramanga

La muerte

Llegados a Bucaramanga les entregaron la información de la víctima. Le suministraron la moto de color rojo y acordaron que el asesinato sería el sábado 23 de marzo de 2013. También repasaron el plan del supuesto robo del anillo. Así se lo notificaron a Luis José Mantilla Castro, que ese sábado estaba en los alrededores de la carrera 33 con calle 29 esperando la noticia.

“Geovanny me llamó y me dijo que parecía que ya habían hecho la vuelta. Entonces nos encontramos y entramos a una tienda, como a dos cuadras de Megamall. Él me dijo que iba a ir hasta el sitio para ver qué había pasado. Se fue en un taxi. Yo me fumé tres cigarrillos y cuando él regresó me dijo que el asunto estaba ‘caliente’, que ya la habían matado. Nos tomamos como diez cervezas cada uno, perdí la noción del tiempo, me fumé como un paquete de cigarrillos, lloré. Al día siguiente nos fuimos para Pamplona...”.

Las pistas

Los investigadores encontraron evidencias en la motocicleta abandonada en la carrera 27A con calle 50. En uno de los espejos se detectaron unas huellas que resultaron ser las de Geovanny Lisandro Castro Rincón.

Otra prueba fueron las cámaras de seguridad del sector, en donde se aprecia incluso el momento del asesinato. Además de varias horas de grabaciones de llamadas telefónicas interceptadas. Poco a poco fueron identificados los cuatro hombres que participaron en el crimen.

El jueves 20 de junio de 2013 se hicieron efectivas las capturas en Cali y Cúcuta. Los cuatro hombres fueron llevados a audiencia de legalización de captura y luego imputación de los cargos de homicidio agravado en Bucaramanga. Tres de ellos aceptaron los cargos. Uno más, quien disparó el arma, no los aceptó. Los cuatro hombres fueron enviados a la penitenciaría de Palogordo, en Girón.

Para esa fecha Luis José Mantilla Castro ya era prófugo de la justicia. Sus abogados hicieron contacto con las autoridades y se acordó su entrega. El miércoles 11 de septiembre lo hizo ante la Personería del municipio de Pamplona, en Norte de Santander. De allí fue trasladado a Bucaramanga.

En el Juzgado Décimo Penal del Circuito con funciones de conocimiento, en el Palacio de Justicia de Bucaramanga, se cumplió la audiencia de verificación de preacuerdo. El miércoles 12 de febrero de 2014 Mantilla Castro fue condenado, luego de recibir beneficios por confesión.

La Fiscalía informó que Mantilla Castro debía pagar 400 meses de cárcel por el delito de homicidio agravado y 18 meses por el porte ilegal de armas de fuego, es decir 34 años y 10 meses. No obstante, como aceptó los cargos, se estableció que purgará una condena 17 años y cinco meses en la Penitenciaría de Palogordo. El preacuerdo fue validado por el Juzgado Décimo Penal del Circuito, en presencia de la Fiscalía, el Ministerio Público, la defensa del procesado y el abogado de las víctimas. Se tuvo en cuenta, además, según el proceso, que Luis José Mantilla Castro no fue capturado en flagrancia y no presentaba antecedentes penales. Sus cuatro cómplices también fueron condenados.

Richard Larrotta Castillo, sicólogo especializado en salud mental, violencia y farmacodependencia, con estudios en sicología forense, aseguró que en una sociedad que pareciera ser cada vez menos empática, surgen episodios donde las personas están dispuestas a hacer cualquier cosa por dinero.

Una mujer de 90 años, identificada como María Antonia Parra Rivera, fue asesinada de un tiro en la cabeza, mientras caminaba por el sector de Sotomayor junto a su hijo de 70 años, como lo hacía todos los días a la misma hora.

“La codicia sería un rótulo que alberga todo lo que tiene que ver con violencia instrumental. Esta se construye como un modelo de aprendizaje, que le permite al sujeto alcanzar un fin, un logro. Pareciera ser que en este caso tenemos un sujeto que aprendió que a través de la violencia puede alcanzar medios y fines. En este caso, un objetivo netamente económico, donde se ven elementos de empatía muy bajos y existen otros elementos como frustración y resentimiento”.

Cuando Luis José Mantilla Castro cruzó la puerta esposado prefirió no ver a la cara a su tío, testigo del asesinato de María Antonia Parra Rivera. No pudo sostenerle la mirada cuando admitió que ordenó el asesinato de su abuela por quedarse con una herencia de $2 mil millones, representados en certificados de depósito, dinero e inmuebles en Barranquilla y Bucaramanga. Las llamadas ‘herencias malditas’ no son nuevas en la historia criminal del país. Las novelas de horror de personas que asesinan a sus familiares por dinero abundan. Dicen que el remordimiento corta tan bien como un filoso cuchillo. Que habla todos días de los muertos. El arrepentimiento se enquista en la respiración. Se mimetiza con la piel que transpira y no deja dormir. No deja dormir a Luis José. Por más que cierre los ojos, no lo dejará nunca.

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Periodista egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Creo en el poder de la palabra. En escuchar a las personas. Soy cronista, de los que están convencidos que siempre se escribe, no solo cuando se está frente a un teclado y una pantalla. Me gusta narrar historias sometido al indescifrable poder de ellas. La fuerza de lo real. Hago podcast, donde junto voces para relatar esa realidad. Estoy convencido que siempre existimos, mientras alguien nos lea.

@juancarl00s

cgutierrez@vanguardia.com

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