domingo 23 de agosto de 2009 - 10:00 AM

‘La dama del fútbol’ deja las canchas

Doña Omaira Acero Torres fue la fundadora del club DIMOR, por el que pasaron más de 3 mil jugadores. Desde 1978 estuvo metida entre sudaderas a la par de técnicos y conferencistas. Ha sido, sin lugar a dudas, la ‘dama del fútbol’ local.

Y después de más de 3 mil futbolistas que tuvo bajo su orientación, doña Omaira pasó una carta el pasado 26 de febrero a la Liga Santandereana de Fútbol en que ‘llena de nostalgia pero con el recuerdo latente’, anuncia que el Club Deportivo DIMOR también se va. Ver a ‘la dama del fútbol’ metida entre técnicos varones y conferencistas de pizarrón como Reynaldo Rueda y Francisco Maturana, es como encontrar una exótica flor de invierno en el Sahara, como atisbar una cometa extraviada en abril o como un guayo de fútbol refundido en un monasterio.

Pero desde el lejano 1978, metida entre sudaderas y bluyines empezó a consentir a sus niños y después a los niños de sus niños; hizo cursos con la Fedefútbol y con la Asociación Santandereana de Entrenadores, de la cual aún es su presidenta y se llenó de polvo el pelo, los huesos y el alma hasta la fecha de hoy en que su sonrisa le brilla todo el día y se le quiebra la voz.

Aparte de sus 14 hijos, el fútbol es lo mejor que le ha dado la vida.

Cuando llega de la calle está 'con el ego subido' de tantos apretujones, palabras de gratitud, saludos interminables de sus antiguos discípulos, muchos egresados de la Universidad, que le envían con sus herederos chocolatinas acaloradas y calurosas.

En tantos años de rodar por las canchas metropolitanas se ha encontrado de frente con alegrías que le hacen fintas, tristezas que pasan de túnel y sinsabores que se meten de autogol.

Hay algunos colegas que se metieron al partido equivocado y tratan a los jóvenes como rufianes sin salvación, como descastados destinados a las pailas ardientes, sin darse cuenta que son ellos los  esperados por el azufre eterno. Más parecen una ‘constelación de cíclopes’ que maestros sabios y amantes consejeros.

Un gran dolor

Recordaba con este cronista fatalismos de hace veinte largos años, como la imagen por siempre presente de Paulo César Santos, un niño de 12 años de su club DIMOR - Deportistas Integrados al Marco Organizativo Regional- que una alegre tarde de juego familiar en la sala de su casa -de la de él– con sus hermanos y su padre, esta joven promesa con nombres bien brasileños y apellido también, coronó su última ficha de parqués y su grito de ¡Gané! fue su fatal pérdida: una de las fichas que tenía en la boca se atragantó en su tráquea y la asfixia fue irreversible. Con todos los esfuerzos hasta de un médico del sector y de sus allegados, la angustia y el horror fueron la cara presente de la desolación cuando la llama de esta vida se extinguió entre un taxi antes de llegar al puente de Provenza.

Yo que también lo conocí con sus piruetas y malabarismos, todavía me estremezco porque se lo llevó un juego que no era el de sus amores.

Otro pesar, que es una lamentable anécdota – no dejan de repetirse casos parecidos todavía- ocurrió en un juego semifinal de la categoría infantil cuando un antisocial sin remedio, amenazó cuchillo en mano al niño portero del DIMOR porque iba ganando 2–0.

'Tiene que dejarse hacer goles', fue la aberrante petición del degenerado. Terminaron perdiendo y el chico contó lo sucedido muy tarde, por el tamaño del amedrentamiento.

Y es que los chicos de doña Omaira eran la flor de la decencia, al tanto que ella les enseñaba: 'Tienen que ir al partido como si fueran para un baile, bien peinados, con el faldón de la camiseta entre la pantaloneta y las medias arriba bien estiradas'. De modo que una criatura tan bien amoldada tenía que despeinarse por el pavor de un arma de doce pulgadas y la presencia de un malandrín salido de una alcantarilla. Cosas del antifútbol que siguen vigentes.

Sus torneos navideños

Su solidaridad se manifestaba en los torneos que organizaba en Navidad, en la desaparecida cancha de la Concha Acústica.

Con desfile inaugural y toda la parafernalia de balones, camisetas, mascotas y pitos se presentaban desde Américo Montanini con la Lotería de Santander, la Escuela Zubeldía, Sotorama, Facopi y hasta Vanguardia Deportiva.

Entonces se iba de empresa en empresa, totuma en mano y costal al hombro para darles regalos a los participantes y sobre todo para el Campeonato Valores Humanos que duró 14 años adonde se llevaba a los niños zorreritos de la plaza Guarín, les daba uniformes y obsequios de empresas como Coca Cola , Ponqué Ramo, Papelería América y Calzado Bettiny. En fin una fiesta de inculcación de valores.

'Si algo le debo a la vida es haberme dado una maravillosa oportunidad de servir a la juventud y a la niñez y a quienes fueron mis alumnos esculpiré dentro de mi corazón el rostro de cada uno de ellos porque los nombres ya no seré capaz. Que Dios los bendiga. Me impulsó saber que dentro del fútbol podía encontrar lo que siempre me ha gustado hacer: enseñar y servir. Fue tenaz el comienzo al pisar un terreno exclusivo para el hombre y con el agravante de ¿qué puede hacer una mujer?'.

Su fútbol lírico con módulos de 4-3-3, sus tácticas, sus estrategias y la transición, ese sistema difícil para hacer el veloz paso de lo defensivo a la ofensiva y viceversa, con movimientos repetitivos en los entrenamientos le fueron abriendo un espacio de reconocimiento hasta en el fútbol nacional.

Por ahí andan sus fotos con León Londoño Tamayo, el inolvidable fumador de tabacos y Presidente de la Federación Nacional de quien se decía que 'érase una vez un hombre a un habano pegado'.

Francisco Maturana también la acompaña en esos registros gráficos que me muestra orgullosamente de lejos y luego de cerca con el Cuca Aceros. Feliz y radiante.

Su vida doméstica

Esta dama que va a misa diariamente si en las madrugadas no llueve, a las cinco de la mañana está por los alrededores de su casa grande y luminosa haciendo ejercicios fuertes, suaves o aeróbicos.

Recibe las visitas de cualquiera de sus veinte nietos o se va para su pequeña finca por los lados rurales de los tanques del Acueducto y allá relaja más su generoso espíritu revolcando abonos orgánicos a sus sembradíos que parecen equipos de fútbol; sus repollos con su uniforme verde claro; sus lechugas de verde oscuro, sus pimentones de rojo intenso; sus tomates pintones anaranjados, sus limones amarillos y quién sabe que injertos e híbridos se inventará para que  brote el infaltable azul.

Tal vez allí, como a los niños que tanto quiso y que tanto quiere, verá brotar del almácigo las plántulas que un día sembró con tanto amor y que luego le darán los frutos que recogerá con su  mano amplia y generosa.

Doña Omaira: gracias, como dirían sus miles de discípulos, gracias por el hermoso juego que ha sido su vida.

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